Reiji-Uno

Shuu: -Estaba tocando el violín cuando se dio cuenta de que su pequeña hija de unos seis años lo miraba con atención. Sonrío y luego de pensarselo un poco, se acercó suavemente para tocar cerca de ella y que pudiera apreciar la música de cerca.- Quizá podría enseñarte, si quieres. 

Reiji: -Estaba resolviendo unos problemas de matemáticas cuando captó a su hijo de unos 4 años observándolo con atención. Una sonrisa se dibujo en sus labios y le despeinó el cabello a manera de cariño.- Apenas termines de comprender álgebra, ten por seguro que te enseñaré a hacer esto. Aunque para lo inteligente que eres, no creo que tardes en lograrlo.

Ayato: -El vampiro pelirrojo estaba lanzando unos tiros a la canasta de basketball cuando sintió la mirada de su hija de seis años sobre él. Con una sonrisa, le mostró el balón y lo lanzó con cuidado: la niña lo atrapó fácilmente.- ¡Atrapalo, enana! Ore-sama va a enseñarte como ser la mejor en este deporte…. claro, después de mi.

Kanato: -Estaba en la habitación donde estan todas sus muñecas con vestidos de novia, cuando su pequeña hija apareció con su osita de peluche en brazos. A pasos calladitos, se acercó a Kanato y le señaló un vestido, sonriendo.- ¿Eh? ¿Quieres aprender a hacerlos, tu? -Y de inmediato, una sonrisa se le dibujó en el rostro.- ¡Claro que sí, Teddy y yo podemos enseñarte!

Raito: -Raito estaba acostado en un sofá de la sala de estar, matando el tiempo mientras resolvía un crucigrama cuando sintió que su hijita de 3 años lo miraba con mucha curiosidad. No pduo evitar el derretirse de amor por la pequeña niña y la sentó en sus piernas, dándole el lapiz, a pesar de que apenas ella sabía esceribir su nombre y ya.- ¡Mira~! Esto es lo que vamos a hacer, tenemos que encontrar palabras, huuuh. Es muy entretenido, así que así pasarás hoy el rato con papá, ¿okaaaay~?

Subaru: -Tranquilamente, el albino Sakamaki estaba sentado observsando con toda calma las rosas blancas que crecían en su jardín cuando el sonido de unos zapatitos lo sacó de sus pensamientos; era su hijita que venía a hacerle compañía. La pequeña, de tan solo 4 años llegó en completo silencio y sin interrumpir la tranquilidad de su padre, tomo asiento a su lado, para acurrucarse en él y estar a su lado un rato. Subaru simplemente sonrió.-

Ruki: -Pasaba las hojas de su libro, devorando su contenido con gran avidéz, hasta que, una manita lo interrumpió. Era la mano de su hijo que estaba sentando a su lado y lo miraba con suma atención. Una sonrisa complacida se apoderó de los labios de Ruki y entonces tomó el dedito del niño para hacerle seguir la lectura, a medida que el Mukami leía en voz alta para su pequeño hijo de apenas unos 5 años.-

Kou: -El idol tenía que terminar de ensayar la canción que presentaría en vivo en un par de días, por ende, no paraba de cantar cada que podía, y en una de esas ocasiones, descubrió a su hijita observandolo con una gran sonrisa. Kou, sintiendose cautivado le pasó una hoja con la letra y le dio un par de palmaditas cariñosas en su cabecita.- ¿Por qué no intentas cantando conmigo? Nfu~.

Yuma: -El castaño estaba sentado en el suelo mientras recolectaba unas zanahoras directamente de su huerto, cuando vio a su hijita de 3 años cargando una de las mismas, llevándola hasta él. “Toma, papá. Lo hice yo solita.” Dijo con orgullo, y entonces el Mukami comenzó a explicarle a su hija cómo debía seleccionarlas, fascinado de que mostrase interés en la jardinería.-

Azusa: -Su hijo de 7 años parecía demasiado entusiasmado con la colección de cuchillos, y no pparaba de decirle a Azusa que quería verlos. Le colocó una mano en su cabeza, para acariciarle el cabello de manera cariñosa.- …. Quizá cuando seas mas grande…. porque yo lo que menos quiero es que te lastimes….

Carla: -El mayor de los Tsukinami estaba sentado, observando las piezas de arte que le habían traído como propuesta de compra cuando su hija, sin su consentimiento entró a la sala donde estaba +el y se le sentó en las pier.nas. Iba a regañarla cuando la pequeña señaló una obra de arte, la más peculiar y surrealista, y en seguida, una sonrisa se le dibujó a Carla.- Ya la escuchaste, vamos a quedarnos con esa para la colección. Mi hija tiene muy buen gusto.

Shin: -El pelirrojo estaba entrenando, convirtiéndose en lobo una y otra vez y probando técnicas de ataque cuando se dio cuenta de que su hijito lo miraba. En forma de lobo se acercó a él, moviendo la cola y le lameteó la cara al pequeño para después regresar a su forma humana.- No puedo esperar a que crezcas para enseñarte todo esto.