Mérida

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Danylexi Hernández (Barquisimeto, 1992). Estudiante de Artes Visuales en la Universidad de Los Andes, Mérida.Comienza sus estudios artísticos en el Estado Lara, donde asiste a los talleres de la Casa de la Cultura “Andrés Eloy Blanco” (Cabudare) y CREATIUM (Barquisimeto). Egresa como Técnico Medio en Artes Gráficas de la Escuela de Artes Plásticas “Martín Tovar y Tovar” (2010) y antes de llegar a donde reside actualmente (Mérida), realiza algunos semestres de Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela (Caracas, 2010) y en Artes Plásticas en la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (Barquisimeto, 2012).

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Esta noche y para siempre perderé la armonía del poema en busca de una sinceridad que no entenderá nadie.

Pertenezco a un grupo de farsantes que escriben para compadecerse de sí mismos,para que otros los compadezcan; para que se forme una compasión irremediable en cada hombre de la tierra, hasta donde la lengua alcance, hasta dondela lengua sea capaz de sembrar rosas con su dulcísimo murmullo, donde la lengua pueda colgar aves en un cielo que el viento de ningún siglo destruya, donde la lengua plante una tierra en que las líneas antiguas de los países solo sean marcas de polvo, donde las fronteras de los pueblos solo sean cuerdas que los niños saltan, hasta donde la lengua consiga manifestar que la sangre de cada hombre es una, que el cuerpo de cada hombre es un mismo cuerpo, que los átomos y el mirar son el mismo desde siempre, hasta donde la lengua no sea más lengua ni frío ni ardor.

Mi testimonio solo me ha prometido cientos de páginas blancas que nunca podré llenar; por eso lo traigo en los puños y en los dientes, en una desafiante guerra que emprendí contra la oscuridad de los años que nos negó el canto como una realidad de la memoria y no de la piel; en mis huesos galopan pequeñas canciones como caballos, en su unión, en su íntima sospecha del mundo.


*

Escucha, porque las imágenes no hacen eco, ni pánico, ni forma.
Escucha, deja que la noche corra coronada de estrellas.
Escucha, hazme volver al mismo cuerpo.
Escucha, a veces no entiendo lo que escribo.
Escucha, no es la primera vez que el viento abraza al mar.
Escucha, proclamo fielmente la belleza de mi oficio.
Escucha, esta noche es rimbombante.
Escucha, he vuelto a trazar una súplica natural sobre las paredes manchadas de esta bellísima ciudad de mierda:

            Poetas, que sus voces sean pájaros, pero más infinitas.

Poetas, que sus voces no estén pintadas de sueños, sino que pinten nuestros sueños de voces.

Nunca se hagan de lluvia si la lluvia no está.

No guarden su rostro en sus páginas, sino en la arena.

No dejen que su lengua sea fruto de una nostalgia que no es verdadera.

Poetas, hagan todo lo contrario a lo que digo, y también lo que digo.

Pierdan su destino en cada ciudad.

Aten su locura en nuestros ojos.

No olviden que su impulso es tan ancestral como cotidiano.

Poetas, sepan ser instrumento de su catástrofe, nosotros hallaremos en ustedes la nuestra.

Poetas, los árboles son hombres sin memoria, háganlos recordar.

No repitan las canciones de otros, sean ustedes su propia melodía.

            Poetas, no canten al mar si el mar no lo pide.

            No canten la llegada de la aurora si no ha entrado en silencio en sus corazones enterrados.

            No canten un rumor natural si no estalla en sus memorias.

            No canten, no canten si no van a llenar el vacío de rosas transparentes.

            No canten, no arrastren nuestras cabezas hacia las tinieblas si no han derramado su vida en la aflicción y el miedo.

            No canten, no canten si no nos van a encerrar en sus jaulas, si no nos van perfumar en su aliento, si no nos van dar un sentido intacto de la vida.

            No canten nada que no se parezca a lo que son.

Poetas, hágannos confundir
los ríos con las montañas,
los corazones con el agua,
los muelles con la primavera,
los caballos con los bosques,
las golondrinas con la nieve,
los demonios con las piedras,
la luna con la muerte,
la sangre con las mariposas,
las riveras con los mares,
los girasoles con las manos;
pero sobre todo, hágannos creer.

Jesús Montoya (Tovar, Mérida, Venezuela, 1993). Estudiante de Letras mención Lengua y Literatura Hispanoamericanay Venezolana de la Universidad de Los Andes – Estado Mérida, Venezuela.

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Around The World In 80 Days: Venezuela

Guacuco Beach
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Caracas
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Cascada En Mérida
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