Conjuntos

Llevo días sin publicar nada. Y anoche iba a publicar una versión como de 600 palabras de este fic, pero me quedé dormida jajaja. Así que hoy al estar corrigiendo cosas, quedó en algo cerca de las 2000 palabras.

SPOILERS

Muchos spoilers jajaja, en fin. Disfrútenlo.

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Botas.

Cualquiera pensaría que después de haberse enfrentado a la muerte final y haber ganado, que después de que todos los malos entendidos fueron aclarados y de que pudieron enviar a su tataranieto sano y salvo al mundo de los vivos, las cosas serían más fáciles para Héctor.


Pero los grandes cambios no vienen de la noche a la mañana.


Imelda estaba feliz y satisfecha con saber que Héctor se había salvado de la muerte final, él era el amor de su vida, después de todo. Pero Héctor le había dado razones para seguir molesta con él. Así, después de asegurarse de que su marido estuviera a salvo terminó por retirarse a descansar. Habían ocurrido demasiadas cosas en una noche.


Obviamente, la mirada incrédula de todos no se hizo esperar. Pero así era ella. Terca y orgullosa, y por más que amara a su familia habían cosas que no iban a cambiar. Pero la esperanza fue latente, porque los cambios llegaron poco a poco.


Al día siguiente cuando Óscar y Felipe entraron al taller aún discutiendo sobre el tema de usar velcro o agujetas en un nuevo diseño, notaron la primer señal. Imelda estaba sentada trabajando con un par de zapatos mientras que de una pequeña radio se escuchaban un par de baladas melosas a hastiar. Se hicieron un par de señas y optaron por dejarla a solas con su empalagosa música.


En otra ocasión Victoria la encontró moviendo algunas cajas que estaban en uno de los cuartos, se le hizo extraño, pero no le dio importancia. Cuando escuchó a Imelda gritar y comenzar a maldecir por un obvio golpe que se dio, lo más sensato fue huir antes de cruzarse en su camino.


Rosita estaba en la cocina preparando algo de comer para su hermano Julio cuando vieron a Imelda entrar y rebuscar algo en la alacena mientras tarareaba una canción. Los hermanos se miraron entre sí y antes de que se dieran cuenta, Imelda salió sin decir nada.


En la casa de los Rivera Imelda estaba extraña. Asumieron que era porque estaba feliz de poder cantar de nuevo. Al menos sus hermanos siempre habían sabido que ella amaba cantar y verla tan contenta seguro era por ello. Sin embargo, ahora que sabían que Imelda estaba en buenos términos con la música, el resto de la familia Rivera aprovechó para ir a visitar a Héctor.


Rosita le preparaba comida deliciosa y Óscar, Felipe y Julio se turnaban para ir a dejársela y quedarse un rato a conversar con él.


—Imelda está rara

—Se la pasa cantando

—A mí me pareció verla bailar el otro día


Héctor sólo sonreía con esas imágenes en su cabeza. Él la recordaba perfectamente cuando eran jóvenes y bailaban en el kiosco, de camino a casa, en la sala y con la pequeña Coco en brazos.


Le encantaba tener visitas y buena comida, pero cada día que pasaba una pequeña niebla parecía consumirlo. ¿En verdad Imelda estaba tan enojada con él? No podía culparla, porque tenía razón, pero entonces tuvo una idea.


—¡Le llevaré una serenata! —gritó asustando a los gemelos que ese día lo habían visitado.


— ¿Estás seguro que te perdonará con eso?  —le preguntaron ambos a coro. Héctor asintió.


Estaba más que decidido. Ellos se habían enamorado a través de la música una vez. ¿Quién decía que no podría ocurrir de nuevo? Así salió de su casa aún en la zona de los olvidados y se encaminó al teatro para pedir una serie de favores a sus conocidos y amigos.


Aunque los asuntos legales con Ernesto aún no habían concluido, su reputación sí había cambiado de la noche a la mañana, por lo que no le costó ningún trabajo conseguirse un traje de charro en tonos beige con dorado, una guitarra y comenzó a practicar con un conjunto de mariachis un par de canciones que él habia escrito para su amada.


Al cabo de una semana, Héctor esperó la señal de Rosita y Victoria para poder colocarse bajo la ventana de la habitación de Imelda y soltar el grito de mariachi más largo que pudo para llamar su atención.


