Suburbios

Cartas desde el suburbio | Ernesto Pérez Vallejo

Querida:

Tengo la impresión de que me han cortado las alas.
No te llamaría nostalgia pero tengo tantas ganas de escucharte
que te llamaría y te llamaría y te llamaría.
Me haría amigo íntimo de la señorita de tu contestador
al fin y al cabo tiene voz de no haber follado en seis meses.
Exactamente como yo.
Seis meses, ciento ochenta días,
te lo podría decir en lunes
pero te parecerían pocos.
Siempre tuviste esa horrible costumbre
de medir las cosas  en cifras en lugar de en palabras.
Para ti un día solo es un día,
en cambio para mí  significa tristeza.
Dos ausencia.
Diez fracaso.
Noventa odio.
El odio no se puede multiplicar
y es indivisible.
Se parece al infinito pero con más ceros.

Volar es ese verbo que solo se conjuga en tus manos.
A eso me refiero.
Lo más cerca que estoy de levantar los pies del suelo
es por la señorita Ingrid.
Ya sabes la rubia  esa de bote que funde las farolas
de la plaza para distorsionar su belleza.
Cuando paso me silba como si fuera un perro
tengo la impresión de que alguna vez
me ha escuchado ladrar tu nombre
y sabe lo que me gusta.
La hipocondría querida,
me sigue impidiendo arrodillarme ante  una mujer cualquiera.
Y cualquiera no es una mujer
si no eres tú.

Ayer doña Encarnita me preguntó por ti,
que le habías dejado un paraguas
y quería devolvértelo.
En pleno agosto la cabrona,
Ya sabes ese modo sutil que tienen la señoras de barrio
de informarse de los desastres.
- Volverá con la próxima tormenta. Le dije aprovechando el tema.
Ella sin dejar de mirar el cielo ha soltado sin clemencia:
- Va a tardar mucho entonces.
Ni siquiera hablábamos de la misma forma de llover.
Así que he asentido con la cabeza.
Ella no tiene ni idea de cuantos sinónimos
puede tener la lluvia si yo te beso.

¿Sabes esa sensación de estar soñando que te caes
y despertarte de golpe?
Pues es eso lo que me ocurre sin ti
que no dejo de caerme,
con la diferencia que al despertar la caída no cesa.
Y perder el equilibrio no es lo mismo que volar,
supongo que en eso si estamos de acuerdo.

Lo más absurdo que he hecho en este tiempo
ha sido coger tus zapatos rojos con las manos
y hacer ruido en el suelo como si volvieras.
Te cuento esto para que entiendas
que lo que vuelve loco a un hombre
no es el amor, si no la esperanza.
Que es mejor un hasta nunca
que cualquier a lo mejor.
Que prefiero un no te amo
que me rompa en mil pedazos
que el cariño en mil pedazos
que  aún me ofreces sin amarme.

Me decía Lucía antes de ponerme la tercera copa
que si a dos personas que se aman un metro
no les parece demasiado,
cien kilómetros les resultan imposibles.
Que el amor a distancia
es como follar por teléfono
puede haber placer pero es propio.
Y cuando el amor es propio
el desamor es siempre.
Luego caminó hasta otro cliente
moviendo el culo de tal forma
que casi me olvidó de ti
y alzo el vuelo.
Pero para que vamos a negarlo
sigo siendo un pájaro enjaulado a tu cintura.

Espero que tengas frío por las noches
y hambre por las mañanas.
Que nadie encuentre el lugar exacto de tu piel
donde tu espalda se dobla hasta que cabes
en el futuro de un hombre.
Que mi nombre se te escape
cuando te coman el coño,
que no te falte el aliento
cuando te muerdan los labios
y no halles  diferencia
entre suspiro y bostezo.
Espero que sean tus manos
las que recuerden que existo
mientras me buscas a oscuras
en una cama vacía.
Que seas tan feliz que te duela
si recuerdas mi tristeza,
que estés tan bonita que odies
que te lo cuente un espejo
y eches de menos mi lengua
describiéndote por dentro.

Espero que cumplas tu sueños,
que no rompas más promesas,
que se amontonen caprichos.
Que aquello que señales con el índice siga siendo tuyo,
que no te cortes el pelo,
ni te cambies de perfume,
que sigas llamando destino
al mayor de tus errores.

