acabarse

Me siento en la vereda de mi casa, observo y pienso. Veo a la gente caminando con la cabeza agachada tratando de evitar saludar a alguien. Veo a otros sacando el celular mientras hay una persona a su lado hablándole sobre algo, quizás algo importante, pero por lo visto no importa tanto como el WhatsApp boludo que mandan los amigos a un grupo, o un Instagram Stories de cualquier artista. Veo al vecino quejándose porque su perro se puso muy feliz por su llegada, tanto que salto apoyándose en sus piernas.
-¡Salí, perro inútil, me manchas la ropa! Grita el vecino, y el pobre perro se aleja con la mirada triste, como vos, cuando la persona que amás no quiere verte. Por otro lado veo a una nena pequeña, 10 o 11 años, como máximo, llegando de la escuela, esperando con ansias el recibimiento de su perrito, los veo a los dos, ella con una hermosa sonrisa, y el perrito moviendo su cola y corriendo por todos lados. Me siento en la vereda de mi casa y veo pasar a una pareja de adolescentes, caminando tomados de la mano, bien fuerte, con tremenda mirada de felicidad, y pienso “Ojalá nunca se rompan el corazón”.
Veo a otra pareja, pero ésta vez un poco más grandes, parece que no están muy bien las cosas, ella se aleja, suelta su mano y camina 1 metro adelante de él, pero éste chico lo único que hace es revisar su celular, como si nada importase. Mientras miro la calle, como si mi vida se hubiera detenido, veo a las demás personas, haciendo su vida, gastando un poco de tiempo de ella, algunos aprovechando bien el momento, y otros haciendo cosas que algún día se lamentarán por no haberlas valorado. Y yo sólo estoy acá, escribiendo ésto, esperando que alguien lo lea y pueda entrar en conciencia, que empiecen a disfrutar cada momento, cada segundo de su vida. Quisiera que todos aprovechen a cada persona, cada risa, cada lágrima, cada paso, cada todo. Porque en un abrir y cerrar de ojos todo eso que algún día no valoramos o pensamos que no era importante, podría acabarse, y sin duda alguna, lo vamos a extrañar.
Apenas me entere que hoy era domingo, ya que esta por acabarse el dia, no se si simplemente soy una persona muy distraida o los dias para mi han dejado de importar, a lo que me refiero con eso, es que, simplemente me da lo mismo si es martes o sabado, todos los dias al final de cuentas empiezan y terminan de la misma manera, sin tener absolutamente nada de especial o diferentes, estoy viviendo de una manera tan triste y deprimente, que quiza sea cierto, es por desicion propia, pero que al final de cuentas no me esta llevando a ningun lado.
¿Dependemos de alguien?

¿Dependemos de alguien?

En algún punto de nuestra vida, dependemos de alguien, ya sea de pequeños que dependemos de nuestros padres, vamos creciendo y pasamos a depender de los estudios y luego del trabajo, pero ¿quien es esa persona de la cual duele depender?
Nuestro primer amor.
Nuestra primera “alma gemela" 
Nuestra salvación a corto plazo.

Unos tratan en encontrarla, otros simplemente prefieren esperar.
Es esa persona que se convierte en el aire que respiras, el atardecer y el amanecer que tus ojos ven, se convierte en tu persona favorita, en tu confidente, tu mejor amigo.
Dependemos tanto de ella como de nosotros mismos, dependemos tanto que no sabemos como llevarlo, como tratarlo y de un momento a otro se va deteriorando
Al punto de descomponerse, de acabarse, de esfumarse.
O lo tomas bien o te dejas llevar, te derrumbas en tus pensamientos, te derrumbas en base a su recuerdo.

Te busco y a veces ni eso me basta.
No soy yo si no te pienso.
No eres tú si no me hieres.

Vamos a ponerlo de esta forma:
yo me ahorco,
pero tú eres la cuerda.

Así es este ritmo sentimental
que gira en torno a un par de locos:
uno con miedo a querer demasiado
y otro desgarrado por no ser correspondido.

Adivina en qué lugar estoy yo.

Yo estoy contigo
y tú con nadie.

Me robo tu imagen y la memorizo a escondidas.
Le recito poemas a tu foto,
le canto canciones a tu nombre.

Vivo tan solo que ni siquiera
el espejo me devuelve mi rostro.
A veces escucho voces que me gritan por las noches:
«¡Ve por ella!»
«¡Búscala!»
«¡Dile que la quieres!»
«No es tan difícil.»

Ojalá todo fuera tan fácil como en nuestra mente.

De desearte he pasado a necesitarte.
Y viceversa.

Menos mal que nadie me escucha cuando te pienso.
Así el secreto queda entre yo y mi cabeza.
¿Sabes cómo es hablar contigo mismo
sobre cosas que nadie más entendería?
Una locura.
Ya ves a los esquizofrénicos.
No están mal,
sólo no se dejan entender.

Créeme,
sé de lo que hablo.

O mejor no.

