Gemelas

anonymous asked:

No entendí tu descripción "el conflictivo proceso de encontrarte con tu alma gemela" no sé

Lo leí por ahí, y pensé en que quizá las personas que creemos que serán nuestra otra mitad, la que lleva la otra parte del hilo rojo, termina siendo alguien más, alguien del común, alguien que sólo paso por nuestras vidas para darnos una lección, una enseñanza, y quien sabe, a veces hay que huir de esas personas, porque llegará el punto que te cegara y creerás que no hay más nadie, pero lo hay y depende de nosotros seguir buscando.

El secreto de las gemelas.

Tatiana y Ludmila son lituanas, gemelas y pelirrojas. En Vilnius, la capital de su país, todos las conocen.

Desde el primer instante en el que fueron engendradas, están juntas. Pero no es el amor mutuo lo que las une.

De pequeñas, jugaban siempre solas. Muchos trataron de presentarles a otros niños.

Tatiana y Ludmila estaban siempre susurrando secretos entre sí, hablaban de lugares mágicos a los que nadie, excepto ellas, podía acceder.

Cuevas, árboles, armarios.

Todos pensaban que al llegar la adolescencia, las jóvenes querrían diferenciarse entre ellas.

Pero la unión entre las hermanas se hacía cada vez más fuerte, y la preocupación de sus familiares aumentó.

“Hijas, ¿por qué no os ponéis guapas y salís a pasear? Seguro que hay chicos que quieren conoceros”, les dijo un día su madre.

“Sólo somos bellas mirándonos la una a la otra. Somos nuestro espejito”, contestó Tatiana.

Eran tan presumidas como para olvidar su propia individualidad?

Las gemelas habían enloquecido. Su madre lo comprendió el día en que encargaron la confección de un vestido en el que cupieran juntas.

“Mira, mamá, ¿qué hay más bello que dos gotas de zumo de zanahoria?”, rió Tatiana.

“¿Es que no lo ves, Tatiana? ¿Es que no te ves? ¡Estás sola! ¡Siempre lo has estado!”, lloró la madre.

Por primera vez en su vida la joven sintió que su hermana no estaba a su lado, que nadie llenaba la otra manga del vestido blanco: “Ludmila, ¿dónde estás?”.

Tatiana se quitó el vestido y deambuló desnuda por casa, buscando a su hermana.

Se sentía mareada, no oía a su madre, a nadie. De pronto, vio un papel que brillaba en la mesa del salón.

“Tatiana Brazauskas. Trastorno agudo del espectro autista y esquizofrenia paranoide”.

Había algo escrito a mano: “Cree que tiene una hermana gemela desde que nació”.

Imagina que una parte de ti es ficticia. Y que todos lo saben menos tú

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Son gemelas, son pelirrojas y guardan un secreto

Un relato de ficción basado en las fotografías de Julie de Waroquier.. 

Tatiana y Ludmila son lituanas, gemelas y pelirrojas. En Vilnius, la capital de su país, todos las conocen.

Desde el primer instante en el que fueron engendradas, están juntas. Pero no es el amor mutuo lo que las une.

La primera vez que las pusieron en cunas separadas empezaron a llorar a pleno pulmón.

El estruendo fue tal que los vecinos se quejaron. Los padres dejaron que las recién nacidas se abrazaran por esa noche.

No imaginaban que Tatiana y Ludmila seguirían haciéndolo hasta hoy.

De pequeñas, jugaban siempre solas. Muchos trataron de presentarles a otros niños.

Las maestras, los vecinos, los compañeros de clase. No sirvió de nada.

Tatiana y Ludmila estaban siempre susurrando secretos entre sí, hablaban de lugares mágicos a los que nadie, excepto ellas, podía acceder. 

Cuevas, árboles, armarios. 

Todos pensaban que al llegar la adolescencia, las jóvenes querrían diferenciarse entre ellas.

Pero la unión entre las hermanas se hacía cada vez más fuerte, y la preocupación de sus familiares aumentó.

“Hijas, ¿por qué no os ponéis guapas y salís a pasear? Seguro que hay chicos que quieren conoceros”, les dijo un día su madre.

“Sólo somos bellas mirándonos la una a la otra. Somos nuestro espejito”, contestó Tatiana.

¿Eran tan presumidas como para olvidar su propia individualidad?

Las gemelas habían enloquecido. Su madre lo comprendió el día en que encargaron la confección de un vestido en el que cupieran juntas.

“Mira, mamá, ¿qué hay más bello que dos gotas de zumo de zanahoria?”, rió Tatiana.

“¿Es que no lo ves, Tatiana? ¿Es que no te ves? ¡Estás sola! ¡Siempre lo has estado!”, lloró la madre.

Por primera vez en su vida la joven sintió que su hermana no estaba a su lado, que nadie llenaba la otra manga del vestido blanco: “Ludmila, ¿dónde estás?”.

Tatiana se quitó el vestido y deambuló desnuda por casa, buscando a su hermana.

Se sentía mareada, no oía a su madre, a nadie. De pronto, vio un papel que brillaba en la mesa del salón.

“Tatiana Brazauskas. Trastorno agudo del espectro autista y esquizofrenia paranoide”.

Había algo escrito a mano: “Cree que tiene una hermana gemela desde que nació”.

“Imagina que una parte de ti es ficticia. Y que todos lo saben menos tú”