Espero que no me olvides mientras lo intentas,
que no puedas recordarme si de verdad lo necesitas
que nunca más me encuentres mientras te busco,
que nunca más me busques si no te espero.

Al fin y al cabo querida
volar está sobrevalorado si no es contigo.

Pd: Si no recuerdas como se aterriza
ponte el vestido verde
el que se levantaba en dos suspiros
es el modo más sensato que conozco
de tener el cielo a tus pies.
Y seguir flotando.

Te ofrezco

¿Con qué podría retenerte?

Te ofrezco esbeltas calles, puestas de sol desesperadas, la luna de suburbios mal cortados.

Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado largamente la luna solitaria.

Te ofrezco mis ancestros, mis muertos, los fantasmas que los vivos han honrado con bronce: al padre de mi padre que murió en la frontera de Buenos Aires con dos balas que atravesaron sus pulmones, barbado y muerto, a quien amortajaron sus soldados con una piel de vaca; a ese bisabuelo, de la línea materna, que comandó, con veinticuatro años, una ofensiva de trescientos hombres en el Perú, ahora sólo fantasmas sobre monturas desleídas.

Te ofrezco, sea cual fuere, la sapiencia que contengan mis libros, y la hombría y el humor que contenga mi vida.

Te ofrezco la lealtad de un hombre que jamás ha sido leal.

Te ofrezco el núcleo duro de mí mismo que he guardado, de algún modo; el corazón central que no comercia con palabras, no trafica con sueños, y no tocan el tiempo ni el placer ni las adversidades.

Te ofrezco la memoria de una rosa amarilla vista al atardecer algunos años antes de que nacieras.

Te ofrezco explicaciones de vos misma, teorías de vos misma, auténticas y sorprendentes noticias de vos misma.

Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón; intento sobornarte con incertidumbre, con peligro, con derrota.

Jorge Luis Borges

2

Con olor a girasol

Cada mirada me arranca un pétalo,
Con cada día, me haces cambiar más,
Sólo destapa la botella, bebamos hasta el fondo y digamos la verdad,
Sólo espera hasta la media noche.

No debo llorar, no debo ser feliz,
Dedo mirar al vacío, eres un chico azul,
No debo temblar, no debo estar quieto,
Tengo que cerrar los ojos, eres lo único que veo.

Has dicho que lo único que necesitas es a un chico que sea motivo de una sonrisa tuya,
Sólo mira al cielo, es de un oscuro azul,
Hay quienes son salvajes, tontos y entran en razón,
Hay quienes narran una historia y cada respiración es como un olor a girasol.

Chicos fríos serán chicos silenciosos,
Sonrisas cálidas, tienen un alma helada,
Chicos tristes serán chicos solitarios,
Miradas grises, tienen una tormenta en el alma.

Sólo espera hasta la media noche,
Tengo que cerrar los ojos, eres lo único que veo,
Has dicho que lo único que necesitas es a un chico que sea motivo de una sonrisa tuya,
Chicos fríos serán chicos silenciosos.

Cada mirada me arranca un pétalo,
No debo llorar, no debo ser feliz,
Hay quienes narran una historia y cada respiración es como un olor a girasol.
Miradas grises, tienen una tormenta en el alma.

La niebla de la media noche, la estrella más alejada,
Caminemos por el pasto, mi juventud es tuya,
Siento que el amor es difícil, lo sé. Pienso mientras camino por el suburbio,
Y si sabes algo, es que no necesito decirte te amo para decírtelo.

Till Cophola.

memories0x  asked:

Me podrías ayudar con un poema... Que trate sobre una persona que llega de repente te hace quererla y luego se va ! :)

La culpa es de uno de Benedetti…este me duele tantito todo el tiempo que lo leo :(

Hasta aquí había hecho y rehecho
mis trayectos contigo,
hasta aquí había apostado
a inventar la verdad,
pero vos encontraste la manera,
una manera tierna
y a la vez implacable,
de deshauciar mi amor.
Con un sólo pronóstico lo quitaste
de los suburbios de tu vida posible,
lo envolviste en nostalgias,
lo cargaste por cuadras y cuadras,
y despacito
sin que el aire nocturno lo advirtiera,
ahí nomás lo dejaste
a solas con su suerte que no es mucha.

