Unachicasola28
«Sé que tu miedo hace que desde el principio pienses lo peor, imagines el escenario que menos favorezca, lo entiendo y espero que poco a poco cambie eso, ya que te mereces lo mejor del mundo y deseo con el corazón que jamás te vuelva a pasar algo que te haga volver a ese infierno.»
“Recibí golpes, humillación, desconfianza, miradas feas, palabras malas… Con eso crecí, con eso y gracias a eso me despierto cada día a ser mejor que ayer, a demostrar que ellos se equivocaron, que le tenían miedo a quien no escondía su interior, pánico a quien era mejor persona que ellos.”
—
Ansiedad.
Estás en esas preguntas que nunca realicé, el miedo es el epicentro de cada crisis que me invade.
Surges de la nada y te apoderas de todo, como un huracán arrasando con una isla del Caribe.
Apareces para recordarme que no soy digna del amor, y cuando alguien se marcha me repites una y otra vez que es porque no soy suficiente.
Así funciona esto, es complicado, hay días de luz pero casi siempre estoy en la oscuridad.
“¿Como es que se deja de querer de la noche a la mañana? ¿Como es que un día dices amar a alguien y al día siguiente tomar ese amor y tirarlo a la basura? ¿Cómo es posible que un día digas que extrañas a alguien y al día siguiente hagas como si no importará? ¿Fui tan poca cosa para ti? ¿Te fastidie la vida al presentarme ante ti? A decir verdad no entiendo cómo es que un día sin más ni menos decidiste dejar de quererme, que fácil resultó. A veces me cuestiono ¿Será verdad que solo volviste para vengarte de lo que te hice? ¿Y si siguieron diciéndote cosas malas de mi? ¿Y si te harte? Porque no eres valiente, porque no tomas el maldito teléfono y me lo dices, y entonces yo podré terminar de soltarte. No sé cómo ni porque no dejo de creer que en el fondo me quieres… Déjame odiarte, olvidarte… despreciarte.”
— Carta a un ex amor, Daniela Trejo
“Lo que quería era mirarte diez segundos a los ojos, para sentir por primera vez cómo es el amor, para tocarlo, romperlo y luego vestirme de él. Respirarte dos veces más, una para quedarme con lo que me daba vida, y la otra para sentirme de nuevo viva. Quería alargar el día, vivir 29 horas más de tu lado, hacer silencio mientras tomaba tu mano y olvidar lo que vendría mañana. Café, risas, anécdotas, ya sabes, entrar en la máquina del tiempo -que muchos le llaman recuerdos- y regresar enteros. Melodías, viento y poesía, entrar en nuestras coincidencias y revivirlas, para que no olvidáramos qué nos unió. Lo que quería era abrazarte fuerte, anudarme a ti, dejar en tu alma razones para que no te fueras…hacerte entrar en razón, para ver si el amor regresaba, o si tú lo hacías.”
— M. Sierra Villanueva | @ideasviajando
“Siempre me he despedido en secreto de la gente. Digo adiós para mis adentros y los suelto sin avisarles. Ellos lo notan, porque cuando me abrazan sienten frío, o hastío. Me quedo tan callada que ellos piensan que es porque el amor me ha enmudecido, cuando todos sabemos que los silencios que más se sienten, son los que están llenos de indiferencia. No notan cuando mis pasos van en otra dirección, pues están más preocupados del destino, no de la compañía. Ni saben en qué momento he abierto los ojos y he notado cuán lejos estamos y cuán profundo es el abismo. Siempre me he despedido de la gente en secreto, pero por lo menos lo hago, no me quedo en un lugar que no quiero, no alargo la historia por miedo al final, ni pretendo que nada pasa. No es cobardía. No hace falta decir adiós para irse, de hecho uno se va mucho antes de decirlo, de hecho uno lo dice por si acaso, para que no queden dudas. Pero no pueden reclamarme nada, ellos se han ido primero.”
— M. Sierra Villanueva | La de antes
Es que me gustas, me gusta tu manera de hablar, tu manera de molestarme, tu manera de expresar tus sentimientos, me gusta la manera en que pones atención y los pequeños detalles, me gustas, simplemente me gustas
“Dijo aquí estoy y aquí estaré, mas nunca estuvo”
— Nosecuenta - Algo que callar
“Y aunque nada funcione entre nosotros, me queda la sensación de haber suspirado bonito aquel día que creímos que sí había eternidad.””
