Ensayo

Escribir también puede ser un intento de defendernos de aquellas sombras que, si las dejamos sueltas, si no las amarramos con nuestras palabras, se apoderarían de nosotros.
—  Fragmento de Escritores delincuentes, José Ovejero
¿Qué nos recuerda la poesía? Que lo esencial de la vida, lo que realmente importa, es algo que está más allá de la estadística y la máquina, de la prisa y las ocupaciones, del ruido y el progreso: algo que tiene que ver con la respiración, el vínculo y el silencio. Y que ese algo difícil de cerner está siempre ahí.
—  Jorge Riechmann

No, Van Gogh no estaba loco, pero sus telas conformaban mezclas incendiarias, bombas atómicas, cuyo punto de vista, en comparación con el de
todas las pinturas que causaban furor en la época, hubiera podido alterar
gravemente el conformismo larval de la burguesía del Segundo Imperio, y de
los sicarios de Thiers, de Gambetta, de Félix Faure tanto como los de Napoleón III.

Porque la pintura de Van Gogh no se opone a cierto conformismo de las
costumbres sino al de las mismas instituciones. Y después del paso de Van
Gogh por la tierra, ni la naturaleza exterior, con sus mareas, sus climas y
tormentas equinocciales puede conservar la misma gravitación.

Con más razón en el terreno social, las instituciones se desarticulan, y la
medicina parece un cadáver inservible y en estado de descomposición que
proclama la locura de Van Gogh.

La lucidez en acción de Van Gogh, deja a la psiquiatría reducida a un tugurio de gorilas, obcecados y perseguidos, que sólo tienen como recurso, para atenuar los más terribles estados de angustia y opresión humana, una
ridícula terminología, producto que corresponde a sus viciados cerebros.
No hay psiquiatra, en efecto, que no sea un manifiesto erotómano.

Y no creo que haya excepciones en la regla de la arraigada erotomanía de
los psiquiatras.

Hay uno que hace algunos años se rebeló ante la posibilidad de verme acusar, en su totalidad, al conjunto de notables crápulas y timadores patentados al que él pertenecía.

Señor Artaud, en lo que a mí me toca -me decía- no soy erotómano, y lo reto a que muestre una sola prueba para justificar su acusación.

Sólo tengo que presentarlo a usted mismo como prueba, Dr. L…; lleva la marca en la cara, pedazo de sucio cochino.

Tiene el aspecto de quien mete su presa sexual bajo la lengua y después la hace girar como una almendra, para despreciarla a su manera.
A esto le llaman quedarse con la mejor porción y quedar bien.
Si en el coito no consigue ese cloqueo de la glotis que usted conoce tan
bien, y de forma simultanea el gorgoteo de la faringe, el esófago, la uretra y
el ano, usted no se da por satisfecho.

En el transcurso de estos espasmos orgánicos internos, usted ha adquirido
cierta tendencia que es prueba encarnada de un asqueroso estupro, que usted siembra cada vez más, año tras año, porque en términos sociales no cae bajo la égida de la ley, pero cuando la conciencia lesionada sufre enteramente, cae bajo la égida de otra ley porque ese modo de comportarse le impide respirar.

Mientras que usted, por una parte, establece que la conciencia en actividad produce delirio, por otra la asfixia con su infame sexualidad.

Y es ése, justamente, el terreno en el que el pobre Van Gogh era casto,
casto como ni una virgen ni un serafín podrían serlo, porque son ellos,
justamente los que han promovido y alentado en sus inicios la gran maquinaria del pecado.

Extracto Van Gogh, el suicidado por la sociedad
Antonin Artaud (1947).

Limitar cada vez más el lenguaje conducirá a limitar el pensamiento y la forma en la que comprendemos el mundo que nos rodea, mientras más pequeño sea nuestra percepción del mundo más fácil les será a nuestros dirigentes ponernos la soga al cuello, o peor aún… que nosotros mismos la coloquemos
—  Jean Baptiste Matlec
Escribir es una maldición que salva. Es una maldición porque obliga y arrastra, como un vicio penoso del cual es imposible librarse. Y es una salvación porque salva el día que se vive y que nunca se entiende a menos que se escriba. ¿El proceso de escribir es difícil? Es como llamar difícil al modo extremadamente prolijo y natural con que es hecha una flor. No puedo escribir mientras estoy ansiosa, porque hago todo lo posible para que las horas pasen. Escribir es prolongar el tiempo, dividirlo en partículas de segundos, dando a cada una de ellas una vida insustituible. Escribir es usar la palabra como carnada, para pescar lo que no es palabra. Cuando esa no-palabra, la entrelínea, muerde la carnada, algo se escribió. Una vez que se pescó la entrelínea, con alivio se puede echar afuera la palabra.
—  Clarice Lispector
Conversaciones conmigo mismo

- ¿QUÉ ES “ARTE”?

Existen diversos tipos de lenguaje: está el leng…

- ¡Espera, espera, espera!

- ¿Qué pasa, por qué me interrumpes?

- Estamos hablando sobre “arte”, no sobre lenguaje, no te confundas.

- Ya lo sé, pero quiero hacer una introducción si tú me dejas.

- Vale, pero no te vayas por las ramas, que nos conocemos.

- Fíjate, ahora mismo por tu culpa ya me estoy yendo por las ramas.

- Tienes razón. Continúa.

- No puedo continuar, ni siquiera he empezado algo para poder continuarlo.

- Pues empieza.

- Vale.

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Follar es lo único que desean los que van a morir. Follar es lo único que desean los que están en las cárceles y en los hospitales. Los impotentes lo único que desean es follar. Los castrados lo único que desean es follar. Los heridos graves, los suicidas, los seguidores irredentos de Heidegger. Incluso Wittgenstein, que es el más grande filósofo del siglo XX, lo único que deseaba era follar. Hasta los muertos, leí en alguna parte, lo único que desean es follar. Es triste tener que admitirlo, pero es así.


Roberto Bolaño