Y la última estrofa reza:

Antes de regresar
a mis lóbregos cuarteles de invierno,
con los ojos bien secos
por si acaso,
miro como te vas adentrando en la niebla
y empiezo a recordarte…

Capitulo primero: "Psicosis"

Llegué un día cualquiera, un martes de enero cuyo clima frío parecía desear calar en mis huesos, sin éxito alguno.

Parpadeé por el viento, caminando a paso lento mientras los transeúntes a mi alrededor corrían, apresurados, probablemente retrasados o con urgencia por llegar a su destino. Nadie parecía prestar atención al joven que andaba lentamente al borde de la acera, al borde de la muerte.

Cuando, finalmente, un ciclista pasó a mi lado y me empujó directo a la muchedumbre gritándome improperios, logré percatarme de lo que hacía. Cualquier vehículo podría pasar a llevar mi cuerpo y hacerme volar hasta quien sabe donde. No sentía interés por mi vida, pero ahí estaba, arriesgándome solo para sentir la adrenalina que alguna vez recorrió mi ya cansada piel.

Llegué hasta los suburbios, donde la esquina de siempre me esperaba. Las putas del barrio me observaban, paseando sus ojos de mis pies a mi cabeza con desprecio, mientras me quitaba la chaqueta de cuero y la tiraba contra el pórtico de una casa abandonada. El collar y la camiseta ajustada molestaban, pero era una mini tortura a la que estaba acostumbrado, nada que no pudiese soportar.

Se que soy un simple muchacho, un hombre, un prostituto barato que todas las noches se instala en la misma esquina, pero es el único trabajo al que puedo acceder.

Las chicas se acercaban para patearme y golpearme. Lo permitía, solo porque los moretones siempre atraen a los clientes. No le agrado a nadie, y sinceramente me importa lo que un pepino.

Al terminar mi jornada, siendo pagado generosamente por lo que parecía un empresario bastante acomodado, corrí directo a casa mientras colocaba la chaqueta sobre mis hombros. Entré, ignoré los gritos de mi familia y cerré la puerta de mi habitación con seguro. Me escondí bajo la cama a contar el dinero, el suficiente para escapar de los golpes de mi padre y los gritos de mi madre. El suficiente para dejar de oír las burlas de mis hermanos y la falta de respeto de mis sobrinos y el resto de mi familia.

El dinero suficiente para comprar aquella droga que, según me explicó el camello, podría acabar con mi misera vida en tan solo instantes y sin dolor.

Una huida a la que mi psicosis me obligó a llegar.

La tele dispara imágenes que reproducen el sistema y voces que le hacen eco; y no hay rincón del mundo que ella no alcance. El planeta entero es un vasto suburbio de Dallas. Nosotros comemos emociones importadas como si fueran salchichas en lata, mientras los jóvenes hijos de la televisión, entrenados para ver la vida en lugar de hacerla, se encogen de hombros.
En América Latina, la libertad de expresión consiste en el derecho al pataleo en alguna radio y en periódicos de escaso tiraje. A los libros, ya no es necesario que los prohíba la policía: los prohíbe el precio.
—  Eduardo Galeano. El libro de los abrazos// La televisión/3

LECTURA ACTUAL “CARTAS CRUZADAS” - MARKUS ZUSACK

~ Ed Kennedy es un chico cualquiera en un suburbio cualquiera de una gran ciudad. Vive en un apartamento maltrecho en compañía de su perro y se gana el sueldo como taxista. Le acompaña una pandilla de amigos que poco o nada le piden a la vida, pero de repente algo pasa y Ed tendrá una misión que cumplir.
Día tras día, noche tras noche, el joven irá descubriendo que el afecto, la amistad y el amor no son palabras huecas sino verbos vivos: si quieres saber, pregunta; si pretendes ayudar, actúa; si quieres cambiar, no esperes. A menudo, son los pequeños gestos los que mueven el mundo y Markus Zusak nos demuestra que cada uno de nosotros, incluso un chico cualquiera en un suburbio cualquiera, puede dar el primer paso.