Porque no sé de lo que hablo,
sólo sé que estas palabras me revolotean adentro,
destiñen mi visión de las cosas;
no me dejan tranquilo
si no me las quito del alma.

Todas ellas hablan de ti,
que eres algo que no entiendo.
Por eso escribo,
porque si hablo en voz alta
de este secreto de quererte
me señalarían y se reirían en la cara
de este soñador de imposibles.

Qué pesar es saber que mientras más te quiero
más te alejas.

No sé si es miedo, repulsión, u odio,
pero veo que te marchas cada vez más lejos
siempre que te recuerdo que te quiero
y que los poemas que escribo son más tuyos que míos.

Hablar sobre cosas que no entiendes
produce inestabilidad en tu mundo.
Yo de quererte sólo entiendo
que debo hacerlo con fuerza,
con esa pasión
que no debe acabarse
ni con las horas, ni con los días, ni con nada.

Soy ese que recibe con los brazos abiertos el abismo
cuando sabe que perdió de vista la cima hace tiempo.

Quererte es una enfermedad
de esas para las que no hay cura.
(Y si la hubiera
tampoco la querría.)

Pero te vas y yo no sé mentirme.
Al final del camino hay otro
que tampoco voy a recorrer contigo.

Y qué haré mientras tanto.

Qué haré con este amor
si no vuelves.
—  Cautiva libertad | Heber Snc Nur

Querido:

Si la vida nos separa antes de tiempo
y el tiempo nos impide volver,
que sepas que eso no me impedirá
volver a tu lado.

Si los momentos se hacen finitos
y los segundos se vuelven horas,
inventaremos una manera de alterar las coordenadas
y hacer que los instantes valgan la pena.

Si el sentimiento que nos une se va poco a poco
y los latidos ya no son los mismos,
habrá algo escondido en un rincón del corazón
que nos recuerde aquella primera vez que empezamos a amarnos.

Si sabemos cómo escapar de la realidad
y nos sumergimos en un mundo donde sólo estemos tú y yo,
empaquemos nuestros sentimientos
y vamos a esos lugares que son testigos de nuestra historia.

Si la noche nos cobija en su regazo
y las estrellas guardan nuestros secretos,
perdámonos en la oscuridad de cada encuentro
y encendamos el ambiente con nuestras caricias.

Si alguna vez caemos en el abismo
y sólo nos quedara seguir caminos distintos,
sabes que de alguna manera y en cualquier lugar
habrá algo que nos vuelva a unir en el mismo camino.

Si de repente todo pareciera acabarse
y el amor se apaga poco a poco,
prometo recordar nuestra promesa de cuando empezamos nuestra historia
y permanecer a tu lado hasta que mi corazón deje de latir.

—  “Votos de Amor”, S. Syeiduco
¿Qué es el amor? Parte 34.2// fanfic wigetta

Conocer un nuevo miembro de la familia de Samuel podía poner demasiado nervioso a Guillermo, la posibilidad de no agradarle a su abuela le aterraba.

-no tienes que estar así, samu ya conoció a nuestro abuelo-susurró Karol.

-no es lo mismo pequeña.

-tú tranquilo y yo nerviosa, ¿vale?

Guillermo tomo la mano de Samuel y la de Karol, ¿por qué se ponía así? Las abuelas aman a todos ¿no es así?

-Ya he llegado-anunció Samuel al entrar a la casa-y he traído invitados.

La madre del joven apareció por la puerta y una sonrisa se dibujó en su rostro.

-¡mi querido guille! Qué alegría me da verte, ¡al fin te dignas a traerlo a desayunar!

-también me alegra verla, desde aquí huele delicioso.

-espero les guste lo que preparamos mi suegra y yo, y mira quién está aquí, ¿como te llamas hermosa?

-soy Karol.

-es la hermana de guille.

La mujer abrazo a la niña, siempre había querido tener más hijos pero las circunstancias no sé lo permitieron y cada vez que veía a una niña tan pequeña le causaba nostalgia y un instinto materno aparecía en ella.

-anden vayan a la cocina, tu padre bajará en un momento-comentó señalando a su hijo.

Los tres jóvenes se adentraron en la casa, Guillermo la conocía de memoria el hogar de su novio pues desde que el mayor le contó a sus padres ambos pasaban mucho tiempo juntos tanto en casa de Guillermo como en la de Samuel, por el contrario era la primera vez que Karol visitaba la casa del novio de su hermano y le parecía muy similar a la suya excepto por algunos toques en la decoración y las fotografías en las que aparecían rostros de la familia de Samuel y no de la suya; obviamente.
Cuando llegaron a la cocina se encontraron con una mujer de la tercera edad, de unos sesenta y ocho años aunque en realidad aparentaba sesenta, aún tenía algunos mechones castaños y tenía unos ojos pardos que cautivaban a cualquiera, aquella mujer canturreaba una canción mientras sacaba unas galletas del horno, las coloco en un plato y se giró al escuchar la voz de su nieto.

-buenos días abue, he llegado.

