acoso escolar

Era un tormento ser yo, la gente me miraba como si yo fuese una enfermedad contagiosa, escuchaba cosas como “Alejémonos, ahí viene el raro”. Tuve pensamientos suicidas a una temprana edad, creo que exactamente comencé a experimentar esta clase de tortura a los 8 años, fue realmente horrible porque yo amaba la vida, pero conforme fui creciendo la fui odiando, a un punto que todo esto se tornó demasiado oscuro y sin salida, fui encerrándome demasiado en mí hasta que después no supe cómo salir. Odiaba ser como era, me ponía frente al espejo y sólo veía mucha grasa, aunque los huesos, según los demás, estaban atravesando mi piel. Recuerdo que, en más de alguna ocasión, llegaba llorando a mi casa, me encerraba en mi cuarto y ponía música alta y entonces gritaba, era mi único espacio de libertad en donde podía decir las cosas que me dolían, pero sin que los demás se dieran cuenta, porque la música se las tragaba, no dejaba que pasaran a oídos de los demás. La música fue mi único y mi más fuerte refugio; día, tarde y noche, me dormía llorando y amanecía con miedo de ir a la escuela, los maestros fueron demasiado crueles conmigo también, lo sabían, ellos lo sabían y no hicieron nada para detenerlos. Todo el mundo parecía estar en contra de mí, en contra de un niño que solamente quería ser feliz, pero que una maldita y sucia sociedad impidió que lo fuera. Yo moriría por decir que mi infancia fue jodidamente increíble, pero no fue así, realmente fue un maldito tornado que me arrebató todas las posibilidades de ser feliz.

No entendí el porqué en el momento, pero el tiempo me dio la mejor de las respuestas: era diferente, mientras que ellos tenían una lucha constante por dejar de ser iguales.

—  Benjamín Griss

Querida Ana, recuerdo aquella vez en la que me contaste que le tenías miedo a las alturas y que el amor para ti significaba dolor, que nunca habías tratado de entablar una conversación formal con la felicidad, que nunca habías hecho tratos para que se alejaran de ti esos pensamientos que te atormentaban todas las noches, a un punto que perdías la cabeza y gritabas hasta quedar afónica. Y yo te respondí que ojalá un día te quedaras afónica de tanto cantar, que te cansaras pero de tanta felicidad, que el único color rojo de tus ojos fuese el de tanto llorar riendo.

    Querida Ana, tu recuerdo aún sigue viviendo dentro de mí, tú para mí no estás muerta, estás aquí, al lado del corazón, donde suelen estar los recuerdos más preciados de esta puta vida. Hoy no he podido dejar de pensar en ti, de cómo la gente fue tan cruel para hacerte sentir esos sentimientos. Estoy triste, Ana, me duele que no estés aquí, compartiendo conmigo el día a día. Echo de menos llamarte cada noche para decirte que eres la mejor persona que nunca he encontrado en ningún otro lugar. Echo de menos todo lo que un día fuiste, todo lo que me hiciste sentir, esas conversaciones de madrugada hablando sobre lo dura que es la vida y motivándonos mutuamente para seguir adelante. Una noche me confesaste que tenías miedo de que el nudo en la garganta terminara de ahorcarte y no tener tiempo para realizar tus sueños. Ahora me parto al leer las antiguas conversaciones que tuvimos desde que intercambiamos los números de teléfono. Yo te pregunté que cuál era tu mayor sueño que tenías y tú me respondiste que era mudarte a Nueva York y ser la estrella de Broadway. Ahora me rompo al leer cada uno de tus mensajes, aún guardo tu número, no sé por qué tengo miedo de borrarlo.

    Querida Ana, nos faltaron muchas cosas por hacer juntos. Nos faltó ir a California, saltar de un avión, subirnos a la montaña rusa de la que tanto habíamos hablado, porque querías vencer el miedo a las alturas y yo te dije que estaba dispuesto a vencerlo contigo. Nos faltó, entre muchas cosas, vernos triunfar en el mundo, ya no estás aquí para ver el día en que mis sueños se hagan realidad y yo tristemente no alcancé a verte en Broadway. Es triste hablar de ti en tiempo pasado. Escribo tu historia con el único propósito de transmitir el mensaje por el que tanto he luchado: “Piensa antes de hablar, porque las palabras son balas”.

