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Te deseo a alguien que no te diga lo guapa que eres sino que te lo enseñe, para que te lo aprendas sin necesidad de repetírtelo. Te deseo un poema sin adorno, frases ridículas, palabras llanas y simples, para que entiendas que en el amor poesía es lo que sale de su boca y no lo que lees en los libros. Te deseo un amante con el corazón roto para que sepa entenderte y para que respete tu tristeza cuando haya humedades, pero sobre todo para que proteja los destrozos del tuyo con el suyo y cuando tiemblen tener un sustento. Te deseo un admirador del nudismo para que vivas lo que es una mirada desmaquillada, para que coloques los espejos al otro lado, para que te lleve con los ojos a amar tu cuerpo sobre todas las cosas, para que respete tu belleza y haga de tu silueta el mapa de su tesoro. Te deseo a un fiel del mar para que jamás detone las olas de tus lagrimales, para que acepte que un día serás calma y otro tempestad y aun así decida volver a ti cada día, para que no evite que te derrames, para que lleve tu sabor en la piel y mire dentro de ti aunque escueza. Te deseo a un poeta con toda mi pena para que te condene en su egoísmo a la eterna salvación, para que te haga inmortal cuando tengas ganas de morir, para que la única bala que te dispare cuando le abandones -porque tú eres un pájaro atrapado en la nieve, recuérdalo, amor mío- sea la que detona una palabra, para que cuando te sientas nadie recuerdes que eres el olvido de alguien. Te deseo a tantas personas como amor quiero hacerte. Yo, sin embargo, solo te deseo a ti.

Elvira Sastre (via huelesalluvia)

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Ella y Él

Ella no tenía la más mínima estría de amor en su corazón. Él, por otro lado, desde muy niño a la guerra lanzó y con lanzallamas forjo los cimientos del hogar de los dos.

Él no podía entender por qué ella racionaba hasta las aceitunas que él le regalaba, por qué le quitaba el encanto a la poesía, por qué para llorar se encendía y en los largos inviernos despreciaba el fuego que en el insistía.

Ella sabe que lo quiso, pero no le debe explicaciones a nadie, ella sabe cuánto lo quiere, pero para qué exhibir sus debilidades, el mundo es un carbón dice y las personas solo mienten para sentirse felices. Ella no necesitaba sonreír todo el día para saberse feliz.

Él jamás sonreía hasta que ella lo invitó a salir, el no conocía los placeres de la vida hasta que ella lo invitó a vivir. Él no entendía por qué para hacer el amor era necesario desnudarse, ella necesitaba sentirse libre de la opresión de la ropa para empezar a desnudarse.

Ambos fueron personas libres y esclavos de su mente y corazón. Él se enamoró perdidamente de ella y ella en verdad lo amo, pero como es la vida real, esto no importó y se marchó. Llevándose algo más en el vientre y pecho que su corazón.

Autor.- Sergio H.García