La sonrisa de la mujer se ensanchó al ver a su nieto y a las visitas, se acercó para darles un beso en la frente a los tres y se presentó.

-pero que lindos jovencitos tengo aquí, me llamó Pilar pero también pueden llamarme abue como me llama mi Samuelito, ¿cuales son sus nombres?

-yo soy Karol-respondió animada la menor.

-un gustazo conocerte preciosa.

-eh… yo soy Guillermo un gusto.

El rostro de la mujer fue como si hubiese encontrado un millón de euros en su puerta, alegría pura.

-¡pero si tú eres el tal Guille del que tanto habla mi niño! El gran gusto es mío, ansiaba por conocerte, eres tan mono como dice él, pero mírate que guapo estás como no gustarle a mí Samuelito, seguro que sois preciosos juntos.

Guillermo se sonrojó ante los halagos de la mujer, pero la sonrisa no se borro de su rostro.
Tal como dijo Samuel, su abuela apretujo los mofletes de su novio durante unos segundos y luego beso su frente.

-siéntense vamos, estaba apunto de servir el desayuno.

Como siempre, Samuel y Guillermo se sentaron el uno al lado del otro, Karol en una de las cabeceras, la señora Pilar aún lado de Karol; frente a Guillermo, y cuando los padres de Samuel bajaron a la cocina ocuparon los lugares que quedaban, tal como contó el mayor la mesa estaba repleta de comida: tres tipos de zumos distintos, huevos revueltos, pan tostado, frutas, galletas, churros con jarabe de chocolate, una jarra con leche, y tortitas.

-tengo que deciros que todo esto se ve delicioso-comentó Guillermo mientras servía de todo un poco en su plato.

-nos halagas.

-eres un encanto siempre que vienes a comer Guille-respondió la madre de Samuel con una sonrisa-deberías venir más seguido.

-sería un placer.

Fue un punto a favor de Samuel que no lo obligaran a comer de más ya que más personas en la mesa significaba menos sobras y menos calorías para el joven.
Durante el desayuno abarcaron risas y comentarios de todo tipo, al padre de Samuel le agradaba bastante que si su hijo era homosexual su pareja fuera Guillermo.

-ese joven es un ejemplo a seguir-dijo el una vez, y realmente lo pensaba pues siempre se comportaba de manera educada, eso significaba que siempre que Guillermo y el padre de Samuel estaban en el mismo lugar hablaban sin parar y si a esto le sumabas lo parlanchin que era Samuel y lo risueña que era su madre era un no parar respecto a la charla, había ocasiones que Samuel miraba a Guillermo; sin decir nada, simplemente observaba sus rasgos al hablar y sonreía por lo afortunado que se sentía.

-me recuerdas a tu abuelo-le susurró Pilar a su nieto-en una fotografía que tengo en casa está mirándome tal como lo miras a él, con esa cara de tonto enamorado y un brillo en los ojos divino, me agrada tu Guillermo, es lindo.

Samuel sonrío y le guiñó un ojo a su abuela.

-soy el más afortunado.

El desayuno continuo, a ratos Karol participaba en la charla, a otros ratos participaba Pilar.
La comida estuvo a punto de acabarse, quedaron un par de galletas y un poco de zumo de naranja, la madre de Samuel guardo las galletas en una servilleta y se las entregó a Karol.

-¿como se dice?-dijo Guillermo al notar el gesto de su “suegra”.

-muchas gracias señora Beatriz.

-llámame solo Beatriz, linda.

Charlaron unos minutos más hasta que el padre de Samuel tuvo que ir a trabajar, su madre volvió a la cocina pero la abuela Pilar espero hasta que Guillermo y Karol se fueron.

-espero volver a veros antes de irme al pueblo.

-Samu me ha invitado a cenar en unos días.

-¡será un placer tenerte aquí Guillermo!

La mujer se despidió con un abrazo de Karol y Guillermo, pero beso la frente de su nieto, iban dirección al auto hasta que la mujer los detuvo.

-¡Guillermo aguarda!

El mencionado se dirigió a la mujer mientras que Samuel y Karol subían al auto.

-quiero agradecerte.

-¿a mi? ¿Por qué?

-mi querido samuelito era un niño muy serio, apenas y hablaba y siempre que los visitaba la pasaba fuera de casa o en su habitación y ahora que está contigo simplemente no deja de sonreír y me agrada ver cómo se comporta contigo y su nueva actitud, gracias por hacer a mi nieto feliz.

Guillermo creyó que iba a llorar, le dio un fuerte abrazo a la mujer y beso su mejilla.

-le veré luego abue.

El menor se dirigió al auto, se metió en el asiento del copiloto y vio como Samuel lo miraba expectante.

-¿que te dijo?

-nada importante, que esperaba verme muy pronto.

El mayor no decidió insistir, seguro que era algo sobre él, algo bueno.
Un poco de tráfico impidió que los jóvenes llegarán pronto a su destino pero no les amargo el día, a pesar del caluroso clima estos encendieron el aire acondicionado y la radio, un poco de música les sentó bien hasta llegar a casa de los Díaz.
Karol bajo del auto con prisa pues no paro de decir en el transcurso a casa que tenía que ir al baño.