    Querida Ana, nos separa un abismo y nos une nuestra historia. Ese puente que construimos para que pudiésemos pasar siempre que nos sintiéramos solos, hoy me siento así, por eso estoy escribiéndote. Hasta el día de hoy no he sabido vivir sin tu presencia, no he podido acostumbrarme a vivir con tu ausencia. Las noches son frías y solitarias, los días han perdido ese toque de luz que tenían cuando te veía sonreír, aunque fueron pocas las veces en las que te vi sonreír de felicidad, las demás veces eran un disfraz para engañar al resto.

    Querida Ana, un día llegaste llorando y me abrazaste, dijiste que no eras un estándar de belleza y yo te dije que esta sociedad de mierda no está lo suficientemente humanizada para hablar de belleza. Que tú eras preciosa, por encima de cualquier comentario absurdo. Que tú merecías el cielo y a sus estrellas. Que tú eras la estrella más brillante de todo mi cielo.

    Y un día decidiste ser fugaz.

—  Benjamín Griss
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Olivia Penpraze

1993 - 2013

Una historia hecha infierno
Esta es la historia que nunca quise contar a nadie, hasta el día de hoy. Comparto la triste y dolorosa historia sobre el acoso escolar.  Todo pasó desde el primer día de escuela, la maldita primaria, todos mis compañeros comenzaron a mirarme de una forma diferente, se reían de mí, mejor dicho: se burlaban de mí. En los primeros 6 años comenzaban a tirarme los cuadernos a la basura, cuando me sentaba (debo aclarar que entonces era un chico gordo), todos se levantaban, se burlaban sobre mi peso, hacían chistes crueles sobre ello, a veces me reía con ellos con una risa nerviosa. Llegaba a casa sin ganas de hacer nada, sólo de estar en mi cuarto todo el día encerrado, escuchando música deprimente y triste, mis padres trabajaban y no se daban cuenta de ello, así que no tenía que preocuparme por eso, sólo de esas personas que tanto daño psicológico me hacían. Encontré una libertad preciosa en la música, mi mundo era la música, la música era lo único que me acompañó en ese tormento. Crecí con tendencias suicidas, conocí el dolor a tan temprana edad. Crecí, 12 años exactamente, nuevo ciclo de escuela, nuevo ciclo en mi vida, nuevas experiencias lamentables para contar. Entonces fue donde todo comenzó a ir de mal en peor, ya no era solamente daño psicológico, ahora comenzaba el daño físico. Comenzaban a tomarme como “pasa la bola”, me empujaban de un lado a otro, estando en el suelo, me pateaban. Me gritaban cosas como “Maricón, muérete y hazle un favor al mundo”, “Rata apestosa”. Luego se iban, y me quedaba un buen rato escondido en el baño, a veces me pasaba lo que duraba parte de la mañana escondido en el baño, pero esas veces también eran las horas más difíciles en mi vida, llegaban unos cuantos y cerraban la puerta, unos se quedaban vigilando por si llegaba alguien y los encontrara en aquella situación, mientras que los otros me sujetaban y comenzaban a darme puñetazos en mi estomago. Entonces comencé a entrarme a un mundo de oscuridad, lleno de cosas oscuras, me gustaban las tendencias emo, llegué