¿Con qué puedo retenerte?
Te ofrezco estrechas calles, atardeceres desesperados, la luna de los suburbios derruidos.
Te ofrezco la amargura de un hombre que ha visto mucho tiempo la luna solitaria.
Te ofrezco mis ancestros, mis hombres muertos, los fantasmas que los vivos han honrado en bronce: el padre de mi padre muerto en la frontera de Buenos Aires, dos balas atravesaron sus pulmones, barbado y muerto, fue envuelto por sus soldados en cuero de vaca; el abuelo de mi madre—con tan sólo veinticuatro años—encabezando una cargada de trescientos hombres en Perú, ahora fantasmas en caballos esfumados.
Te ofrezco cualquier acierto que mis libros puedan encerrar, cualquier virilidad o humor en mi vida.
Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal.
Te ofrezco el centro de mí mismo que salvé de algún modo—el corazón central que no utiliza palabras, no trafica con sueños y está intocado por el tiempo, por la desdicha, por las adversidades.
Te ofrezco el recuerdo de una rosa amarilla vista al atardecer, años antes de que nacieras.
Te ofrezco explicaciones de ti mismo, teorías sobre ti mismo, autenticas y sorprendentes noticias de ti mismo.
Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón; trato de sobornarte con la incertidumbre, con el peligro, con la derrota.
—  Jorge Luis Borges, Te ofrezco
- Usted ha dicho que no cree en Dios. ¿Tiene una filosofía de la vida que le ayude?
- Está claro que somos una variedad avanzada de primates en un planeta menor que gira en torno a una estrella muy ordinaria en el suburbio más remoto de una de entre 100.000.000.000 de galaxias. Pero desde el inicio de la civilización la gente ha ansiado comprender el orden subyacente del mundo.
Debe de haber algo muy especial acerca de los límites del universo. ¿Y qué más especial que el hecho de que no haya límites? Y el esfuerzo humano no debe tener límite. Todos somos diferentes. Por terrible que parezca la vida siempre hay algo que puedes hacer con éxito. Mientras haya vida, hay esperanza.
—  La teoría del todo

Escrevi esse texto ouvindo Which Witch de Florence + The Machine em uma noite nostálgica.

REGRET

O farol vermelho aponta para minha face em desespero. Talvez eu morra hoje, talvez eu morra em arrependimento. O escuro me abraça como ninguém nunca o fez. Minha esperança fluiu como a água da torneira: descendo para nunca mais voltar. Os silfos da noite acariciam meu rosto em forma de presságio. Uma tempestade acontecerá e eu estarei no olho. As luzes urbanas do horizonte parecem mais distantes essa noite. Sonho com as águas escuras do mar que beijam as bordas dessa terra. Eu estou sozinho e assim continuarei a jornada. Observo as flores brancas iluminadas sob a luz amarelada dos postes suburbanos. Tudo parece tão distante, tudo parece tão perdido. Trombetas soando e automóveis seguindo alinhadamente um caminho para lugar nenhum. Aparentemente há mais estrelas aqui na terra, junto a mim, o céu deve ter nos presenteado, ou talvez elas decidiram descer. Mas não há muitos atrativos junto aos que pisam o chão dessa terra ferida.

Luzes neon azuis e vermelhas chamam o meu olhar de forma intimista e reservada, já visitei aquelas luzes e lá permaneci, elas me acolheram como quem acolhe um filho. Entretanto, quando saí, me deixaram um gosto amargo que nunca mais me faria voltar. Sempre fui nômade, cigano, sem lar. Sempre me acostumei à ideia de cortar as raízes sem me preocupar com sua profundidade. Talvez os deuses não queiram que minhas raízes impregnadas de arrependimento contaminem essa terra. E todo ciclo da minha vida volta ao mesmo sujeito. Caro arrependimento, espero conseguir tirar minhas raízes de você também.

¿Con qué podría retenerte?

Te ofrezco esbeltas calles, puestas de sol desesperadas, la luna de suburbios mal cortados.

Te ofrezco la amargura de un hombre que ha mirado largamente la luna solitaria.

Te ofrezco mis ancestros, mis muertos, los fantasmas que los vivos han honrado con bronce: al padre de mi padre que murió en la frontera de Buenos Aires con dos balas que atravesaron sus pulmones, barbado y muerto, a quien amortajaron sus soldados con una piel de vaca; a ese bisabuelo, de la línea materna, que comandó, con veinticuatro años, una ofensiva de trescientos hombres en el Perú, ahora sólo fantasmas sobre monturas desleídas.

Te ofrezco, sea cual fuere, la sapiencia que contengan mis libros, y la hombría y el humor que contenga mi vida.

Te ofrezco la lealtad de un hombre que jamás ha sido leal.

Te ofrezco el núcleo duro de mí mismo que he guardado, de algún modo; el corazón central que no comercia con palabras, no trafica con sueños, y no tocan el tiempo ni el placer ni las adversidades.