-¿te veré por la tarde?-pregunto Samuel.

-¿seguro que quieres acompañarme al gimnasio con tu abuela aquí? Yo puedo ir solo.

-¿y dejar que todos estén mirando a mí atractivo novio? Ni hablar.

-¿que dices? Si la gente te mira a ti.

Samuel rodo los ojos y plantó un beso en los labios de su Guillermo.

-también te ven a ti y a tu culo.

El menor se sonrojó, lucia como un tomate.

-eres un tonto.

-pero así me quieres, anda tengo que volver a casa guapo, vendré por ti a las cinco para que hagamos un poco de ejercicio porque estoy seguro que mientras mi abuela este en casa subiré un par de kilos.

-¿estás seguro que no eres vigorexico?

-que te he dicho mil veces que no, si fuera así no me hubiera comido cuatro churros esta mañana, me gusta estar bien.

-vale, te veo más tarde amor.

Y de nuevo, algo en el interior de Samuel se removió y con más intensidad.
Un beso de despedida y Guillermo bajo del auto, entro a casa y tomo una ducha, si que sería una buena semana.


-

-

-


-
Si, ¡lo logre! Subí un capítulo seguido después de muchísimo tiempo y estoy feliz con ello, mayo significa puentes; para quien no sepa que es, puentes son los días que se suspenden clases, pero también significa proyectos y exámenes y junio serán finales y un examen extra curricular que tendré que presentar por lo que ¿voy a estar dándome un tiro? Si, pero eso no quitará que cuando tenga días libres escribiré todo lo que pueda.

En el próximo capítulo la abuela de Samuel tomará un papel un tanto importante.
¿Que les parece? Me alegra que apoyen tanto.
Para los que han preguntado por desgracia no tengo wattpad; si alguien le apetece leer el fanfic pero le da pereza buscarlo en mi perfil simplemente mándenme un mensaje y yo les enviaré todos; o la gran mayoría, de los capítulos hasta que me decida entre crearme un wattpad o no.

¡Buenas noches gente!

youtube

“¿Por qué no volvemos? Recuérdamelo, por favor. Por qué no nos queremos de vuelta, de segunda mano o de ocasión. ¿Por qué? A ver, si es que había tantas razones, es que te juro que las había. Es que hasta las llegué a apuntar en algún sitio. Y ahora va y no las encuentro. Justo cuando más las necesito. Justo cuando sólo recuerdo todo aquello que juré olvidar. Así que si no te es mucha molestia, recuérdame por qué no nos dejamos de hostias. O por qué me las sigo dando yo.

¿Por qué no volvemos? Por qué me despierto y lo primero que hago es pensar en tus fotos. Pero si las metí en el fondo del cajón ese que ya ni abro. El de las cosas perdidas aposta. El de los recuerdos que son demasiado grandes para llevarlos encima. Malditas fotografías instantáneas con retraso de lo que pudo ser y no fue. Por qué las escondí allí, si se me agarran a la retina día sí, día también. Por qué hago ver que no las veo, si no me hace falta ni mirarlas, si ya me las sé.

¿Por qué no volvemos? ¿Por qué no dejo de seguir tus pasos? Por qué entro de puntillas en las redes sociales como quien entra a por algo que se dejó. Por qué analizo tus fotos, tus gestos, tus lugares y tus palabras. Por qué veo en cada nuevo amigo o contacto tuyo un potencial enemigo. Por qué me da miedo que me olvides con ellos, que me entierres sin mí. Por qué busco señales que al fin y al cabo tú ya no emites. ¿Por qué? Eh. ¿Por qué?

¿Por qué no volvemos? Por qué no he sido capaz de volver a sentarme en la única mesa maldita de nuestro restaurante. Por qué salgo todas las noches como si nada, como si jamás te hubiese conocido. Y por qué les acabo pidiendo a todas que hagan de ti. Que les gusten tus mismas cosas. Que se rían como lo hacías tú. Por qué las comparo siempre contigo. Qué culpa tendrán ellas de no alcanzarte. De no saber que me exististe. De no poder acabarse este final.

¿Por qué no volvemos? Por qué sigo mirando el móvil cada dos horas simplemente para ver si estás en línea. Por qué empiezo a escribir siempre el mismo mensaje. Uno que arranca con un por qué no volvemos. Uno que sigue explicándote cuánto te echo de menos y por qué, cuando acabo el mensaje perfecto, le doy siempre al borrado completo en vez de al enviar.

¿Por qué no volvemos? Dímelo, de verdad, tan sólo recuérdamelo una vez más. Aunque te cueste algún que otro esfuerzo. Hazlo por los viejos tiempos. Por este mal sabor de boca después de algo tan dulce. Por lo que fuera yo en tu vida. Por lo que sea. Por lo que fui.