— M. Sierra Villanueva (via ideasviajando)
Soulmates en español significa almas gemelas, así mismo, son personas que se comprenden y apoyan en toda situación, se quieren, se corrigen, están ahí después de todo lo malo aunque seas lo peor que existe, te perdonan, te quieren, te adoran, te motivan, en cualquier problema ahí está tu soulmate, y es una de las personas con quien más cómodo y bien te sientes, puedes ser quien eres sin importar nada, sin importar dejar una buena imagen, eres tú y tu alma; es difícil encontrarles pero algún día lo harás, todos tenemos un alma que nos hace sentir en casa
panorámica de la vía láctea desde el desierto de atacama en Chile
MADRE
La lluvia comenzó a caer en forma demencial sobre aquel pueblo. Era todo agua, melancolía, truenos, temores, rayos y vientos mezclados que llegaban de los cuatro puntos cardinales para chocar entre ellos y estallar en pedazos. Horas y horas lloviendo sin detenerse un instante. Los caminos se anegaron tornándose intransitables y el arroyo, de seguir lloviendo, desbordaría y pondría en peligro al ganado y la vida de todos. Los animales resistían como podían y las aves buscaban los recovecos más profundos de los árboles. Inmediatamente llamaron a reunirse en la capilla para deliberar e idear el plan de emergencia. Una vez allí, comenzaron a hablar todos al mismo tiempo; había quienes decían que había que rezar y pedir perdón, otros sostenían que Tupá había perdido la cordura y que esa locura desató el caos en la tierra y algunos maldecían a todo lo que se le cruzara. Hasta que el más anciano tomó la palabra y todos callaron. -Solo quiero decirles que lo que está ocurriendo no es natural, no es solo una gran tormenta, durará de acuerdo a lo que resolvamos acá, puede seguir lloviendo o la lluvia cesará, la luna resplandecerá en el cielo y la tranquilidad reinará otra vez. Nadie morirá, puedo asegurarlo -. Dicho esto, el murmullo inquieto de la gente no se hizo esperar. -Por favor, que haya calma. Si me permiten les contaré. Necesito me escuchen con atención –, dijo mientras los otros tres ancianos del Consejo, se acercaban a él. -Gente, sabemos quién ha provocado esto. Solo está enojada pues nos hemos olvidado de alimentarla. No le hará daño a nadie. Es solo un escarmiento para nuestra memoria. Y porque ocurrió algo similar hace setenta años atrás es que lo sabemos, - dijo. Se detuvo para tomar aire, mirar a sus viejos amigos y comenzó a relatar la odisea. -Aquel día era uno más, mañana cálida, gente trabajando, niños estudiando, motores funcionando. Fue de pronto que el cielo azul se convirtió en un acorazado gris y la lluvia comenzó a arreciar sobre nuestro pueblo. Todos corrieron a refugiarse en sus casas a la espera de que pase el aguacero, pero las horas pasaban y el diluvio no cedía, incluso crecía en intensidad. Fue entonces que los vecinos comenzaron a movilizarse. Se calzaron los pilotos, las botas para el barro y salieron, algunos a pie con palas y picos, otros en camionetas llevando bolsas de arena. A los costados del arroyo hicieron barricadas para contener el agua, en las puertas de los establos y graneros apilaron las bolsas con arena. También en los hogares. Las mujeres mientras, se proveían de alimentos y leña por si debían pasar mucho tiempo sin poder salir de sus casas. Pasó el primer día y la lluvia continuaba. Los rayos partían los árboles y cortaban cables, los truenos aterrorizaban a todos con sus bramidos, los vientos desatados obligaban a estar adentro y a atar muchas cosas que de otra forma se perderían en el campo. Las mujeres y hombres corrían de un lado a otro para evitar el ingreso de agua por las puertas, ventanas y techos. El segundo día fue igual, lluvia, viento, frio y desolación, sin tregua. El ganado corría peligro de ahogarse pues el agua le llegaba al cuello, mientras que en las casas las oleadas hacían flotar muebles, utensilios y juguetes ya que el arroyo había desbordado a pesar de las barricadas colocadas. Al tercer día, la situación estaba en su límite. Comenzaron a subirse a los techos de las casas y protegerse con mantas por la lluvia pues