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Kiss my soul

@ruthhl

romántica empedernida y humanamente enferma de contradicción

Arte: Sarah Jarrett. Canadá, (1976). Artista gráfica. Pintura, collage, arte digital, ilustración, animación, moda decorativa y teatral.

Fuente: Google.com

Sueños y fantasmas. El arte de soñar.

Si hoy decides despertar. Puede que la vida no tenga ningún sentido, ninguna finalidad u objetivo. Quizá no exista un dios cuidando desde las alturas y todos seamos hijos del vacío. Sí, creo fielmente que cada ser vivo está totalmente perdido, asustado, solo y, que la consciencia es un don que, de tanto en tanto, se torna caustica y diabólica. Pero también creo que hay una victoria en la horrible existencia. Hay belleza en el sinsentido. Tenemos el increíble poder de decidir, la hermosura de la libertad, la inteligencia para crear y dotar de sentido nuestra vida. Tenemos la posibilidad de compartir un instante; de reír, llorar, bailar, cantar, sufrir. Todo es tan hermoso que casi no se soporta. Dentro de lo efímero, obsoleto y carente de valor: los humanos han inventado los besos y sus múltiples formas, los abrazos, las familias (que no siempre son malas), el romance, los regalos, las caricias, el sexo, los libros; el cine, que hace realidad los sueños; la danza que hace del musculo mármol y de los cuerpos arte; la escultura, la ciencia; que muta a los hombres en dioses. Esto de estar vivo es todo un viaje; tan agitado que termina por matar a cada pasajero, pero es divertido. Una experiencia que no te puedes saltar. Si en algún momento decides despertar, aguanta todo lo que puedas, sobrevive y encuentra a esas personas que puedas hacer especiales, que te hagan recuperar la memoria del origen de tu alma, encuentra personas a quienes puedas y te puedan amar. Encuentra a aquellos que te puedan amar sin tantas complicaciones y ámalos igual. Si de entre los muertos te levantas, si tu alma se asoma en otro cuerpo; trata de mantener presente de dónde vienes, recuerda que somos familia, que te amo. Si de la muerte te levantas, si rompes la lápida o reencarnas en alguna forma; búscame, te quiero acompañar un momento. Han pasado pocas cosas, no te has perdido de nada, pero te lo quiero contar todo, te quiero decir tanto. Tenías razón: no escuches consejos, nadie sabe nada. Relájate, respira. Estoy muy seguro, te va a encantar estar vivo, otra vez. Nos vemos al final.

José de la serna

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“Te quiero porque se me antoja, y en cuanto encuentre una manera totalmente diferente de amar, en cuanto encuentre la manera de amar desde mis vicios y virtudes, te voy a contar que te amo.”

— José de la Serna

Los astrónomos dicen que la estrella más cercana está a 149.600.000 km de distancia. Pero yo he tenido tus ojos a centímetros de mí.

Ojitos claros (a través de sandymoon55 )

“La soledad es peligrosa. Es adictiva. Una vez que te das cuenta de cuánta paz hay en ella, no quieres lidiar con la gente.”

— - Carl Jung

Expresar amor correctamente.

Si te pudiera decir lo mucho que te amo, te diría que vas a morir sin importar lo que hagas, así entenderías que te amo más que a nadie. Te diría para que aproveches tu vida y seas autosuficiente.

Te recordaría la muerte en cada desayuno, para asegurarme que seas libre y elijas con sabiduría; para que no dependas de nadie, para que te esfuerces por lo que quieres y sólo por eso, para que desesperada busques crear tu inmortalidad y vivir la felicidad, para que no vivas con miedo ni te amarres a las personas.

Si te pudiera expresar mi amor; te mostraría tu piel devorada por gusanos, el lugar de tu entierro, las imágenes de tu futuro cuerpo; te daría las visiones de tu ultimo aposento, el color de tus ojos y el olor de tu carne; para que entiendas lo absurdo de preocuparse, planear y no actuar, dejar pasar los amores, quedarse callado, esperar demasiado, avergonzarse, no bailar o cantar, para que entiendas que vivir sin pensar, sin sentir, sin viajar, ir de prisa, ignorarse a si mismo; no es vivir.

Si te pudiera decir cuánto te amo, te diría que vas a morir, te haría comprender la brevedad de un cuerpo; para que no desperdicies la vida.

Así, cariño entérate, en cualquier momento puedes morir.