Los mariachis comenzaron a tocar y la luz en la habitación se encendió. Si Héctor aún conservara sus órganos, seguramente su corazón de le habría salido del pecho por tanta adrenalina. Se acomodó su sombrero y comenzó a cantar. Apenas llevaba un par de versos cuando notó la cortina moverse con sutileza ¡Estaba funcionando! Pero Imelda era un hueso duro de roer, y le tomó unas tres canciones antes de que la ventana se abriera un poco.


Héctor entonces estaba seguro de que se había enamorado de la mujer perfecta, porque cualquier otra muchachita habría salido a la primer canción, como lo habían hecho ahora la mayoría de los vecinos que observaban el espectáculo.


Cuando terminó con la quinta canción ya habían unas parejas y demás curiosos que se buscaban un lugar alrededor, disfrutando del tono romántico de aquella velada. Aunque el grupo de Mariachi estaba algo inquieto por los pocos y lentos avances.


—Es más terca que una mula —les dijo Héctor con la esperanza desbordándose entre sus costillas cuando sucedió.


La ventana del balcón de Imelda se abrió por completo y de entre la cortinas se dejó ver a la más hermosa fémina de todas. Algunas exclamaciones de asombro se le escaparon a la multitud que presenciaba el espectáculo musical. Imelda se quedó ahí esperando una canción en específico, y fue cuando Héctor dio la orden de que comenzaran a tocar Poco Loco.


Cuando estaban con vida, Héctor brincoteaba por todos lados, bailaba y sacudía las cejas de forma juguetona. Ahora hacía todo eso con algunas otras libertades, como darle vueltas a su cabeza y hacer malabares con ella. Incluido, por supuesto, lanzar su cabeza hasta la altura del balcón para tener un contacto visual con Imelda, con el que sus huesudas piernas le fallaron y tuvo que reacomodar sus huesos antes de poder seguir bailando hacia el final de la canción.


Una carcajada de Imelda fue todo lo que escuchó antes de verla desaparecer tras las cortinas y todos se quedaron petrificados en sus sitios. ¿Habría sido todo? La luz aún estaba encendida, y cuando Héctor estaba por pedirle otra canción a los mariachis, la puerta principal se abrió.


Imelda en toda su gloria estaba ahí. Héctor juraba que la rodeaba un brillo celestial y la gente alrededor no pudo más que contener la respiración. Caminó hacia él, lo rodeó estudiando su vestuario y se adelantó hacia la puerta unos pasos antes de volver la vista hacia él.


—Si te quedas ahí parado se va a enfriar tu chocolate caliente.


Los vítores de los espectadores fueron nada comparados con el grito de euforia más grande que se le hubiera escuchado salir al esqueleto más feliz de todo el Mundo de los Muertos. Corrió emocionado hacia la puerta después de dedicarle una sonrisa de agradecimiento a todos los presentes cuando Imelda volteó y bajó la mirada hacia sus pies hablando con desdén.


— Y quítate esas horrendas botas, te sacarán ampollas.


Cuando Héctor estaba en la cocina bebiendo su chocolate caliente con una pieza de pan dulce vio a Imelda con la dulzura en sus ojos, esa dulzura que había sido exclusiva para él cuando jóvenes y que Ernesto decía le causaba escalofríos. ¿Cómo era posible que esa dama tan dura tuviera un relleno azucarado? Quizá era por eso que Héctor siempre se refería a ella como si se tratara de una golosina. Que si era una charamusca en Semana Santa, o suave como el ate de membrillo, exquisita como el café de Tabasco con ojos que lo derretían como al chocolate de mesa en una olla.


Imelda siempre tenía ese efecto en él, dejarlo como a un idiota soñando despierto, haciendo poesía para ella. Porque no importara si estuvieran vivos o en los puros huesos. Imelda siempre sería el amor de su vida.


Ella, notando que el despistado de su marido estaba con ese brillo en los ojos al que sólo podía relacionar como un lapsus de ensoñación, optó por iniciar la conversación. Se sentó frente a él y le extendió su mano, el sentir sus dedos entre los de ella con esa calidez tan peculiar la hizo sentirse segura de nuevo.


—Espero que me perdones por tardarme tanto, pero quería pedirte disculpas de forma adecuada —le dijo ella antes de darle un ligero apretón y ponerse de pie —pensaba en ir a buscarte mañana, pero escuché a mis hermanos hablar de la serenata y decidí adelantarlo para hoy —completó mientras caminaba hacia la estufa para servirle más chocolate a Héctor, lo conocía bien, él seguro se terminaría otros tres jarritos de la bebida caliente antes de terminarse su pan.