Que he cambiado. Que ahora sí que sí. Que ahora entiendo por qué no funcionó lo nuestro. Que por qué no volvemos. Que por qué no intentarlo, sabiendo lo que sabemos. Pero te estaría mintiendo, y lo haría simplemente para conseguirte de nuevo, para volverte a tener, para volverme a dar a ti.

Nos estaríamos engañando de nuevo.

Y volveríamos dispuestos a ello, tan sólo por lo mucho que nos queremos.

Tan absurdo como cuando estábamos juntos y tras cada silencio resonaba siempre la misma pregunta.

¿Por qué no lo dejamos?”

- Risto Mejide
Los trastornos mentales dependen más de las experiencias vividas que de la genética

En el mundo de la psicopatología hay una discusión que parece nunca acabarse sobre el origen de las enfermedades mentales: la experiencia vs herencia. Los partidarios del primer grupo defienden que la educación que dan los padres, los traumas que se viven y las experiencias que uno tiene que afrontar son los detonantes de los trastornos que luego se sufren. Los del segundo son más deterministas y aseguran que los problemas emocionales vienen escritos en nuestro ADN, y que poco podemos hacer para evitarlos.

La discusión tiene su chicha, ya que el tratamiento varía enormemente dependiendo de una u otra teoría: los que creen que la experiencia es importante defienden las terapias basadas en la escucha y los consejos, mientras que los ‘hereditarios’ prefieren tratar los problemas con medicación e investigar las respuestas neuronales antes que los sucesos vitales.

Claro que no todo es blanco o negro. Los psicólogos suelen defender que la experiencia es sumamente importante, pero no hay que despreciar la carga genética, de igual modo que los psiquiatras valoran mucho la herencia pero no desdeñan los sucesos vividos por sus pacientes.

Ahora un nuevo estudio hecha leña al fuego de esta histórica disputa. El Medical Research Council británico ha pasado la última década investigando el historial clínico y los genes de millones de pacientes que sufren enfermedades mentales. Pero a pesar de que los investigadores han conseguido reunir gran cantidad de información sobre los genes implicados en determinados trastornos, su trabajo les lleva a inclinarse más por el bando de la experiencia.

Peter Kinderman, profesor de psicología de la Universidad de Liverpool asegura que “por supuesto que todo pensamiento o acción tiene un reflejo en el cerebro, pero que se investigue ese origen biológico no sirve para que entendamos mejor el problema. Además, hace que no se preste atención suficiente a otras variables. Por ejemplo, si en un pueblo hay muchos suicidios y a la vez hay una alta tasa de desempleo. O que los traumas vividos de pequeño pueden disparar la ocurrencia de las psicosis en la vida adulta”, explica en declaraciones concedidas a Radio 4.

Richard Bentall, otro psicólogo de la Universidad de Liverpool, se queja de que la mayor parte de los fondos dedicados a investigación sobre enfermedades mentales van a parar a los análisis genéticos y no a la comprensión de los mecanismos psicológicos que hay detrás de la depresión, la esquizofrenia o el trastorno bipolar. “Es imposible conseguir dinero para este propósito”, asegura.

Pero no solo los psicólogos se quejan. El doctor Rob Buckle, que trabaja en el Medical Research Council señala que le gustaría que la institución para la que trabaja también pudiera abrirse a psiquiatras, psicólogos y trabajadores sociales para que estudiaran otros factores implicados en las enfermedades mentales, según defiende en The Telegraph.

Pero Buckle también tiene colegas que prefieren mantener el status quo. Como el doctor Dr Jeff Barrett, que en el mismo medio defiende que lo más importante para la ciencia es encontrar la causa de los problemas mentales, y esa causa está en la genética y en la biología. “Así la industria farmacéutica puede probar nuevas terapias que ayuden a tratar las enfermedades”, defiende. Cuando inventen la pastilla que cure la depresión por no tener trabajo, Buckle y los que piensan como él finalmente podrán decir que tenían razón. Hasta entonces, seguiremos confiando en las terapias psicológicas tradicionales.

