Los-Simuladores

“Y ¿contra qué te rebelás? ¿Contra el sistema ? ¿Contra la matriz? (…) decime una cosa, ¿vos sabés quienes son los dueños de las fábricas que hacen esas remeras? viven en barrios privados, te lo aseguro. ¿Te pusiste a pensar cuánto factura el negocio de la rebeldía? Pensalo, es ridículo. Tanta gente combatiendo el sistema y el sistema cada vez más enriquecido. Hoy por hoy, si te querés rebelar… Tenés que usar saco y corbata.” 

- Mario Santos (Federico D'Elias - Los Simuladores)

Qué triste que es verlas encerradas,
hermosas criaturas aladas.
Mi corazón
(que no es el del león)
pareciera quebrarse o derrumbarse
cuando la Jirafa
(que sabe que no safa)
sueña vanamente con atravesar el paredón.
El elefante
(ni astuto ni elegante, inofensivo pero gigante)
con pruebas gratas (y a menudo hilarantes)
divierte al hombre, diminuto visitante
y eterno admirador,
sin saber que en realidad es su captor.
Qué ironía que tan inmenso predio,
para ustedes cuna de la injusticia y del horror,
sitio del encierro y del temor
esté ubicado en nuestros mapas
en la Avenida del Libertador.
Oh, cruentas serpientes,
ustedes sí merecen la prisión,
pues me entere recientemente
que a sus presas no matan por hambre,
sino por diversión.
—  Gabriel Medina
Los 90, la década infame. Fueron los años en los que el mal gusto invadió la nación. Los shoppings, los teléfonos celulares, las 4x4, los mega gimnasios, las camas solares, las cirugías plásticas. La ilusión de felicidad depositada en lo más efímero que tiene el hombre: su cuerpo. Mujeres monstruosas caminando por la vía pública. Grandes carteles de publicidad, agrediendo el diseño urbano de nuestra ciudad. Hombres cuya única preocupación pasa por si sus nalgas están erguidas o no. Dios mío, confieso que a veces he temido, del advenimiento de un nuevo diluvio. Y perdimos el cine Gran Splendid. Una verdadera tragedia.
—  Los Simuladores