ALA-11

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THE   E N D.

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Haikyuu!! Second Season

Kuroo Tetsurou [Episode 4]

Happy Birthday Mish! (@tobiohchan) ❤️

BAJO TUS ALAS (WIGETTA)

CAPÍTULO 11 “NO LOGRO ENTENDERTE”

Narra Willy

La visita a la Universidad ha ido realmente bien. Ha sido una excelente idea ir un par de días antes de la reunión del viernes en la oficina de coordinación estudiantil. De igual forma estoy seguro que terminaré perdido, el lugar es realmente enorme, nada comparado con mi facultad en Cádiz, pero seguramente gracias a la visita podré orientarme un poco mejor.

Me tumbo en la cama mirando al techo. Hemos caminado tanto que me duelen los pies. Doy un par de vueltas antes de encontrar una posición cómoda. No lo consigo. Acabo de llegar a casa… acaban de traerme a casa, mejor dicho. Por fin he conocido a Dexter, uno de los mejores amigos que Samuel ha hecho aquí. El tío es bastante majo, habla mucho y es de los que tratan a las personas como si las conocieran de toda la vida, así que en general me ha caído bastante bien. La tarde de hecho pudo haber sido muy agradable, a no ser porque Samuel se comportó bastante extraño. Más de lo normal. Y eso no es poco decir.

Samuel no solamente se la pasó callado la tarde entera, como si le cobraran por decir cada palabra. Terminó desapareciendo de pronto, con un montón de palabrerías que me sonaron a excusas. Tampoco es que me haya atrevido a reclamarle, aunque ganas no me faltaron.

‹‹No reclames frente a su amigo›› Tuve que repetirme a mi mismo un par de veces cada que sentía ganas de saltarle encima para quitarle esa cara de empanado de un guantazo.

Me levanto de la cama para ir hasta el salón a ver una película y poder pasar el rato. Es bastante temprano y aun faltan un par de horas para que Samuel salga de su turno en el hospital. En el camino tropiezo con algo que casi me hace caer de boca al piso. Miro hacia abajo para encontrarme con un pequeño camión de bomberos de juguete y la carita de Joel aparece en mi mente haciéndome sonreír. Antes de conocerlo imaginé, por supuesto, que me caería bien, después de todo es hijo de mi mejor amigo, una de las personas mas importantes de mi vida, si debo ser sincero. Aun así jamás me imaginé que llegaría a sentir cariño por un niño que prácticamente acabo de conocer hace un par de días.

Me dejo caer en el sillón, enciendo la tele y doy un par de vueltas por todos los canales antes de encontrar algo que llame mi atención, al menos un poco. Media hora después ya empiezo a sentirme adormilado.

Escucho la puerta abrirse y abro los ojos sobresaltado. No me he quedado profundamente dormido, pero tampoco es como si le estuviera poniendo mucha atención a la película. Escucho la voz de Samuel llamándome y por alguna razón, en lugar de responder, cierro los ojos y me hago el dormido.

Pasan un par de minutos hasta que siento pasos acercándose y luego el sillón se hunde a un lado de mí. Estoy esperando que me mueva, que intente despertarme, pero no sucede nada. No se cuanto tiempo pasa, pero permanece en silencio y yo solamente lo escucho respirar ¿Qué está haciendo?

Abro los ojos y me lo encuentro con su mirada perdida y expresión concentrada y por un momento y como siempre, deseo saber que es lo que está pensando. Y me doy cuenta que probablemente nunca lo voy a saber.

Hemos terminado comiendo sándwiches y hablando de un montón de tonterías hasta las tantas de la noche. Van a ser las 2 de la mañana cuando prácticamente me tengo que llevar a Samuel a jalones a su habitación para que duerma un poco antes de su próximo turno en el hospital.

Limpio la cocina y dejó todo en orden, antes de irme a dormir casi a las 3 de la mañana. He decidido no preguntarle nada acerca de su extraña actitud.

……………………………………….

No ha sido mi mejor noche si debo ser sincero. Creo que he tenido un par de pesadillas, aunque no recuerdo ninguna de ellas con claridad. Son las 10 de la mañana cuando recibo un mensaje de Samuel diciéndome que pasará por mí para ir a comer con Joel, así que paso el resto de la mañana vagando en internet sin hacer nada realmente provechoso. Me siento un vago sin oficio, pero no puedo pensar en conseguir un empleo de medio tiempo, hasta que sepa cual será mi horario de clases y eso voy a saberlo hasta el viernes que vaya a la reunión en la Universidad.