El amor me hizo descubrir una parte de mí que no conocía, me hizo comprender cosas que antes no entendía, aprendí a luchar y dejar ir, aprendí lo que era sentir miedo a perderle, aprendí que se sentía cuando tu corazón palpita tan rápido que sientes que se te va la respiración, todo causado por una sola palabra. Aprendí lo que es sufrir, aprendí que significaba llorar hasta quedarse dormido, descubrí lo que es desear cosas al lado de alguien, el amor me hizo menos egoísta, cambió algo en mí y no me arrepiento. Puedo decir que puede acabarse el mundo ahora mismo pero moriré con la tranquilidad y la felicidad de saber que llegué a amar de verdad.
Descubrí que tengo pocos meses e incluso días de vida, ¿cómo puede ser? Tengo tan solo 18 años aquellos desmayos y dolores de cabeza son solo migrañas, ¿cuantos jóvenes no tienen migrañas estos días? Seguro el doctor se equivocó, ¡sí! Seguro que se equivocó. Realmente hubiese querido que esto terminara con un simple enojo con el medico por un mal diagnóstico. Realmente lo quería… pero no fue así, el doctor no se había equivocado, no importaba cuanto lo escuchaba simplemente no podía hacerme a la idea, pero no importaba cuantos doctores visite, ni cuanto pida, no importa los berrinches que haga, solo me quedaba esperar. Había desaparecido de todo, había dejado el colegio y no había contestado el celular por dos semanas. Alex había venido a casa todos los días preguntando por mí, pero yo solo observaba desde la ventana o simplemente me sentaba a llorar junto a la puerta esperando a que se marchara, tres meses… tres meses era lo único que podía prometer el ultimo medico al que fuimos, para mí eso era una eternidad, mi madre estaba destrozada. Ella se iba a quedar sola y yo tenía que ser fuerte esta vez, por ella, por mí. No podía verla así todo el día, todos los días eran iguales era demasiado cruel escucharla llorar por las noches, decidí ir al colegio necesitaba salir al menos un poco y alejarme de todo ese dolor que estaba encerrado en casa, ingenuamente creí que el ruido del pasillo o el murmullo de mis amigos me harían olvidar que todo estaba por acabarse. Al día siguiente me preparaba para volver a clases, mi madre incluso se enojó conmigo, camine hacia el salón  decidida no iba a morir en mi habitación lamentándome por mi enfermedad, en cuanto llegue al salón una de mis compañeras grito mi nombre y de inmediato él clavo su mirada en mí, nunca me había asustado así antes en mi vida, mi pecho se oprimió de manera inmediata me única recién en ese instante fue salir corriendo de allí, ¿en que estaba pensando? Mi madre tenía razón, nunca debí salir de casa. — Me repetía en mi mente mientras corría a casa. Desaparecí por un mes pensando que él me olvidaría, pero no paso como yo esperaba, él seguía yendo a casa día tras día después de clases. Y yo siempre esperaba por él, tan solo me conformaba con escuchar su voz llamándome desde la puerta, pero nunca fui lo demasiado valiente para enfrentarme a él, ¿cómo le decía a la persona que amaba que iba a morir?, ¿cuál es la mejor manera para decir esa clase de cosas? Dos días después mi madre me encontró tirada junto a la puerta, la ambulancia había llegado a casa, mi madre enojada reclamaba al doctor. ¡Tres meses! ¡Le dio tres meses, Doctor. Ella un no se puede ir! Entre sus gritos y el ruido de la ambulancia alguien tomo mi mano, ¿qué pasa? ¿Por qué estas así? ¡Sofí!, mi corazón se oprimió en ese instante mis ojos se cerraron hasta el día siguiente que desperté en el hospital, abrí los ojos por un momento y lo vi, él estaba junto a mi cama, pero ¿qué hacia él ahí? No pude evitar que de mis ojos brotaran lágrimas. La enfermera entro en ese momento, y él despertó por el ruido que ella hizo no pronuncio ninguna palabra y simplemente me miraba. Luego de unos instantes la enfermera salió de la habitación y él lanzo hacia mí un sin número de preguntas: ¿Por qué?, ¿no confías en mí? ¿Acaso pensaste que me alejaría? ¿Tan poco significo para ti? ¿Por qué? ¿¡Sofí, por qué!? Un nudo se formó en mi garganta y no pude responder a sus preguntas, mis lágrimas seguían cayendo. No puedo explicar el dolor que sentía en ese instante, mi mundo había vuelto a caer y él seguía mirándome, sus ojos en ese momento reflejaban rabia pero sobre todo tristeza, después de unos minutos el cayo de rodillas ante mí, seguía preguntándome ¿por qué? Pero estaba vez en sus ojos solo habían lagrimas… ¡Lo siento, lo siento mucho! Fue lo único que logre pronunciar en ese momento, después de unos minutos la enfermera entro y le pidió que se retirara. Al día siguiente él apareció en el hospital de nuevo, llego tan sonriente, así era él, siempre sonreía, siempre intentando alegrarme y así fue toda la semana, él aparecía todos los días y se quedaba hasta que se terminaba el horario de visitas, me leía cuentos infantiles, me hacía reír con sus chistes, grababa música en un reproductor que me había comprado por mi cumpleaños decía que para que la escuchase cuando estuviese triste. Dos semanas más fue todo lo que pude luchar, un día antes me despedí de mamá, y le dije a él cuanto lo amaba, le dije que sentía mucho dejarlo solo y que cuidase de mi madre, no puedo explicar el sentimiento que uno tiene antes de partir, es como cuando haces algo mal y tienes la sensación, la seguridad de que te regañaran. Si tan solo hubiese tenido el coraje de abrir la puerta cuando él iba, si tan solo hubiese sido un poco más valiente. Pero no puedo arrepentirme ahora, ya es demasiado tarde. Con mis últimos suspiros de vida, me levante como pude y camine hacia una mesita que estaba en la habitación, me sostuve por un momento y abrí el primer cajón de la mesa, en medio de todas las medicinas estaba el reproductor de música y unos auriculares de color rosa, los tome como pude y me dirigí a una silla que estaba junto a la ventana, me senté y mientras desenvolvía los auriculares miraba por la ventana y miles de luces alumbraban la noche, era realmente hermoso lo que mis ojos estaban observando en ese instante, me puse los auriculares y la música empezó a sonar… sonreí levemente ¡No es una mala forma de morir! — Susurre. Mis fuerzas se desvanecieron en un instante y mi cuerpo fue cayendo con cada nota, con cada palabra de la canción, es todo lo que logro recordar.
Si no existieras no sé qué haría. Podría, claro, pasear por aquel callejón en el que no me costaría nada encontrar compañía a cambio del precio de mi última quincena. Podría incluir olvidarte en mi lista de pendientes. Saltarme los horarios que tengo con el médico y llenar las horas con otra que tenga el mismo color de tus ojos. Si no existieras podría inventarme otra realidad, una en la que quepas sin ser un estorbo; una en la que nunca estés de sobra y aun así sienta que me haces falta. Podría introducir tus recuerdos en aquella hoguera que encendí con mis propias penas. Podría encerrarte ya no en mi pasado, sino en otro lugar al que yo tenga el acceso restringido. Si no existieras, querida, ¿qué es lo que podría hacer para ignorar tu presencia? Quizá hacerte formar parte de este paisaje, asumir que estás, que adornas, pero que si no estuvieras, aquel lienzo no cambiaría en absoluto. Podría hacer de tu existencia un peso pluma, una burbuja tan grande que sea imposible de abarcar, pero que al mismo tiempo pudiera acabarse con sólo estirar un dedo. ¿Entiendes lo que digo? Si no existieras no me dolerías, no me harías falta, pero tampoco te odiaría. Es más, estaría encantado de compartir mi soledad con tu retrato, plantarle unos cuantos besos y luego preguntarle que cuál era su nombre. Olvidarte, o quererte, y que aquello no me duela; como si fuera la primera vez que lo hago; convertirme en novato en hacer lo más básico del mundo, que es enamorarme. Enamorarme de ti, de tu ausencia liviana, de tus caricias y besos entregados a quien no tiene mi nombre. Quizá para entonces, te quiera de nuevo, de una forma menos sucia, más inocente, y tú comprenderías que un final no necesariamente indica el cierre de una historia, sino que también puede ser el inicio de otra. La nuestra, por ejemplo.
—  Dashten Geriott