dentro de las viviendas todo flotaba, el agua había llegado al metro y medio. Las mujeres seguían rezando encomendando sus almas a Dios. Ateridos de frío, con hambre y mucha angustia, aguardaron el final. Pero de pronto la lluvia cesó, las nubes se disiparon y un cielo oscuro y limpio con la luna blanca como la nieve quedó al descubierto. El agua escurría a una velocidad inusual y los vientos eran cálidos. Nadie entendía lo que ocurría mas no importaba; comenzaron a agradecerle a Dios a pesar que no era él justamente el causante de aquel alivio. Se quedaron toda la noche trabajando en la limpieza de sus casas. Al amanecer el pueblo aún era un barrial, pero solo eso. Comenzaron a trabajar en la subestación para tener energía eléctrica lo más rápido posible. Y siguieron trabajando juntos para recuperar su pueblo. Al atardecer iluminaron con fogatas las casas y juntaron mucha leña para alimentar las salamandras, las estufas y la cocina. En cada puerta del lado de afuera habían dejado también piras encendidas y dejaron dos cada cincuenta metros en el medio de la calle que atravesaba el pueblo. Muy cansados se hallaban cuando escucharon de pronto una voz cantando una vieja canción en un idioma antiguo. Al salir de sus casas, la vieron. Caminaba lento por el centro de la calle, con sus cabellos negros rozando la tierra. Era retacona y sus rasgos indígenas eran marcados. Algunos la reconocieron. La llaman la Madre Tierra, otros Gaia, Pachamama, Akna, Bunoo, Papa entre otros nombres. Depende del lugar donde se la encuentra. Esa vieja canción que escucharon hablaba de una mujer que les brindaría tranquilidad, paz y prosperidad, siempre. También fertilidad y fecundidad para todos. Y a cambio de sus favores solo quería le den de comer y de beber a la tierra pues su hambre y su sed son constantes. Se detuvo y el pueblo entero hizo un circulo alrededor de ella. Y fue que habló. Lo hizo con amor y comprensión. Nos dijo que nos ayudaría a reconstruir todo y que la prosperidad no se detendría nunca, solo quería bebida y comida una vez al mes. Era su única condición. Dicho esto, desapareció en la vasta oscuridad del campo. Nos habíamos olvidado de ella, de la promesa que le habían hecho nuestros padres, ciento cincuenta años atrás. La tormenta fue para que recordáramos. Y hoy está ocurriendo otra vez. Hace más de un año que no le ofrendamos nada a la Madre Tierra, nos olvidamos, nos volvimos egoístas pues no damos nada, no agradecemos y queremos que nos den sin pedir. Y terminamos llorando como niños y maldiciendo ante una tormenta de agua, relámpagos y viento. Por eso, esta misma noche le daremos de comer y beber a la tierra. Luego iremos a dormir y mañana nos reuniremos nuevamente-. Dicho esto, dejó de llover y escucharon una vieja canción que provenía de algún lado. Nadie más habló y silenciosamente se fueron cada uno a sus casas, dejando en la puerta, comida, bebida, hojas de coca y cigarros. Al amanecer del día siguiente, todo el pueblo al mismo tiempo salió a la calle. Y nadie podía creer lo que estaba viendo; el otrora caos hasta la noche anterior había desaparecido. En su lugar, las calles estaban limpias, sin fango. Las tierras con sus plantaciones, las huertas, arboledas y nogales centenarios brillaban. El arroyo estaba en su cauce, los animales parecían sonreir Todos miraron a la tierra y agradecieron a su Madre lo que les había regalado y prometieron nunca más olvidarse de alimentarla. Y el pueblo pequeño, próspero y pujante es hoy una de las ciudades más importantes del país. De generación en generación se pasó el ritual y hasta se abrió un libro que se encuentra en el museo del lugar donde consta cada vez que se cumple con la promesa dada a la Madre Tierra.
Ricardo Mazzoccone (vk) Para Blog (siir-poesia)
“Es importante saber que las batallas de las mujeres en tiempos de hombres merecieron la pena, cuando nos extendimos como la luz que baña la mañana quitándole sitio a la sombra. A día de hoy, seguimos esperando a que amanezca, empujando esa línea luminosa que nos hará conseguir el respeto que nos merecemos.”
— “La abuela” de Chris Pueyo