Pasadas las 2 de la tarde escucho un par de golpes en la puerta de entrada. Abro y alcanzo a quitarme por poco, antes de ser arrollado por un pequeño bulto de poco más de un metro de estatura que corre hacia el baño a toda la velocidad que le permiten sus pequeñas piernas.

Cuando Joel sale del baño y por fin puedo saludarlo, salta a mis brazos en uno de esos abrazos efusivos a los que ya me está acostumbrando. Lo levanto del piso con facilidad y lo siento aferrándose a mi cuello. La sensación es tan cálida como extraña. Puedo ver por encima del hombro del pequeño, la mirada de Samuel y su sonrisa. No puedo evitar sonreír también.

Acabamos de subir al coche cuando escucho mi móvil sonando. Lo reviso para darme cuenta que es un mensaje de Dexter. Samuel se me queda mirando como preguntando sin hablar.

—Es tu amigo Dexter —le digo—. Quiere que nos veamos el sábado por la noche. Dice que hay lugares excelentes a los cuales salir a beber algo y que debo conocer Los Ángeles antes de que la Universidad me consuma.

De hecho estoy bastante de acuerdo en aprovechar los pocos días que me quedan antes de que las obligaciones de la Universidad no me dejen siquiera respirar. Al parecer Samuel no está muy conforme con eso.

—¡Dile que no! —me responde. No, de hecho su respuesta ha sido prácticamente un grito. Una exigencia. Intento dialogar antes de molestarme por nada ¿en serio está pidiéndome que rechace la invitación de uno de sus mejores amigos?

—¿Y porque habría de decirle que no? —le pregunto—. Me ha caído bastante bien y además es verdad lo que dice, me gustaría conocer Los Ángeles antes de que inicien las clases —Samuel tiene el ceño fruncido y ni siquiera ha arrancado el coche. Sus manos presionan con fuerza el volante y no entiendo porque se ve tan molesto.

—No puedes ir —vuelve a decirme y aquello ya es el colmo de la pringadez ¿pero que mosca le ha picado? ¿Se cree que porque vivo en su casa puede decirme lo que tengo que hacer? De hecho ha suavizado bastante el tono de su voz, pero sigue pareciéndome bastante fuera de lugar que se comporte como el padre que no le da permiso de salir a su hijo.

—¿Por qué no? —pregunto nuevamente. Respiro hondo intentando no empezar una pelea bastante tonta. Hay un niño presente después de todo.

—No puedes salir con Dexter el sábado en la noche… porque tú tendrás una cita conmigo —lo escucho decir con total seguridad.

‹‹¡¡¿Pero que me estás contando?!!››

Me quedo en silencio esperando a ver si va a decir algo más. En realidad estoy esperando a que de pronto suelte una sonora carcajada y me diga que todo es una broma ¿en serio ha dicho la palabra cita? No es que no podamos tener citas de amigos, pero lo ha dicho de una forma que ha sonado como… no se como ha sonado en realidad.

Volteo a mirarlo y está sonriendo y por alguna razón me ha contagiado su sonrisa ¿Y si su molestia era porque se sentía excluido de la salida con Dexter? ¿Y si solo está jugándome una broma? Estoy a punto de responderle quien sabe que, cuando mi móvil empieza a sonar con una llamada entrante. La foto de Dexter con una enorme sonrisa aparece en la pantalla. Foto que el mismo se tomó con mi móvil, por cierto.

—Es Dexter, está llamando —le digo a Samuel. Lo veo fruncir el ceño nuevamente—. ¿Puedo invitarlo también? —pregunto. La expresión de mi amigo cambia tanto y de forma tan repentina al escuchar mis palabras, que casi parece que hubiese insultado a su madre. Sus facciones se relajan unos segundos después y yo sigo hablando motivado por su silencio—. Podemos salir los tres, por mi no hay ningún problema, de verdad —veo la expresión de sorpresa en el rostro de Samuel y ya no se si lo que he dicho esta bien o mal. Resopla, me mira, mira nuevamente al camino que sigue inmóvil, porque seguimos con el coche aparcado afuera de su casa. Me mira nuevamente y ¡Dios! No se si está de acuerdo o no. No se si está molesto o la idea le agrada.