—¿Ya sabías que iba a venir?


—¿Qué crees que estuve haciendo todo este tiempo? El chocolate no se iba a preparar solo.


Héctor no pudo más, se puso de pie y abrazó a Imelda por la espalda, alzándola un par de centímetros del suelo y comenzó a darle vueltas de la emoción. Y aunque ella quiso inventar mil excusas para que la dejara en paz, sólo atinó a reírse y volteó su cabeza para darle un pequeño beso en el pómulo.


—Ponme en el suelo —le pidió de forma amorosamente autoritaria. Héctor obedeció aún anonadado por el contacto y la vio dirigirse hacia la sala. 


¿Cómo era posible sentirse así a pesar de tantos años? Como un puberto enamorado, suspirando y cantándole al amor. Fuera como fuere, inquieto, ansioso y todo lo demás, aguantó y esperó impaciente a que Imelda regresara.


Cuando la vio volver a la cocina con una caja entre las manos sintió a su mandíbula abrirse lo suficiente para tener que cerrársela él mismo con la mano. Imelda sonrió satisfecha y puso la caja sobre la mesa.


—No pienso dejar a mi marido andar descalzo así no más

¿Había escuchado bien? ¿Su adorada Imelda preciosa acababa de referirse a él como “su marido”?


Gritó eufórico mientras le daba la vuelta a la mesa y alcanzaba a su amada esposa para rodearla con sus brazos. Sabía que ahora contaba con ella, que estaba perdonado y que ahora era parte oficial de la familia. Imelda correspondió el abrazo acariciando su espalda. Todo se sentía bien en el universo, como si las piezas que se habían roto hacía tanto tiempo volvieran a encajar.


Se sentían completos, por primera vez en muchísimo tiempo.


Cuando Hector se probó las botas y le quedaron a la medida se preguntó cómo rayos  Imelda había sabido su talla hasta que en la habitación, ella le confesó que el primer par de botas que hizo estando con vida, habían sido para él, esperando a su regreso. Obviamente esas botas seguían en la hacienda de los Rivera, pero le había pedido a Coco que la enterraran con su primer par de botas que hizo. Así que tenía una copia de ese par en su casa en el mundo de los muertos.


—Obviamente el diseño y mis habilidades mejoraron con los años y por eso busqué ese viejo par de botas para sacar tus medidas y te hice un par nuevo. Además, no es como si fuera a a olvidar que calzabas del 8 y medio.


Héctor podría escuchar sus historias para siempre. Dejo que ella se acomodara sobre sus costillas y acarició su cabeza después de darle un beso en la frente. Nada era mejor que estar al fin con su amada. Y ésta vez, ni siquiera la muerte podría separarlos.

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Espero les haya gustado.

Dificilmente gosto de responder à perguntas, não gosto de falar sobre minhas ações, defeitos ou qualidades. Eu poderia até falar da minha personalidade, do que gosto ou não, sobre o que me agrada ou sobre o que detesto, mas para falar a verdade eu não quero, meu pequeno mundo pertence somente a mim e aos poucos que conseguiram quebrar a barreira que construí a minha volta. Não tenho interesse algum em agradar a todos, sou o que sou, e quem gosta de verdade, permanece! Sempre desconfiei de pessoas que gostam de passar uma imagem de boazinha ou solícitas demais. Pois não adianta querer expor qualidades, pois quem nos define são as pessoas e cada uma tem um conceito  e uma visão diferente sobre nós e nunca vamos ser suficiente para suprir as expectativas das pessoas que passam pela nossa vida. Com o tempo e amadurecimento, todos nós passamos por mudanças. Quem nunca mudou de opinião sobre algo com o tempo e passou a ver certas coisas de um ângulo diferente? Somos apenas seres humanos, com conjunto imenso de coisas boas e também cometemos falhas com frequência, pois ninguém é perfeito. A pior coisa é se auto-rotular e nós podemos ser o que nós quisermos. E eu? mudarei meus caminhos sempre que julgar necessário, não importa o resultado final, seguirei sempre o meu sentir. Afinal, somos seres mutáveis.
—  Giulia S.

