Tío Simón

Querido Tío Simón,

Siempre pensé en escribirte esta carta, porque quería dejar explícitas muchas cosas que me tenía reservadas. Pero llegó un momento aciago que dispersó mis intenciones y más aciago aún se tornó cuando me enteré de tu partida.

Solo quería decirte que en las peores horas de desesperación, en distintos momentos de mi vida, tu voz siempre me regresó a ese sitio de calma y silencio, con pajaritos cantando, olor a frutas y flores silvestres, en medio de ese verde e interminable mar de sabana que tus tonadas evocan. Crecí contigo, y no sé cómo ni por qué, pero siempre te sentí presente, como un tío. Y en el momento de mayor confusión y dolor que tuve estando en tierras extranjeras, de no ser por ti y por mi cuatrico compañero, no hubiese recordado el profundo amor que guardo por mi país al cantar “cómo no quieres que tenga tantas ganas de volver”, con lágrimas en los ojos. Les hice honor a tus tonadas en cuanto pude, cantándolas en mi vuelta al mundo, creo que estarías orgulloso.

Gracias.

Infinitas gracias.

Por todo.

No quería dejar de decírtelo.

Desde el profundo cariño que tus obras inspiran, a mí y a generaciones de venezolanos, y en este momento tan necesitado, solo voy a decirte una cosa más:

Feliz viaje. Danos la bendición a todos tus sobrinos, tío.

Descansa en paz.