anonymous asked:

Bueno, la cuestión es esta. Hay un tauro que me miraba mucho durante clase pero no se acercaba hablarme. Él me agregó a Facebook faltando como una semana para acabarse el semestre y me habló, pero yo no le pude responder en el momento. Así que decidí saludarlo hace como cinco días, hablamos muy bien y todo el cuento. Sin embargo, no me ha hablado desde entonces 😕 y no sé por qué rayos no me habla, es algo de los tauros? O simplemente no le intereso? PERO Y ENTONCES POR QUÉ ME MIRABA TANTO 😒

Bueno, quiza es cosa de el, y si en todo caso ya no te habla y te molesta, pues habla tu c: … porque esperas, ya si se pone cortante y eso le hechas tierrita c: 

#NocheDeQuejasYConfesiones

Por qué no volvemos. Recuérdamelo, por favor. Por qué no nos queremos de vuelta, de segunda mano o de ocasión. Por qué. A ver, si es que había tantas razones, es que te juro que las había. Es que hasta las llegué a apuntar en algún sitio. Y ahora va y no las encuentro. Justo cuando más las necesito. Justo cuando sólo recuerdo todo aquello que juré olvidar. Así que si no te es mucha molestia, recuérdame por qué no nos dejamos de hostias. O por qué me las sigo dando yo.

Por qué no volvemos. Por qué me despierto y lo primero que hago es pensar en tus fotos. Pero si las metí en el fondo del cajón ese que ya ni abro. El de las cosas perdidas aposta. El de los recuerdos que son demasiado grandes para llevarlos encima. Malditas fotografías. Malditas emulsiones enmarcadas en vidrio. Escaparates de 15×9 que ya sólo te venden saldos, instantáneas con retraso de lo que pudo ser y no fue. Por qué las escondí allí, si se me agarran a la retina día sí día también. Por qué hago ver que no las veo, si no me hace falta ni mirarlas, si ya me las sé.

Por qué no volvemos. Por qué no dejo de seguir tus pasos. Por qué entro de puntillas en las redes sociales como quien entra a por algo que se dejó. Por qué analizo tus fotos, tus gestos, tus lugares y tus palabras. Por qué veo en cada nuevo amigo o contacto tuyo un potencial enemigo. Por qué me da miedo que me olvides con ellos, que me entierres sin mí. Por qué busco señales que al fin y al cabo tú ya no emites. Por qué. Eh. Por qué.