incluso a pensar en mi muerte, a planear mi propia muerte. Algo que nunca olvidaré es cuando el profesor que me daba educación física comenzó a hacerme acoso también, me decía cosas como “Ve a la cancha, que tienes que bajar esa grasa”. Y todos comenzaban a reírse. En la clase de educación social, un día me echaron bello púbico en mi cabeza, esta vez no me quedé callado, pero hubiera preferido quedarme callado, porque fui a decirle al profesor y a él pareció no importarle, incluso entre risas, me dijo: “¿Y qué quieres que yo haga? Ve, y pégales”. No hice nada al respecto, sólo me fui a sentar  en silencio y me puse a escribir muchas veces: “Odio esta maldita vida, me odio”. Llenaba cuadernos escribiendo sobre las cosas que me dolían. En el último año antes de entrar a una carrera, comenzaba a faltar muchos días al colegio, incluso semanas. Ponía excusas a mis padres como: “Hay acto cívico, no haremos nada” o “Estoy enfermo”. O cosas similares. Reprobé todas las materias, sólo aprobé educación musical con 60, siento que el profesor me ayudó al respecto. La única, las 11 restantes, reprobadas. La humillación que me hizo pasar el profesor de educación física para la recuperación: poniéndome a correr en toda la escuela, mientras los demás se reían de mí. Yo ya no quería nada, ya no esperaba tampoco nada de la vida. Sólo eran días más en mi vida, días que me hubiese gustado no tener en común con otras personas. Creí que la historia había terminado ahí, pero continuó después. Y así se fueron escribiendo páginas de ese tipo en mi vida. Llegué a escribir una carta de suicidio, donde confesaba todo y el odio que tenía hacia la sociedad, el rencor conmigo mismo por sentirme diferente, tenía puesto el nudo en mi garganta, a punto de tener los pies sobre el aire, pero fui cobarde (al menos eso pensé en ese preciso momento), no lo hice. Me puse a llorar como aquel que ya no espera nada de nadie, ni siquiera de sí mismo. Luego comencé a hacerme daño a mí mismo. Quemé la carta.  Tengo cicatrices en mis brazos que me recuerdan que lo vivido fue real. El pasado fue real.  El dolor fue real.  Odié ser diferente al resto, odié la idea de ser raro, me odié por ser quien soy. Odié a muchas personas y deseé mi propia muerte. Lo único que me mantenía de pie era saber hasta dónde llegaría en esta vida. Soy ambicioso cuando a eso se refiere, me gusta ambicionar la libertad, el sentirme tan libre donde no necesite alas para volar, solamente imaginación. Amaba mis sueños, eran mi fuerza y los que me mantenían de pie. Ahora entiendo que ser raro es una virtud, que muchos quieren aparentar serlo, pero hay una enorme diferencia entre ser raro y sentirse raro. Yo me siento raro, me he sentido así durante toda mi vida, antes lloraba por ello, pero ahora es lo que me hace salir adelante. Ahora sigo luchando con y por mis sueños americanos. La imaginación, mis dedos y mi voz son mis alas.
Saludos, esta es mi historia.
  • Saludos, mi nombre es Angela Marie. Les estaré contando mi historia. Sé que a muchos no le va a interesar. Quiero desahogarme por medio de esta red social; tumblr.

