EL AMOR.

Nosotros hacíamos el amor en diferentes maneras, muchas veces en nuestra posición favorita, nos mirábamos a los ojos y entre el pacer nos mordíamos los labios como si estuviéramos sedientos de carne y ganas.

Recuerdo como decía mi nombre entre cortado y los rasguños que me producía en la espalda cada vez que nos uníamos, nosotros nos amábamos tanto que el amor tenía envidia.

Hacíamos él amor en todos lados, en la mesa, en el sofá, y cada noche al dormir, recuerdo que colocaba su pierna encima de mí y ahí comenzaba todo...hacíamos el amor cada momento que pertenecí por mucho tiempo en el cielo que ahora la cruda realidad de no tenerte me está matando.

—Dru.

En las noches la Luna llora al ver a la chica rota de mi habitación

Noche tras noche los recuerdos la consumen,

evita pensar en eso, pero es inevitable recordar lo que nos hace daño.

Y a Luna le da miedo irse a dormir

porque quizás al llegar la siguiente noche

ésta chica rota ya no esté.

Y Luna llora, y ella igual

Y Luna se apaga, y ella igual...

Lyela

Me vas a herir, lo puedo sentir a flor de piel, lo huelo en la humedad de la tierra cuando acaba de llover, lo veo escrito en la arena cuando el mar la sacude, lo puedo ver en las señales de las nubes, lo puedo ver en el abstracto de los murales de la calle, lo veo en todos lados, me vas a quebrar, lo puedo escuchar, las cigarras me lo gritan.

Lo puedo ver,

Estás tan mal que no lo puedes explicar;

Tus ojos ya no brillan como antes,

A mitad de una carcajada sientes un nudo en la garganta,

Las cosas que te hacían feliz ya no te causan emoción,

Te desvelas hasta altas horas de la madrugada pensado

Y terminas llorando por ser tú,

Porque te sientes insuficiente;

Cariño mío, lo puedo ver,

Aunque intentes ocultarlo con una falsa sonrisa.

A mí ya no me interesaba esto del amor...

Ahora me tienes aquí sufriendo por la pena de tu amor.

No entiendo cómo hay personas que creen que el hecho de que se te muera una mascota no es motivo suficiente para que te vayas a la mierd* emocionalmente. Es terrible su ausencia; ver sus juguetitos, su camita, o su plato de comida, y saber que nunca más volverá a usarlos es desgarrador.