Te-creo!

anonymous asked:

Soy virgo y ¿Es normal que me guste alguien mucho y estoy intentando armar una relación con ese alguien pero cuando me voy a algún lugar donde hay personas con las cuales me siento relajada y muy bien ya que regreso pierdo bastante el interes hacia esa persona? ya van dos ocaciones que me sucede lo mismo A lo que voy es que si es normal por el signo o es cada quien? :/ Espero que me haya explicado bién 😐

Eeeeh bueno como sabrán los que me siguen, yo no tuve novio so… creo que es normal que te sientas así, creo que más normal de lo que sería una pareja que no se separa ni para ir al baño. Tiene que ver un poco con el signos, ya que Virgo es independiente y le gusta tener su espacio personal. Es importante que tu pareja sepa esto y te sepa respetar, así funcionaría mejor la relación. Si queres podes salir con gente, si queres podes estar sola y a la vez estar en pareja con alguien, creo que todo es permitido. Besos

Ya ves qué tontería,
me gusta escribir tu nombre.
Llenar papeles con tu nombre,
llenar el aire con tu nombre;
decir a los niños tu nombre,
escribir a mi padre muerto,
y contarle que te llamas así.
Me creo, que siempre que lo digo me oyes.
Me creo, que da buena suerte.
Voy por las calles tan contenta,
y no llevo encima nada más que tu nombre.
—  Gloria Fuertes
A veces te malinterpreto
y creo creer
que quieres
que aparezca por tu vida.
—  Blue

Me gusta la complicidad de tus caderas, la confianza con la que tus pechos se mueven al compás de tu caminar y lo ruborizada que te pones cuando te quitas la blusa; creo que por tu mente pasan muchas inseguridades, lo cierto es que para mí no hay nada más lindo que vos en tu esencia, sin preocupaciones, sin necesidad de un vientre plano o unos pechos perfectos. A mí me gustan esos pliegues debajo de tus piernas y esas marcas que tienes en la espalda, no hay por qué sentir inseguridad. Vos sos más que eso

vuelves a buscarme
y qué quieres que te diga
si sabes que estoy loco
por tenerte en mi vida
me dices que me extrañas
yo ingenuo como un bobo
sonrío como un tonto
y te lo creo todo
pero luego te marchas
pues tienes a alguien más
te digo que está bien
pero me siento muy mal
sé que no me perteneces
y debería disfrutarlo
pero a quién engaño
contigo quiero intentarlo
y sé que en este juego
tienes todo a tu favor
que puedo ilusionarme
y sólo ser un perdedor
eres la tragicomedia
que a mi vida le hace falta
no tengas dudas negra
te prefiero a ti entre tantas

Carta para el amor de mi vida, aunque yo no soy el amor de su vida.
—Ojalá nunca la leas—

Creo que un saludo sobra, ya sabes… Comenzar nunca fue nuestra mayor virtud.

Hoy me levanté pensando en ti. Es feriado y el mundo parece una canción en pausa. Borrachos, drogados, impávidos ante el correr de los años, pero en el fondo consternados porque la vida les exige cambiar.

Me encuentro en esos días de catarsis, lágrimas agridulces por los días muertos, miedo al fracaso y a pocas horas de confirmar el porqué hago lo que amo. Tu ausencia y nuestra historia chocaron con estos días. Es bastante difícil no contener las palabras, esas que te deslumbraban y te amaban; pero nunca fueron suficientes. Pensar en lo felices que podríamos ser estando abrazados, viendo nuestros ojos y no querer salir de tu habitación, escuchar nuestras canciones preferidas y hablar de lo lindo que es ver el atardecer desde el edificio o la montaña más alta con alguna bebida y besos. Lo sé, eso nunca pasará.

No pasará ni un solo sueño que hablamos, no vendrás a mi graduación ni me llamarás porque al fin cumplí el único sueño que me levantó de la depresión tan jodida que sufro. No te veré sonriendo, ni te acompañaré a tus lugares preferidos. No viviremos en Canadá, no nos casaremos en todas las religiones y creencias del mundo, no tendremos perros y sobre todo: Nunca seré el amor de tu vida.

Han pasado meses desde la última vez que nos vimos y he entendido un poco nuestros mayores sentimientos: El miedo y el amor.
Miedo a no ser lo que los demás esperan de nosotros, miedo a no abrazar tan fuerte al amor para que se quede, miedo a no disfrutar incluso palabras tan simples como un te quiero. Creo que todos lo sentimos, pero a veces el miedo nos corrompe tanto la mente que toma nuestra vida y hasta ahí llegan las ganas de ser, de estar y querer. Tú me quisiste, adoraste mis cachetes y los kilos de más. Me acompañaste a mis días de ocio y te quedaste para escuchar los gritos silenciosos que salían de mi boca cuando me carcomían las dudas. Desnudaste mi cuerpo y mi alma, besaste los puntos suspensivos de otras historias para al fin quedar en puntos finales los para siempre que se fueron. Lo hiciste todo, a tu medida, paso a paso, esperando un buenos días para salir a tu rutina. Pero todo se fue cayendo, me dejabas plantada por tus amigos o tu familia, no quiero sonar egoísta, ellos también te merecen mucho más de lo que mis pequeñas manos pueden tenerte; pero no es bonito planear tardes de sol y un día para recordar cuando tu ausencia era mi única compañía. Todo se fue cayendo y adivina quién destruyó nuestra historia: El miedo.
Yo te amaba — Aún lo hago, así será hasta el final — de una forma tan sublime, con un corazón parchado y roto por la vida. No importaba que no pudiese darte todo, pero hice todo lo que hubiese en mi vida para hacerte feliz. ¿Pero sabes? Al final, también tuve miedo. No el mismo a hacerte feliz, sino el miedo de no ser tu amor, tu pequeño regalo que aún ama los columpios, los dulces y el amor. Me quedé con tus inseguridades, tus días sin sueños, con esos te amo que nunca te colaron, solo respondían a la única palabra que resumía todo: Amor.

No me arrepiento de tantos sueños quebrados, de la sonrisa sincera que perdí cuando te fuiste. A veces uno quiere ser el amor, el complemento y los pasos que acompañan; pero no es así. Fui tu compañía un tiempo, unos besos lentos y comidas innumerables en tu soledad, pero no pasó más. Siento que te llevaré como esa historia que me cambió la vida, que nunca sucederá y que odio estar llorando escribiendo esto, porque te amo, más que a todas las cosas nombrables e innombrables que pasarán por mi vida: Pero ahora no es el momento de pensar en algo que no me levantará del asfalto. Primero debo caminar, quitar el mugre y curar lo que queda, levantarme para seguir.

De todo corazón, solo me queda amor y luz para mandarte, para que no te pierdas, para que al fin encuentres la paz y la tranquilidad que buscas y por la que te fuiste. Solo te pido que alguna vez me recuerdes en un sorbo de cerveza sin motivo alguno. Que sea eso, un sorbo de lo poco que pude dejarte.

Te amo, sé que tú nunca lo hiciste. Pero me quisiste, eso vale más que todas nuestras memorias. Me doy por vencida y solo espero abandonar este abandono para volver a ver el Sol, para quemar solita mis cadenas, los miedos y sobre todo: La vida que quise para tú y yo, pero ahora solo me queda edificar la mía y llevarte como esa linda casualidad que pasa y no se queda.

—  Café para la Luna, Daniela Arboleda.