8 de março

frustración emanaba por cada uno de sus poros, volviéndola completamente vulnerable a ésta. una vez más, había discutido con su equipo de relaciones públicas, con sus padres, amenazas de cómo la forzarían a regresar si seguía comportándose de esa manera. sus pasos, rápidos y hambrientos, la dirigieron a la oscuridad de los jardines, iluminados por las luces artificiales y la luna. ni siquiera tenía ganas de cenar. “juro que voy a matar a alguien.” masculló, un volumen algo elevado. al percatarse de que no se encontraba sola, maldijo interiormente. “lo siento —aunque deberías correr, quizás seas mi víctima.” tonalidades jocosas, pero lejos estaba de sentirse animada.

Creo que nunca me voy a acostumbrar a las maravillas que cocinan en este lugar. Además, el servicio es tan bueno que si pides una sola galleta te regalan veinte, solo por si te quedas con hambre — comentó, sus orbes bien enfocados en el recipiente que llevaba sobre sus manos. ¿Ya había mencionado el tamaño que éstas tenían? ¡Porque era un detalle que debía resaltar en cualquier oportunidad! —No me han permitido quedarme solamente con dos, así que no sé qué haré con todas ellas. ¿Quieres una? Te prometo que no te arrepentirás — aseguró, finalmente elevando la mirada y encontrándose con las facciones ajenas.

—Antes de lucir como una acosadora, necesito pedirte algo,— comenzó, acercándose a la persona que se encontraba más cerca, con su cámara réflex bien segura en sus manos, y una de sus usuales y características sonrisas cruzando sus facciones. Ese gesto en especial tenía un brillo diferente: el brillo de alguien que está a punto de pedir algo. —Tengo un proyecto en mente para cuando termine el campamento, y… ¿Tienes algún moretón? Ya sabes, después de la competencia…— cuestionó entonces, llegando a ese punto sustancial de todo el asunto.