‹‹En serio, Samuel ¿Qué narices quieres que haga? ¡Me cago en todo!››

El móvil sigue sonando y ¿Por qué de pronto me siento como un animal acorralado?

—¡Responde! —me dice y no se si ha elevado la voz mas de lo necesario o yo ya estoy paranoico. Que no se atreva a gritarme nuevamente porque no respondo.

El móvil deja de sonar y ambos nos quedamos en silencio por un largo rato, hasta que la musiquita que ya me parece odiosa, se vuelve a escuchar. Mi primera reacción es voltear a mirar a mi amigo ¿Qué estoy haciendo? Siento como si estuviese pidiéndole permiso.

—Responde, pequeño —repite nuevamente y esta vez su tono de voz es normal, parece ser él nuevamente y parece que también se está obligando a si mismo a sonreír.

‹‹Me ha dicho pequeño››

—Hola, Dexter —respondo la llamada y de inmediato escucho la voz estruendosa y amigable de Dex del otro lado de la línea. Sonrío inconscientemente e intento seguirle el paso a sus atropelladas palabras, mientras observo de reojo a Samuel, estático y pensativo.

—¿Recibiste mi mensaje? —me pregunta.

—¡Tengo hambe, ! —escucho la vocecita de Joel quejándose desde el asiento trasero y el motor del coche por fin arranca antes de que yo pueda responder.

………………………………………

La comida pasa entre miradas que encierran un montón de palabras no dichas, silencios incomodos y con Joel embarrado de mostaza hasta el cabello y la sonrisa más amplia e inocente que haya tenido la oportunidad de ver. Es claro que él niño no se entera de que la tensión en el ambiente casi hace que el  aire sepa amargo.

Quiero preguntarle a Samuel que es lo que le sucede, pero por alguna razón siento que vamos a iniciar con una discusión tan tonta, que un niño feliz no tendría porque ver. Joel come tan tranquilo y ajeno a nuestras miradas recelosas que no me da la gana acabar con su tranquilidad.

Samuel se levanta para responder una llamada y se aleja lo suficiente de nosotros como para que no sea capaz de escuchar ni una sola palabra de lo que dice. Aun así no parece ser una conversación para nada amistosa. Lo veo ir de un lado a otro mientras habla y solo hace eso cuando está discutiendo.

‹‹¿Que es lo que te pasa?››

Cuando regresa a la mesa no comenta nada y se ve tan sumido en sus pensamientos que tampoco me animo a interrogarlo. Me limito a preguntarle si todo está bien y asiente sin decir nada mas como restándole importancia. De igual forma yo estoy seguro que algo no está bien. Hablamos de cosas sin importancia luego de eso e intento mantener una conversación más o menos fluida mientras transcurre la comida. Samuel me responde a todo bastante desganado o eso me parece a mí. Decido concentrarme en el niño el resto de la tarde, en sus balbuceos, sus risas y el montón de preguntas sin sentido que me hace. Al menos me hace reír y por segundos me olvido de Samuel y su mirada que parece reclamarme algo, aunque no se que.

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Llegamos a casa después de haber pasado el resto de la tarde caminando de un lado a otro en el centro comercial. Hemos dejado a Joel en casa de los padres de Samuel y cuando por fin estamos solos, lo primero que hace mi amigo es avanzar a su habitación sin decir una sola palabra. Pero no estoy dispuesto a dejar que escape de mi sin darme una explicación acerca de su comportamiento.

—Me vas a decir en este momento que es lo que te pasa —detengo a Samuel plantándome frente a él. Queda claro que no se esperaba mi reacción, pues se estrella de frente conmigo, aunque tarda segundos en alejarse dando un par de pasos atrás como si hubiese tocado fuego.

—No se a que te refieres —responde, y siento ganas de darle un golpe por pringado ¿de verdad va a fingir que no pasa nada? Mira al piso, mira a la pared, mira a la jodida mosca que pasa volando, pero evita a toda costa mirarme a los ojos y yo estoy empezando a cabrearme.

