“No hay que prometer nada. Las promesas son horribles ataduras y cuando uno se siente amarrado tiende a liberarse, eso es fatal.”
— Mario Benedetti

“No hay que prometer nada. Las promesas son horribles ataduras y cuando uno se siente amarrado tiende a liberarse, eso es fatal.”
— Mario Benedetti
LaOctavaPoesia
Italo Calvino, El castillo de los destinos cruzados
Te he visto,
y he pensado en hablarte,
pero no hubo sonido alguno que pudiese salir a mi rescate.
Estabas ahí,
mirándome de vez en cuando,
mirada tras mirada,
adueñándote de mi corazón un poco más.
Pero odio quererte,
odio querer estar contigo,
odio querer ver tu sonrisa y besarla,
odio verte y no poder hablarte.
Odio haberme enamorado de ti,
¡Maldita sea, yo no quería enamorarme!
No puedo olvidarte,
no puedo borrarte de mi mente,
en cada parpadeo ahí estás,
clavado en todo pensamiento.
Porque tus ojos se convirtieron en mi propio sol,
tu sonrisa en mi museo de arte,
tu voz en mi refugio,
tus abrazos en mi propio símbolo de paz.
No quiero verte más,
pero si te vas me lastimarías tanto...
aunque ya te fuiste,
rompiendo mil promesas que hiciste,
quebrantando recuerdos que juntos creamos.
Dejaste un corazón colapsando de amor por ti,
¡Por ti!
ni siquiera te apiadaste de verlo roto,
me entregaste un corazón en un punto terminal.
Malditas tus ganas de hacerme sonreír cada que te veo,
malditas tus ganas y tu fervor por ganar ese juego,
de quien se enamoraba primero...
Terminé perdiendo y mi corazón pagó la cuenta,
ganaste, sí, pero...
¿Qué ganaste?
Al parecer ambos tenemos dos conceptos distintos del estar enamorado,
porque tú juraste el haberte enamorado de mí,
pero nadie juega con lo que tanto ama,
nadie corta la rosa que tanto ha regado y cuidado...
¡Nadie!
Eso no te hace especial,
te convierte en un cobarde,
deja de engrandecerte por otro corazón roto a tu colección,
no eres mejor por ello,
eres la peor bestia que existe en carne y hueso...
Pero yo no soy Bella,
y aún sin quererlo...
me he enamorado,
es la peor desgracia,
como querer cruzar un océano nadando,
sabiendo que al otro lado no hay isla que te resguarde.
Somos como la Bella y la bestia...
aunque la bestia cambió por amor,
tú no cambiarías...
ni por querer ser mejor.
Por favor,
te escribo este poema,
porque mis ojos se han cansado de llorar,
mis uñas están cansadas de arañar mi propia piel,
mi corazón está tan dolido que teme dejar de latir,
mi cabeza está llena de recuerdos y ha olvidado como darle clic a Eliminar.
Por favor,
te pido que si lees esto,
no vuelvas a mí,
aunque deseo tanto que lo hagas...
pero no vuelvas a mí.
Solo te pido...
que si hubo un poco de amor para mí,
de tu parte,
recuerdes que en cada atardecer,
mi corazón te abraza un poco,
porque no sabe como dejarte ir.
¿Sería mucho dedicarte un atardecer?
Porque yo ya te he dedicado todos,
lo triste es,
que en este cuento...
tú se los dedicas a alguien más...
-Daniela Amores Ruiz-
Me gustas,
sí, en tiempo presente...
Me gustas,
aunque desearía decir me gustabas,
en tiempo pasado,
en tiempo olvidado,
porque sí,
deseo tanto olvidarte...
Sacarte de mis pensamientos,
que tu recuerdo se vaya de las cuatro paredes de mi habitación,
que la marca indeleble que dejaste en mi corazón...
Se borre,
se esfume,
aunque mi corazón sangre,
aunque duela.
Quiero que dejes de ser importante para mí,
quiero dejar de preguntarme el como estás.
Que ahora,
siendo un desconocido,
tu nombre me suene extraño,
que tu recuerdo me parezca ajeno,
que te vuelvas nada para mí.
Porque tú estás allá,
feliz,
como si nada,
besando a diferentes chicas,
sin siquiera pensar en mí.
Ahora sé lo que siempre signifiqué para ti,
un simple y maldito juego,
besarme y alejarte...
Maldita sea
no mereces gustarme,
pero me gustas,
sí, en tiempo presente
y no en tiempo pasado.
-Daniela Amores Ruiz