Sé que antes de Yo nacer junto con mi hermana gemela, mi familia tenía problemas en comunicarse. Mi padre siempre tenía manía con mi hermano mayor, Antes de yo y mi hermana gemela nacer mi padre discutía y abusaba físicamente a mi hermano mayor que a ese tiempo tenía solo 4 años. Entre esos problemas, también mi padre abusaba físicamente y verbalmente a mi madre. Incluso, cuando mi madre estuvo embarazada de mi hermano mayor,  el atropello a mi madre contra el piso estando embarazada. De todos modos, les sigo contando. Después de todo, mi madre estaba embarazada de mí y mi hermana gemela. Recuerdo teniendo muchos problemas en mi casa, Y a pesar de estar escuchando gritos cada noche, siempre trataba de ignorar ya que era una niña pequeña.  Huía de los problemas en mi casa, me iba con mi hermana gemela a jugar y disfrutar de mi niñez. Mi hermana gemela siempre me hacía olvidar de todo lo que yo trataba de huir.  Recuerdo que no teníamos mucho dinero, había días cuando mis padres a veces no podían pagar la luz, quizás hasta el agua. Después de un tiempo mi padre ahorro dinero, lo guardo en el banco, dejo tiempo pasar hasta obtener el dinero suficiente para comprar una casa, nos pudimos mudar a una casa de dos piso, bastante grande. Pero todavía, seguían los problemas. Los problemas comenzaron a ser peores, las discusiones eran más fuertes. Llego el momento que los vecinos estuvieron preocupado por las largas discusiones en las noches y peleas, y tomaron acción y llamaron la policía. La policía llego aquella noche, mi familia no podía creer que habían llamado la policía, quedaron estupefactos. En resultado a eso, ellos les mintieron a la policía sobre lo que estaba ocurriendo en casa. Pero la policía sospechaba todavía, les aviso a mis padres que iban a estar velando la casa por unos días por si veían algo raro o fuera de lo normal. A pesar de todos mis problemas en mi casa, aprendí a acostumbrarme. Al yo tener los problemas que tenía prácticamente cada día, eso no cambiaba mi estado de humor. Realmente nunca estuve triste por lo que estaba pasando en mi casa. Por su puesto, era bastante joven cuando estaba pasando todos esos problemas en mi casa. Años se fueron, fui una niña feliz, siempre con una sonrisa que iluminaba el mundo, con muchas amigo/as. Sin darme cuenta, todo cambio de bueno a horrible. Me cambiaron de escuela, de la escuela donde estaban todas mis amigas/os. Todo era completamente diferente, O sea nuevos compañeros de clases, uniforme, colegio, etc. Yo les dije a mis padres que no quería cambiarme. Todo fue un cambio muy drástico. Mi felicidad fue cayendo al piso. Pero me prometí darle una oportunidad al colegio, ‘’quizás me traiga mejores cosas en mi vida’’ dije. Pero todo fue lo contrario de lo que dije, la mayoría de los que estudiaban en el colegio eran y son orgullosos, unos merecidos e ignorantes. Critican escuelas públicas, como si fuesen basura. Me sentía ofendida porque yo venía de una escuela pública, sentía que me estaban diciendo  que yo era basura porque era de escuela pública. A largo de todo, trataba de ignorar sus estupideces. Conocí a alguien, que ahora después de 3 años  aún seguimos siendo amigas. A pesar de tenerla como amiga y compartir momentos junto a ella, seguía extrañando mi vida como lo era antes. Mi vida fue todo un cambio, mis compañeros me hacían burla, algo que nunca me hacían. Me hacían sentir que yo no era tan inteligente como lo eran ellos, también me hacían burla por mis dientes del frente ya que tenían un hueco en el medio de los dos dientes del frente. Yo trataba de ignorarlos, y hacer más amigos ya que solo tenía una amiga. Ellos negaron mi amistad por yo ser diferente, diferente físicamente. Recuerdo que me tiraban con cosas en los pasillos, no recuerdo quienes eran.  Me hacia la fuerte y no le hacía caso ya que los estudiantes sabían que yo no podía defenderme. Recuerdo que hasta las maestra/os me humillaban, me hacían sentir estúpida. Honestamente, se me hizo difícil hacer los trabajos que me exigían, y también fue complicado estudiar, ya que el colegio era avanzado. Los maestros me hacían preguntas que no podía contestar, y por no saber las contestaciones de sus preguntas, me humillaban frente de todos mis compañeros de clases. Me llamaban como la niña con problemas de aprender, los estudiantes a veces me llamaban como ‘’la niña rara’’, ‘’ la dientuda’’, etc. Yo honestamente no quise hacerles caso, eran simple palabras. Con el tiempo trate de buscar de mis amistades viejas, ni uno de ellos estuvieron por mi cuando necesitaba de su ayuda. Ninguno de ellos quería saber de mí, me rechazaron. Me sentí sola ya que no tenía a nadie más con quien contar además de mi hermana