Esa presión en el pecho, ese ardor en los ojos, ese dolor tan fuerte cuando te das cuenta que todo esta apunto de irse a la mierda. Sentirse tan mal por ser desilusionada otra vez..

Estoy confundida. ¿Dónde estoy?. Estoy mareada. ¿Dónde estás?
Estoy borracha. Estoy rota. Estoy llorando. Estoy sola.
Quiero llamarte, aunque probablemente con la música no pueda escucharte, así que intento con todas mis fuerzas poder levantarme del sillón donde estoy, y caminar hacia la salida.
Necesito escucharte. Estoy fuera, por favor contesta.
Espero tres tonos. Y contestas. Voz ronca, confundido, estabas dormido.
Son las 5:05 a.m. Carajo, te extraño.
- ¿Por qué me hiciste esto?- digo llorando con las palabras arrastradas.
- Por favor, ya no puedes seguir haciendo esto. Necesitas parar. Te estas acabando.- dices preocupado, desgastado. Sé que también estas destrozado.
- Tu me acabaste, ¿es que no lo entiendes?- replicó mientras me siento en la calle, y me recargo en la pared.
- Perdón. Lo sé, lo siento. Yo también te extraño, pero sabes que nos hacemos daño.
- A veces el amor no es suficiente.. Te sigo amando- replico y lloro porque es verdad.
- Yo también. Tengo que colgar- te despides. Se escucha el tono que indica que la llamada ha terminado.
Así cómo nosotros.
-La insuficiencia del amor.

“A veces eres la navaja, otras la herida.”

Pero no era mi caso, yo siempre era la herida, siempre me lastimaban, la que salía mal y destrozada en las situaciones era yo. La que lloraba, y se sentía una total mierda era yo, NADIE MAS. Me gustaría ser la navaja en ocasiones, pero no era así, siempre otros tenian que ocupar ese lugar, y yo obviamente, sangraba. Lo odiaba, odiaba ser la perjudicada en todo, quisiera ser la hija de puta yo en un momento.
Es fácil herir, pero no ser herido, y lo sé, porque yo soy la que se siente destrozada y no es fácil.