En el instante que me vaya, no seré nunca más la misma. Te lo juro, precioso.
No te resarciré nada - no tengo deudas contigo- y tampoco requiero tus disculpas -nada me debes-
Decido que voy a torcer mi destino y elijo que el rumbo será distinto: aquí se queda la persona que fui solo para ti y no intentaré llevarla conmigo... Ya verás tú qué demonios hacer con ella; que por mí, bien puede morirse.
La que se va, por fortuna, es otra: la que ya no te quiere.
Dame por perdida, amor.