gemela. Ella estuvo por mí. A las personas a la cual llamaba mis amigo/as me fallaron, y me rechazaron. Prácticamente estaba destruida. A partir  de un año, seguí sin amigo/as. Empecé otro año aun en el colegio, Yo sabía que iba a estar sola otro año más y más que mi hermana gemela la habían cambiado a otro colegio, Así que literalmente si estaba sola. Con el tiempo aumentaron más los problemas en mi casa. Siempre trataba de ignorar los gritos de mis padres y mi hermano peleando en las noches. Prometí tratar de hacer lo mejor de mi parte. Todo me fui lo contrario, estuve bajando las notas; sin ánimo, aguantando gritos en mí casa. Sentía que no podía aguantar más de lo mismo. Cada noche me preguntaba ¿Por qué estoy en este mundo lleno de odio? Yo solo estaba aquí sufriendo, fingiendo mis sonrisas y deseando que todo cambiara. Pensaba que era mejor fingir sonrisas y ser feliz, pero me cansaba de fingir algo que yo no era. A veces pensaba tratar de escaparme de todos mis problemas, al menos tener un momento de silencio exhalar toda mi tristeza que sentía e inhalara felicidad. Era imposible para mí sentir felicidad con tantas cosas pasando por mi mente. Nadie en realidad se dio dé cuenta de todo el sufrimiento y dolor que yo estaba pasando en ese tiempo. Todo el mundo estaba muy ocupado para coger un momento y preguntarme si estaba feliz. Me acostumbre a no ser importada. Al yo acostarme, todas las noches deseaba ser feliz algún día. A veces me preocupaba que la gente piense que estaba buscando atención por constantemente estar alterada y triste, Así que trataba de fingir mis sonrisas otra vez, A pesar de estar llorando a gritos por dentro. Trataba de ser fuerte, aun en los momentos más difíciles. Y aun rompía a llantos en mi casa cuando nadie estaba mirando. A pesar de todas las veces que rompía a llorar en mi casa, me convencía que mañana era otro día y seré mejor persona la cual fui ese día. Aun todavía en el colegio me juzgaban, hablaban de mí.  Empecé a creerme todo lo que decían de mí, ya que tenía la autoestima por el piso. O sea, fui víctima de acoso escolar, mejor conocido como ‘’Bullying’’. Me estaba acostumbrando de hacerme mierda por culpa de los demás. Nadie se percató de la tristeza que llevaba en mis ojos. La vida estaba llevando a cabo toda mi fuerza. Me quería dar por vencida.  El tiempo paso, aun me sentía sola. Empecé a cortarme los brazos, y también las piernas, incluso dejaba de comer, a veces días sin comer. Por depresión que sentía. Cortarme era mi manera de desahogar mi tristeza, sacar mi odio fuera, a que mi alma se desahogara físicamente.  Con el tiempo algunas personas se dieron de cuenta de mis cicatrices en mis brazos. La cual una muchacha llamada Kiara se dio cuenta. Kiara también fue víctima de acoso escolar; o sea fue víctima de ‘’bullying’’ al igual que yo. Ella también estaba pasando por lo mismo que yo. Kiara también se sentía sola, con mil problemas en su casa. Ella también necesito de la mano de alguien para ayuda y para que la escuchen. Al igual que yo, nos conocimos. Nos contábamos nuestras historias. Me di cuenta en ese tiempo que teníamos demasiadas cosas en común. Fuimos bien amigas. Aun no estaba satisfecha con mi vida, todavía me sentía deprimida, una noche decidí llevar acabo mi vida. Esa noche me corte tantas veces, que literalmente sentí que me iba a morir, pero no me importo porque sabía que si algo sucedía pasar algo, yo iba a estar feliz, ya no iba a estar viviendo una vida de sufrimiento. Pero me dije aquella noche que iba a esperar otro día mas para poder ver las caras de todas las personas que me hicieron daño, y también ver a mis familiares. Pero, paso algo ese día. La muchacha, llamada Kiara la cual también estaba pasando por algo parecido a mi situación. Me llamo, ella sabía que me estaba cortando ya que mis cicatrices se veían muy obvias en mis brazos. Me dijo ¿Por qué las cicatrices, que paso?, y le conté el por qué lo hice. Sé que ese día quedó destruida por lo que escucho. Al fin del día, me dijo que no lo vuelva a hacer, que juraba estar por mí siempre que necesite de alguien. Quiso que prometiera a que no vuelva a intentar a quitarme la vida, o tan solo cortarme. Yo en ese momento quise decir ‘’lo prometo’’, pero algo me dijo que no prometiera algo que no iba a cumplir. Así que dije ‘’no te prometo nada’’, y así me fui, sin dejar que me dijera nada. Deje el tiempo pasar, Kiara y yo nunca dejamos de estar sola; siempre estábamos juntas. Sin darme de cuenta, se convirtió parte de mi vida. Honestamente, en ese tiempo en el cual yo necesitaba la ayuda de alguien para poder levantarme del infierno en el cual yo estaba, ella llego para ayudarme levantarme de ese infierno. Gracias