Serias tu a luz pra minha escuridão?
Serias tu a luz pra minha desilusão?
Será pecado isso que sinto dentro de mim quando tu me toca?
Será pecado isso que sinto quando me olha e me provoca?

  Mas se me faz bem estar com você, não me importo com olhar dos outros, eles jamais saberiam como é amar a alma ao invés de somente o sexo, somente o corpo.


Hoje a intenção é trazer você pra perto desse meu corpo, vou expor minha alma e te mostrar que por dentro não sou tão oco, você vem com seu amor que eu sei que não é pouco.


E aqui dentro sentirei a chama quente que sentia quando você vinha, me acariciava e me abraçava, hoje seremos o fogo que para eles tanto faltava, hoje seremos erupção. De alma, corpo e coração.

—  As Luas de Plutão, recitiei & seescute.
Você sempre foi meu único argumento para sentir-se feliz. Eramos o corpo e a alma em conjunto de uma ocupação só. Nossos olhos conversavam. Não tinha nada mais perverso e doce como nós dois juntos. Você se foi, mas ficou, olha que confusão.
—  Ana Lua, Uma bêbada consciente.
Mi vida es un conjunto de cosas malas que se fueron acumulando a lo largo de los años, dejándome podrida por dentro.
Enquanto no mundo de hoje a palavra amor vem sendo pronunciada com tanta facilidade. Pra mim, a palavra amor continua só fazendo sentido em conjunto com a sua voz.
—  Giulia S.

Eres un mundo.
Un mundo precioso con paisajes y curvas, un mundo precioso con un cielo estrellado de pensamientos.

Eres un conjunto de hermosas virtudes, muchas más de las que crees.
Eres lo que haces sentir.

Eres increíble, aun cuando la vida te dice lo contrario.
Eres constelaciones de lunares preciosos repartidos por tu cuerpo, pidiendo a gritos besos sinceros, plagados de ternura.

Eres tormenta, causas caos en mentes que ni te imaginas.
Eres calma, reflejo de luna llena en las pupilas de aquel que te ve sonreír.

Eres secreto, misterio.
Eres locura, locura especial con reflejos de inteligencia.

Eres este y oeste, eres norte y sur. 
Eres más que un conjunto de direcciones.

Eres un mar de sentimientos.
Eres el sueño de alguien por las noches.

Eres lo que sabes y lo que ni te imaginas.

Eres más fuerte de lo que te sientes, eres motivación y alegría en días grises.

Eres mucho, mucho más de lo que puedes imaginar.
Y no desesperes, que los viejos amores no han sabido apreciar la obra de arte que tenían delante. 
Y no te atormentes
Llegará quien rompa tus esquemas y te haga entender porque nadie más se quedó. 
Llegará alguien que te haga sentir más de lo que ya has sentido.
Solo tienes que tener paciencia, seguir viviendo tu vida al máximo, y en un parpadeo descuidado que des, lo encontrarás sin recordar si quiera que lo estabas buscando.

—  La sinfonía del alma.
Una persona como tu...

A veces me pongo a pensar que no existe en el mundo una persona como tú, una persona que en el primer momento en que la conocí, despertó el sentimiento mas hermoso que he llegado a concebir en mi corazón, ese sentimiento tan hermoso, tan especial, tan maravilloso es “el amor”, solo un sentimiento que una sola persona me ha hecho sentir…

Es un sentimiento tan profundo que cada vez que te veo siento esa alegría, esa felicidad, esa energía que me dice que eres lo que siempre soñé, que me hace vibrar de felicidad, me hace sentir lo hermosa que puede ser la vida solamente estando a tu lado…

Qué lindo es a la vez sentir tu cariño, mirar esos ojos en los cuales veo cada día, reflejados en ellos esa pasión, ese amor la misma que siento yo al verte, seria difícil tratar de explicar con palabras lo inmenso y profundo que es mi amor por ti, sería difícil pensar que pueda existir una vida en la que yo no me encuentre junto a ti, alejado, de tus labios, de tu piel, de todo lo que en conjunto formas tu, lo que eres tu para mi, se puede describir solo con una palabras, pero estas palabras son solo palabras que al compararse con la realidad serían palabras vacías, porque las palabras sobran cuando se trata de describir a una persona tan maravillosa como tu, tu eres mi inspiración, mi gran verdadero y único amor, eres lo mejor que me ha pasado en la vida, eres y serás lo más importante para mi hoy, mañana y siempre.

Tu amor