—¿Te molesta que haya invitado a tu mejor amigo a salir con nosotros? —le pregunto y por fin logro captar su atención, pues voltea a mirarme con el ceño fruncido.

—Tú eres mi mejor amigo —responde. Esta vez no desvía la mirada.

—¿Y cual es el problema entonces? —pregunto—. Te has estado comportando muy extraño desde que estuvimos en la Universidad. Apenas ayer te dije que sentía que estaba sobrando aquí. Me repetiste que no era así y ahora que intento llevarme bien con tus amigos, convivir con personas que se supone que son importantes para ti, pareces molesto y ¡Joder, Samuel! No te entiendo. No tengo ni una semana aquí y ya estamos discutiendo por tonterías. Si piensas que esto no va a funcionar, dímelo de una vez. Puedo conseguir un lugar donde vivir y…

—No digas eso ni de broma ¿vale? ¡Tú no vas a irte de aquí! —responde interrumpiendo mis palabras. Se escucha seguro de lo que dice y se que de verdad no quiere que me vaya pero…

—Dime que es lo que pasa entonces ¿no quieres que tu amigo Dex nos acompañe? ¿No quieres que seamos amigos? Sea lo que sea suéltalo ya, porque no me gusta que las cosas entre nosotros estén de esta manera.

Se queda en silencio un momento. Abre y cierra la boca un par de veces como dispuesto a decir algo que finalmente no dice. Está pensando demasiado su respuesta y eso me hace pensar que está buscando una muy elaborada excusa.

—Me han llamado nuevamente —me dice y tardo un par de segundos en comprender a que se refiere. Siento una repentina presión en el pecho y creo que no me equivoco al pensar que no es el único motivo por el cual ha estado comportándose tan extraño, pero el asunto es tan delicado que no me atrevo siquiera a mencionar de nuevo el tema de Dexter. Después de todo es uno de sus mejores amigos ¿Por qué iba a molestarle que fuera mi amigo también?—. Se que no debería preocuparme —me dice—, las leyes deben estar de mi lado, pero aun así, de solo imaginar que pudieran quitármelo…

Me acerco a él sin pensarlo ni un segundo y se que no podría contar la cantidad de veces que él me ha abrazado, pero esta debe ser una de las pocas veces en las que el abrazo lo inicio yo. Y no soy muy bueno consolando personas y Samuel tampoco es de los que se doblega a la primera, pero siento la necesidad de hacerle saber que él también puede contar conmigo.

Lo rodeo con mis brazos y me quedo un rato así, respirando el aroma de su colonia y como siempre la sensación  de tenerlo tan cerca no es extraña, es tan natural y cálida como lo ha sido siempre. No se que decir, así que me limito a susurrar que debe confiar en que todo saldrá bien.

……………………………………

Es viernes por la mañana. Me levanto temprano, me alisto y salgo junto con Samuel rumbo a la Universidad. Tengo una cita con el coordinador de servicios estudiantiles para que me diga cual será mi horario, me hable de los cursos y me informe de las materias que podré revalidar.

Afortunadamente el hospital está en el campus y aunque Samuel entra a trabajar una hora mas tarde ese día, se ofrece a llevarme y no me niego porque se que no voy a ganarle. Las cosas entre nosotros están tan bien como siempre y de verdad agradezco eso.

Al llegar al llegar a la facultad, lo primero que nos encontramos es una chica de cabellos rizados y alborotados, que llega casi corriendo y saluda a Samuel plantándole un beso ruidoso en la mejilla. Se llama Elisa y hasta que escucho su nombre es cuando recuerdo que Samuel la ha mencionado un par de veces antes en alguna conversación.

Elisa una de sus mejores amigas aquí y también es su compañera de trabajo. Es de esas chicas que te cae bien de solo verla. Tiene ese aspecto hippie y despreocupado que te hace pensar que su vida debe ser lo más feliz del mundo.

Hablamos un buen rato hasta que debo entrar a la cita con el coordinador de la facultad; cita que de hecho pasa mas rápido de lo que hubiese imaginado. Me dan un par de hojas con los horarios, algunos nombres de libros que debo conseguir y un mapa del campus. Cuando salgo de la oficina, Elisa y Dexter están esperándome en una de las jardineras. Samuel ya no está.