a ella, todavía sigo aquí. Yo pude haber estado muerta si no fuera por ella y su ayuda. A pesar de todas las veces en que dude en la existencia de Dios, aprendí que Dios nunca te deja solo, envía angelitos para ayudarte. Como les estaba contando, fuimos muy buenas amigas, mejor dicho mejores amigas. A pesar de una noche recibir las noticias que mi mejor amiga se iba a ir para otra escuela, sabía que iba a estar sola otra vez. Pero, prometimos ser amigas por siempre, a pesar de la distancia. Y por supuesto, se cumplió la promesa. Ahora somos más que amigas, ella se convirtió  parte de mi familia. De todos modos, aun me sentía; estaba deprimida. En mi opinión, había algo que odiaba verme bien, siempre me quería ver mal y caerme. No me dejaba en paz, me estaba molestando, sentía un frio por mi cuello y unas voces que me decían que seguía estando sola, que soy una idiota por creer en la gente, dientes feos. Siempre quería escaparme; irme lejos de esas voces. El problema mío fue el tiempo, para mí fue eterno. En las noches solas, en las cuales estuve llorando en privado. Esas noches me perseguían esas voces, me decían que seguía estando sola, recordándome siempre que aún seguía sola a pesar de tener mi familia a mi lado. Me decía que me escape lejos, que lo intentara de nuevo, que no tuviera miedo a que se repita la misma historia. Y así fue, intente otra vez irme lejos de este infierno. Al acostarme en mi cama, lloraba porque sabía que le había fallado a mi familia, incluso a mis pocos amigo/as que tenía. Llorar era mi alivio después de todo, recuerdo las veces que he tenido que sofocar cada suspiro para no ser escuchada. Al empezar el día, tenía que ocultar todo el dolor que guardaba en mí. Para mí fue difícil  aguantar mis lágrimas para que no me vieran llorar. Para mí fue complicado ser fuerte cada día, a pesar de estar hecha mierda por dentro. El tiempo pasó y así tuve que aprender ser fuerte, aun estando hecha mierda por dentro. Aprendí ser fuerte a pesar de todas mis caídas, aprendí ser valiente a pesar de todos mis problemas, aprendí en no creer en la gente, aprendí estar sola, Aprendí muchas cosas solas, Aprendí que nunca seré lo suficiente  buena. De todos modos, les seguiré contando. Me enamore como cualquiera otra chica de 15 años, pero nadie aun quedo flechado de mí, aun nadie acepta mis defectos físicos como por ejemplo mi sonrisa de horror. Algún día, sé que llegara alguien a ayudarme, me amara como yo soy a pesar de todas mis historias y aceptara cada detalle de mis defectos. Además de todos los problemas míos, también mi hermano mayor tenía problemas comunicándose con mi padre, se peleaban cada noche causándome tener problemas académicamente. Mi hermano y yo nunca tuvimos el cariño de un padre, nunca sentí lo que es tener un padre de verdad, mi padre nunca le importo como yo me sentía. Pero ahora, quiere de mi amor, cuando necesite de su cariño o amor cuando realmente lo necesite, no estuvo por mí. Ahora sabe cómo se siente sentirse sin amor. Aun mis padres no sabían nada sobre lo que estuve he estado pasando; mis caídas, errores, mis fracasos, etc. Absolutamente nada. Hace poco descubrí que estaban enviando fotos mías por una red social llamada ‘’kik’’, donde enviaban fotos mías. ¿Sabes cuál fue el gran chiste de todas las chica/os? El chiste fue mi sonrisa, la cual enseñaban mis dientes. Se enviaban mis fotos, se reían, me llamaban nombres. Aun yo no sé quién fue el que empezó todo. Solo sé que, gracias a ellos que hicieron que casi me quitara la vida, esa noche estaba hecha mierda. Incluso, también chico/as que conozco me han escrito por la red social ‘’Facebook’’, que soy una ‘corta vena, no life, muérete, etc. ’’, me estuvieron una noche completa escribiendo todo aquello. ¿Sabes cómo me sentía? Me sentía sin valor a vivir, sin esperanza, etc. Me creí todo lo que me estaban diciendo, ¿sabes por qué me creí lo que me dijeron?, porque era cierto. Soy una estúpida por creer que aun existían personas humildes. Soy una estúpida, eso es lo que yo soy. Estuve noches sin dormir tranquila, esas palabras no me dejaban quieta. Pero gracias a mi hermana gemela y mi mejor amiga, que fueron las que realmente estuvieron por mí, para darme la mano y ayudarme. Ahora trato de ser mejor persona, todos los días trato de no dejarme caer por culpa de las personas, pero aunque no exprese mi tristeza,  dentro  de mí, todavía me duele el pasado.  Yo sé que llegara el día en el que todos mis problemas y tristezas se  desaparezcan, y yo seré feliz. En fin de todo, ahora les estaré contando de algo que quizás no lo creas. A pesar de mis caídas y fracasos, me pude levantar aun hecha mierda por dentro mí.En mi caso, pase por mucho.

