Dios, gracias por revelarte a mi vida, gracias porque sigues hablando, y porque has abierto un camino para poder tener una amistad contigo. Anhelo escuchar tu voz. Jesús, tienes toda mi atención, habla lo que quieras hablar, tu Palabra es preciosa para mí. Enséñame a reconocer cada vez más tu voz por encima del ruido y de otras voces. En el nombre de Jesús, amén.
No busques “amigos perfectos”. Aprende a tener paciencia y amar a tus amigos, aunque en algunos momentos sientas que ellos no se muestren “acreedores” de ese amor. Recuerda que Dios te amó primero, y tú nunca mereciste que lo haga.
Luis Palau
La preocupación comienza donde se acaba la fe. Un remedio para la ansiedad es la fe. Dios nos pide que vivamos por fe, no por vista, pero nuestra naturaleza caída tiene la tendencia a todo lo contrario. Lo que esperamos, lo que no vemos, nos genera ansiedad.
