La-Reseca

im gonna play with @blacckeys › ¿A quién demonios pretendía engañar? Ella no era buena montando escenas, lejos de demostrar lo que realmente pasaba y sentía. Ser siempre una persona honesta, y directa, le había traído cómo daño colateral, no poder rescatar a su mejor amiga de los brazos de lo que para ella, se resumía ser un verdadero patán. Con las manos echas un sismo, y la garganta reseca; se paró de píe frente al domicilio del joven, y tocó a la puerta, esperando de que está pudiera darle un pequeño acceso. “¿Hola? Soy yo, ¿Maëlle, la amiga de Mindy, ¿Me recuerdas? ‘sí, ella, la que te odia con cada centímetro de su corrompida alma’ pensó, mientras se desahogaba entre el tenue rechinido de sus dientes. Casi lo lograba, hasta que la repugnante cara del masculino, comenzaba a revolver el estomago. “Lo sé, es… bastante tarde. Pero mi coche se averió a una cuadras de aquí, y no pude localizar ninguna grúa a estar horas, ¿Te molestaría darme acilo por una noche?” culminó el parloteo finalmente, aterrizando sus dientes, sobre sus labios hipócritas.

Las pupilas dilatadas, el pulso acelerado, la boca reseca, la sonrisa en los labios y la mirada, el estómago encogido y las manos sudorosas. Cuantas sensaciones se producen por el simple hecho de ver a una persona que te gusta.

Se notaba la garganta reseca, y no, no es porque justamente hubiera tenido taller de canto antes, se notaba de esa manera varios días antes y temía haber enfermado de la garganta. Así que decidió hablar lo menos posible durante el resto del día, una táctica un poco estúpida, pero bueno. Tampoco es que mucha gente le dirigiera la palabra, con lo insoportable que Ettie se mostraba normalmente. Así, sentada en una mesa vacía en la cafetería, comenzó a comer su plato de espaguetis, notando un sabor peculiar en estos: -¿Pero qué…? Se suponía que eran boloñesa, por dios. Qué coño le han echado.

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Hoy me desperté con una ausencia nueva. Es que recién supe que había pasado tanto tiempo desde el famoso “no quiero volver a saber de ti”, que mis manos no se habían percatado que me habías soltado (de verdad) aquella vez. No lloré, pero si mis ojos se volvieron agua y recuerdos. Sentí frío y como la piel reseca. Es que esta vez sentí por dentro lo que pasa cuando alguien se va (de verdad), lo que pasa con uno cuando de repente se da cuenta que alguien decidió arrancarlo de los adentros y cerrar la puerta sin remordimientos.  El otro día escribí sobre él, pero su indiferencia enlutó mis letras. También pensé en decirle un hola, en abrir un poco una rendija para ver cómo estaba su vida (sin nosotros de verdad), pero me arrepentí. Hoy lo eché de menos, cerré los ojos para recordar cuando éramos felices pero lo único que llegaba a mi mente era el derrumbe de sus palabras, eran sus ojos llenos de nada al verme lejana. Quisiera saber si me extraña (de verdad), si un día que otro ha querido romper esa promesa de  "no volver a saber nada", pero sé que es inútil. Me toca acostumbrarme a esta ausencia nueva, aprender a amarla y abrazarla porque por lo que veo su estancia conmigo será para siempre.

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M. Sierra Villanueva