Por qué no volvemos. Por qué no he sido capaz de volver a sentarme en la única mesa maldita de nuestro restaurante. Por qué salgo todas las noches como si nada, como si jamás te hubiese conocido. Y por qué les acabo pidiendo a todas que hagan de ti. Que les gusten tus mismas cosas. Que se rían como lo hacías tú. Por qué las comparo siempre contigo. Qué culpa tendrán ellas de no alcanzarte. De no saber que me exististe. De no poder acabarse este final.

Por qué no volvemos. Por qué sigo mirando el móvil cada dos horas simplemente para ver si estás en línea. Por qué empiezo a escribir siempre el mismo mensaje. Uno que arranca con un por qué no volvemos. Uno que sigue explicándote cuánto te echo de menos. Que ya casi olvidé tus defectos. Que me quedé solo a soportar los míos. Que ya es mucho soportar para una sola persona. Y por qué, cuando acabo el mensaje perfecto, le doy siempre al borrado completo en vez de al enviar. Por qué no te llamo cuando tengo tantas ganas de hablar.

Por qué no volvemos. Dímelo, de verdad, tan sólo recuérdamelo una vez más. Aunque te cueste algún que otro esfuerzo. Hazlo por este pedazo de vida tuya que sigue a la deriva de los recuerdos. Por los viejos tiempos. Por este mal sabor de boca después de algo tan dulce. Por lo que fuera yo en tu vida. Por lo que sea. Por lo que fui.

Yo la verdad es que no he aprendido. Sigo estando igual. Me siguen haciendo daño las mismas cosas. Me siguen emocionando las canciones de siempre. Sobre todo ahora, que sé que en realidad todas me hablaban de ti. Me sigo haciendo muchas trampas al solitario. Me veo con los mismos amigos a los que les ruego que no me hablen de ti. Hasta que les acabo preguntando yo. Ah, y he vuelto al microondas, que cocinar para uno ya sabes que no vale la pena. Supongo que soy aún más difícil. Imagino que el gas noble de mis manías se habrá expandido hasta ocupar parte del hueco que dejaste tú. Y seguramente, a base de vivir conmigo, me habré vuelto mucho más yo.

Por eso, te podría decir que he cambiado. Que ahora sí que sí. Que ahora entiendo por qué no funcionó lo nuestro. Que por qué no volvemos. Que por qué no intentarlo, sabiendo lo que sabemos. Pero te estaría mintiendo, y lo haría simplemente para conseguirte de nuevo, para volverte a tener, para volverme a dar a ti.

Nos estaríamos engañando de nuevo.

Y volveríamos dispuestos a ello, tan sólo por lo mucho que nos queremos.

Tan absurdo como cuando estábamos juntos y tras cada silencio resonaba siempre la misma pregunta.

Por qué no lo dejamos.

—  Risto Mejide
Fuiste.

pienso en ti, sí, lo hago.
ya no duele, sé que está mejor así.
ahora todo el sufrimiento vale la pena.
abrir los ojos dolió,
dejarte ir sin querer dolió incluso más.
sé que está mejor así,
sabía que tenía que acabarse,
no te extraño,
ya no te quería,
solo eran los buenos recuerdos,
esos que me aferraban a ti,
te culpaba a ti de los malos tratos
pero, eran más mi culpa por seguir ahí,
no ibas a cambiar,
no sabía que al irme sería definitivo
sabía que se acabaría
sabría que dolería
pero no sabía la paz que eso traería.

Don Quijote de la Mancha

—Paréceme a mi —dijo Sancho— que los caballeros que lo tal hicieron fueron provocados y tuvieron causa para hacer esas necedades y penitencias; pero vuestra merced, ¿qué causa tiene para volverse loco? ¿Qué dama le ha desdeñado, o qué señales ha hallado que le den a entender que la señora Dulcinea del Toboso ha hecho alguna niñería con moro o cristiano?
—Ahí está el punto —respondió don Quijote—, y ésa es la fineza de mi negocio; que volverse loco un caballero andante con causa, ni grado ni gracias: el toque está en desatinar sin ocasión y dar a entender a mi dama que si en seco hago esto, ¿qué hiciera en mojado? Cuanto más, que harta ocasión tengo en la larga ausencia que he hecho de la siempre señora mía Dulcinea del Toboso, que, como ya oíste decir a aquel pastor de marras, Ambrosio, quien está ausente todos los males tiene y teme. Así que, Sancho amigo, no gastes tiempo en aconsejarme que deje tan rara, tan feliz y tan no vista imitación. Loco soy, loco he de ser hasta tanto que tú vuelvas con la respuesta de una carta que contigo pienso enviar a mi señora Dulcinea; y si fuere tal cual a mi fe se le debe, acabarse a mi sandez y mi penitencia; y si fuere al contrario, seré loco de veras, y, siéndolo, no sentiré nada. Así que de cualquier manera que responda, saldré del conflicto y trabajo en que me dejares, gozando el bien que me trajeres, por cuerdo, o no sintiendo el mal que me aportares, por loco.