Pero quiero que sepan aquellas personas que tal vez estén pasando por algo peor, nunca te des por vencido. Aunque estés pasando por un día horrible, sonríe. Una sonrisa hermosa se debe ver, aunque estés hecho basura, así que sonríe. En mi corta vida he aprendido no esperar por nada de nadie, sabes eso es lo malo del orgullo en las personas, no existe la humildad. Siempre cuando veas a alguien en necesidad de ayuda, o una de alguien, solo ponte en su lugar, y entonces lo pensaras dos veces en no darle ayuda a alguien. Y nunca olvides, todo al final estará bien, si aún no lo esta es porque no es el final.

Los quiero muchos, xoxo.

¡Nunca olvides de sonreír! Adiós.

Gracias, por leer. 

Querida Ana, Benjamín Griss

     Querida Ana, recuerdo aquella vez en la que me contaste que le tenías miedo a las alturas y que el amor para ti significaba dolor, que nunca habías tratado de entablar una conversación formal con la felicidad, que nunca habías hecho tratos para que se alejaran de ti esos pensamientos que te atormentaban todas las noches, a un punto que perdías la cabeza y gritabas hasta quedar afónica. Y yo te respondí que ojalá un día te quedaras afónica de tanto cantar, que te cansaras pero de tanta felicidad, que el único color rojo de tus ojos fuese el de tanto llorar riendo. 

     Querida Ana, tu recuerdo aún sigue viviendo dentro de mí, tú para mí no estás muerta, estás aquí, al lado del corazón, donde suelen estar los recuerdos más preciados de esta puta vida. Hoy no he podido dejar de pensar en ti, de cómo la gente fue tan cruel para hacerte sentir esos sentimientos. Estoy triste, Ana, me duele que no estés aquí, compartiendo conmigo el día a día. Echo de menos llamarte cada noche para decirte que eres la mejor persona que nunca he encontrado en ningún otro lugar. Echo de menos todo lo que un día fuiste, todo lo que me hiciste sentir, esas conversaciones de madrugada hablando sobre lo dura que es la vida y motivándonos mutuamente para seguir adelante. Una noche me confesaste que tenías miedo de que el nudo en la garganta terminara de ahorcarte y no tener tiempo para realizar tus sueños. Ahora me parto al leer las antiguas conversaciones que tuvimos desde que intercambiamos los números de teléfono. Yo te pregunté que cuál era tu mayor sueño que tenías y tú me respondiste que era mudarte a Nueva York y ser la estrella de Broadway. Ahora me rompo al leer cada uno de tus mensajes, aún guardo tu número, no sé por qué tengo miedo de borrarlo. 

     Querida Ana, nos faltaron muchas cosas por hacer juntos. Nos faltó ir a California, saltar de un avión, subirnos a la montaña rusa de la que tanto habíamos hablado, porque querías vencer el miedo a las alturas y yo te dije que estaba dispuesto a vencerlo contigo. Nos faltó, entre muchas cosas, vernos triunfar en el mundo, ya no estás aquí para ver el día en que mis sueños se hagan realidad y yo tristemente no alcancé a verte en Broadway. Es triste hablar de ti en tiempo pasado. Escribo tu historia con el único propósito de transmitir el mensaje por el que tanto he luchado: “Piensa antes de hablar, porque las palabras son asesinas”.

     Querida Ana, nos separa un abismo y nos une nuestra historia. Ese puente que construimos para que pudiésemos pasar siempre que nos sintiéramos solos, hoy me siento así, por eso estoy escribiéndote. Hasta el día de hoy no he sabido vivir sin tu presencia, no he podido acostumbrarme a vivir con tu ausencia. Las noches son frías y solitarias, los días han perdido ese toque de luz que tenían cuando te veía sonreír, aunque fueron pocas las veces en las que te vi sonreír de felicidad, las demás veces eran un disfraz para engañar al resto.

     Querida Ana, un día llegaste llorando y me abrazaste, dijiste que no eras un estándar de belleza y yo te dije que esta sociedad de mierda no está lo suficientemente humanizada para hablar de belleza. Que tú eras preciosa, por encima de cualquier comentario absurdo. Que tú merecías el cielo y a sus estrellas. Que tú eras la estrella más brillante de todo mi cielo. 

     Y un día decidiste ser fugaz.

La solución es afrontar la situación. No digo que vaya a ser fácil, menos con tanta presión. ¿Qué harían los demás si estuvieran en tu lugar? No aguantarían ni de coña lo que tienes que aguantar. Ya han perturbado tu inocencia, ¿sabes lo que puede llegar a ocurrir cuando se agota la paciencia? Debes hacer algo ya, sé que estás cansado, a decir verdad, creo que has aguantado demasiado. Tú, véngate, apúntate, anota cada nombre, devuélveles, ven, demuéstrame que eres un hombre. Sé que corre por tus venas el rencor, te ha envenenado. ¿No era esto lo que querían? Que se lo hubieran pensado

— 

Porta. Voces en mi interior.