Jose de la Serna.

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A ti.

A ti. Amo la luz. Amo la luz que se filtra por el humo del cigarro que tienes entre tus dedos, amo la contaminación de la que te quejas y amo la contradicción de tus hábitos. Tu espalda desnuda; rostro que me ofreces después de hacer el amor. Amo tus talones huesudos. Amo tus quejas sobre la sociedad y sobre el sistema; aun cuando el apartamento lo paguen tus padres burócratas. Amo a tus padres a pesar de que no me conozcan. Amo a tu novio a pesar de que probablemente me odiaría.  Fuiste a la playa y te bronceaste a la luz del medio día; tu piel blanca se fundió en un hermoso cobre. Dejaste para mí y para tu novio algunas áreas en blanco; tu pecho y tu pubis. En luz me tendré que transformar para colorearte, aunque ambos sabemos, corazón, que no puedo hacer eso. Amo cuando finges que puedo, cuando juegas a que puedo ser lo que quieres, a que podemos ser uno en lugar de dos, en lugar de tres. Un día me dijiste que no te buscara más. Amo ese día, porque sin él no nos veríamos a escondidas de ti misma, ocultándonos de una parte tuya que me odia sin más, ocultándonos de tu moral y de tu juicio, de tu vida. Me dejaste tu mejor parte, la parte que aún le intereso por algún motivo que desconocemos. Probablemente no lo sabes, pero siempre hablo de ti. A todo el mundo le quiero contar que te conozco y que me besas y que me buscas, que jugamos a las escondidas entre las sabanas, que te bronceas, que no te depilas las piernas, que no me dices mucho, que no has encontrado el amor, que te salió un barro en el mentón, que tus ojos son claros, que roncas, que no te gustan tus piernas, que tienes hermosos pechos pequeños, que lo que yo creo virtudes tu consideras defectos. Tantas cosas. Al final hablo mucho acerca de ti, pero jamás digo que eres tú. Invento nuevas personas y hablo de ti. Me pregunto en cuantas diferentes te he convertido, o si soy yo el que se convierte en diferentes hombres para estar contigo; de seguir así no sabré quien soy, solo espero saber quién eres, con eso me basta.

Hace años, mi lengua fue empapada con la última gota del zumo de la alegría, ésta se disolvió con premura, y acto seguido el tiempo se detuvo para aquella fuente vital en días dorados, monumento en mis jardines silvestres. Desde entonces, una sed frenética carcome mis entrañas; bebí la lluvia de tormentas avasallantes, pero el alivio nunca llegó.

Ya destruí los espejos que me mostraban solo distorsión: criaturas necias que no soy, guardé los colmillos de félidos hambrientos en un cofre de oro, besé la frescura en cada hoja de mis árboles preferidos, y les dije adiós a miles de aves con alas en llamas…

Para arrojarme a lo profundo. Para embriagarme con sal de mar, crispando estos pulmones de medusa cristalina. Y con burbujas escarlata; tinta sanguínea que desde mi boca y fosas nasales dibuja espirales a manera de cánticos oceánicos, me rio de la melancolía. Haciéndola parte de mí, no podrá postrarme ante su látigo castigador nunca más. Coexistiremos juntas día a día, en la danza acuática de mi ensoñación por lo imposible.

Irma Danielys De «Salto al Mar»

“Mi abuela tenía una teoría muy interesante; decía que todos nacemos con una caja de fósforos adentro, pero que no podemos encenderlos solos. Necesitamos la ayuda del oxígeno y una vela. En este caso el oxígeno, por ejemplo, vendría del aliento de la persona que amamos; la vela podría ser cualquier tipo de comida, música, caricia, palabra o sonido que engendre la explosión que encenderá uno de los fósforos. Por un momento, nos deslumbra una emoción intensa. Una tibieza placentera crece dentro de nosotros, desvaneciéndose a medida que pasa el tiempo, hasta que llega una nueva explosión a revivirla. Cada persona tiene que descubrir qué disparará esas explosiones para poder vivir, puesto que la combustión que ocurre cuando uno de los fósforos se enciende es lo que nutre al alma. Ese fuego, en resumen, es su alimento. Si uno no averigua a tiempo qué cosa inicia esas explosiones, la caja de fósforos se humedece y ni uno solo de los fósforos se encenderá nunca.”

— Como agua para chocolate (fragmento) de Laura Esquivel.