—Samuel ha tenido que irse al hospital —Dexter dice apenas me acerco a ellos—. Dijo que hoy tendría doble turno, así que no podrían verse para comer.

No recuerdo que Samuel me haya dicho que tendría turno doble en el hospital, de hecho antes de salir de casa me había preguntado si me gustaría preparar algo de comer en casa en lugar de salir como todos los días. De inmediato siento que las cosas están mal nuevamente y mi buen humor se ha ido a la mierda en cuestión de segundos.

‹‹No te entiendo, Samuel. De verdad no te entiendo››

El resto de la tarde la paso con Elisa, quien por fortuna tiene el día libre en el hospital. Dexter ha tenido que irse a trabajar también, pero quedamos de acuerdo en que me llamará para la salida del sábado a la que por cierto Elisa también ha quedado invitada.

Son las 10 de la noche y he pasado todo el resto de la tarde solo. Lanzo mi móvil a la cama luego de recibir un mensaje de Samuel diciéndome que se quedará en el departamento de Olivia y no regresará a dormir ¿Es en serio? ¿Acaso está evitándome? No entiendo que narices es lo que le pasa y por momentos me arrepiento de haber decidido venir al otro lado del mundo, a un lugar que no conozco y donde mi mejor amigo prácticamente está evitando verme por razones que solamente él comprende.

Me quedo dormido un par de horas después, luego de dar mil vueltas en la cama intentando conciliar el sueño con un montón de preguntas sin respuesta en la mente y los ojos llorosos de rabia.

Son las tres de la mañana cuando escucho un ruido fuerte que me hace saltar de la cama, a ese ruido lo siguen varios más. Me levanto a tropezones y estoy a nada de estrellarme de cara contra el piso. Un ladrón debe haber entrado a la casa y yo miro a mí alrededor en busca de algo con lo que pudiera defenderme. No se si un palo para selfies sea de mucha ayuda, pero es lo único que encuentro a la mano. Lo tomo con determinación y agarro mi teléfono de la mesita de noche para marcar el número de emergencias.

No tardan en responderme y yo tardo menos en darles la dirección, repitiendo que hay un ladrón en casa y me siento como una señora histérica balbuceando en mi mejor inglés, pero en este momento lo que menos me importa es quedar en vergüenza por mi mala pronunciación.

Salgo de mi habitación sosteniendo en alto el palo para selfies, dispuesto a atestarle un golpe a quien se haya atrevido a meterse a la casa. Las piernas me están temblando y considero el hecho de esconderme y quedarme encerrado en la habitación, pero siempre la tontería puede más y algo me hace salir hasta el salón. Lo que me encuentro frente a mi es todo lo que yo no me esperaba.

—Tú tienes la culpa de esto —me dice. Y siento su aliento alcohólico aunque lo tengo a unos cuantos metros de distancia. Su mirada es molesta, está despeinado y sus calcetines blancos están llenos de… ¿eso es barro? ¿Por qué no tiene zapatos? Hay un jarrón hecho pedazos en el piso y el pequeño sofá del salón está patas arriba.

Empieza a balbucear cosas que no entiendo acerca de él y de mi y de como nunca he sido capaz de ver la realidad aun cuando es evidente. ¿Se cree que es muy sencillo entender a alguien que no habla claro?

—Yo estaba intentando hacer mi vida —vuelve a decir. Yo me he quedado mudo y aun sostengo mí improvisada arma en alto—, y tú siempre lo complicas todo Willy. En tres malditos días has puesto todo de cabeza.

No entiendo a que se refiere  y probablemente aun en medio de su borrachera, mi mejor amigo sabe que a veces los actos hablan muchísimo mas fuerte que las palabras.

En un par de segundos que le toma acercarse con pasos tambaleantes, me tiene acorralado en la pared del pasillo. He retrocedido un par de pasos por inercia y no tengo mas a donde moverme. Siento su aliento alcohólico cerca de mi rostro y sus manos me sostienen con fuerza de las mejillas. Se acerca tanto que siento sus labios prácticamente rozando con los míos. Abro la boca probablemente para pedirle que se aleje y siento de inmediato sus labios por fin completamente sobre los míos.

Mi mejor amigo me está besando y yo no estoy haciendo nada para detenerlo.

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Solo diré que los quiero mucho♥ Gracias por leer y por sus mensajitos