Te ofrezco la memoria de una rosa amarilla vista al atardecer algunos años antes de que nacieras.

Te ofrezco explicaciones de vos misma, teorías de vos misma, auténticas y sorprendentes noticias de vos misma.

Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón; intento sobornarte con incertidumbre, con peligro, con derrota.

Jorge Luis Borges.


Son cosas de mujeres, se dice también. El racismo y el machismo beben de las mismas fuentes y escupen palabras parecidas. Según Eugenio Raúl Zaffaroni, el texto fundador del derecho penal es el “martillo de las brujas”, un manual de la Inquisición escrito contra la mitad de la humanidad y publicado en 1546. Los inquisidores dedicaron todo el manual, desde la primera hasta la última página a justificar el castigo de la mujer y a demostrar su inferioridad biológica. Ya las mujeres habían sido largamente maltratadas por la Biblia y por la mitología griega, desde los tiempos en que la tonta de Eva hizo que Dios nos echara del Paraíso y la atolondrada de Pandora destapó la caja que llenó al mundo de desgracias. La cabeza de la mujer es el hombre, había explicado san Pablo a los corintios, y diecinueve siglos después Gustave Le Bon, uno de los fundadores de la psicología social, pudo comprobar que una mujer inteligente es tan rara como un gorila de dos cabezas. Charles Darwin reconocía algunas virtudes femeninas, como la intuición, pero eran virtudes “características de las razas inferiores”. Ya desde los albores de la conquista de América, los homosexuales habían sido acusados de traición a la condición masculina. El más imperdonable de los agravios al Señor, quien, como su nombre lo indica, es macho, consistía en el afeminamiento de esos indios “que para ser mujeres sólo les faltan tetas y parir”. En nuestros días, se acusa a las lesbianas de traición a la condición femenina, porque esas degeneradas no reproducen la mano de obra. La mujer, nacida para fabricar hijos, desvestir borrachos o vestir santos, ha sido tradicionalmente acusada, como los indios, como los negros, de estupidez congénita. Y ha sido condenada, como ellos, a los suburbios de la historia. La historia oficial de las Américas sólo hace un lugarcito a las fieles sombras de los próceres, a las madres abnegadas y a las viudas sufrientes: la bandera, el bordado y el luto. Rara vez se menciona a las mujeres europeas que protagonizaron la conquista de América o a las mujeres criollas que empuñaron la espada en las guerras de la independencia, aunque los historiadores machistas bien podrían, al menos, aplaudirles las virtudes guerreras. Y mucho menos se habla de las indias y de las negras que encabezaron algunas de las muchas rebeliones de la era colonial. Esas son las invisibles; por milagro aparecen, muy de vez en cuando, escarbando mucho. No hay tradición cultural que no justifique el monopolio masculino de las armas y de la palabra, ni tradición popular que no perpetúe el desprestigio de la mujer o que no la denuncie como peligro. Enseñan los proverbios, transmitidos por herencia, que la mujer y la mentira nacieron el mismo día y que la palabra de mujer no vale un alfiler, y en la mitología campesina latinoamericana son casi siempre fantasmas de mujeres, en busca de venganza, las temibles ánimas, las luces malas, que por las noches acechan a los caminantes. En la vigilia y en el sueño, se delata el pánico masculino ante la posible invasión femenina de los vedados territorios del placer y del poder, y así ha sido desde los siglos de los siglos. Por algo fueron las mujeres las víctimas de las cacerías de brujas, y no sólo en los tiempos de la inquisición. Endemoniadas: espasmos y aullidos, quizás orgasmos, y para colmo de escándalos, orgasmos múltiples. Sólo la posesión de Satán podía explicar tanto fuego prohibido, que por el fuego era castigado. Mandaba dios que fueran quemadas vivas las pecadoras que ardían. La envidia y el pánico ante el placer femenino no tenían nada de nuevo. Y en este mundo de hoy, hay ciento veinte millones de mujeres mutiladas del clítoris. No hay mujer que no resulte sospechosa de mala conducta. Según los boleros, son todas ingratas. Según los tangos, son todas putas (menos mamá). Confirmaciones del derecho de propiedad: el macho propietario comprueba a golpes su derecho de propiedad sobre la hembra. (…) Vuela torcida la humanidad, pájaro de un ala sola.
—  Eduardo Galeano