Avatar

Sin título

@luisagunsroses-blog

Avatar
Avatar
dalasito

Eres cualquiera

Tal vez esto es el fin. Puede que todo esto era lo que tenía que pasar.

No sé si es así como debía pasar. O puede que nunca debí haber sabido las cosas que supe. Tal vez la ignorancia es algo que echaría de menos en estos momentos… ¿o puede que no? Puede que en realidad sea mejor saberlo y odiarte, que no saberlo y seguir queriéndote a mi lado.

Pero cómo puedo continuar ahora. Privado de cualquier tipo de trust en las personas. Cómo podía esperarme algo de este nivel que fuera sin lugar a dudas el mayor golpe que he sufrido en toda mi vida.

El problema no es cuando las personas te traicionan. El problema es no sospecharlo.

¿Hay algo más que yo no sepa? Es muy probable que sea así. Estoy seguro de que, después de haber visto que yo sólo veía un palacio de nubes, al entrar el viento y esfumarse, ahora me espero cualquier cosa escondida detrás de toda aquella maraña de nubes que pensaba que eras tú.

Mirar atrás y darme cuenta de que yo también cometí fallos, al igual que tú. Todos los cometimos, uno tras otro.

Pero nada me duele más que pensar que yo no tenía ningún plan. Saber que yo en realidad pensaba que… no sé. ¿Que quería solucionarlo? ¿Tenía esperanzas de que pudiéramos continuar con nuestra amistad? Quería volver al pasado y volver a vivir los buenos tiempos, cuando aún estábamos juntos en mente, y no sólo en cuerpo.

Y ahora… qué me queda. ¿Qué es lo que veo? Veo incertidumbre. Veo nubes peor que las nubes blancas con las que me mentías sobre tí. Ahora sólo veo nubes negras que amenazan tormenta por todos lados.

Hace mucho perdí la confianza en la gente, perdí las ganas de volver a darle mi corazón a nadie,… para darme cuenta de que la persona de la que menos me esperaba algo así, al final me lo hizo también.

Entonces, ¿qué conclusión debería sacar de todo esto?

¿Se supone que ahora debería seguir adelante como si nada? ¿Me merezco algo mejor? ¿Te mereces tú algo mejor que yo? Yo pensaba que éramos perfectos los dos juntos… pero ahora me doy cuenta de que todo eso no eran más que mentiras inventadas en mi cabeza.

Ojalá pudiera perdonarte, o incluso olvidar que eres una persona tan podrida por dentro como cualquier otra. Olvidar las cosas que has dicho a mis espaldas. Ojalá pudiera recuperar tu amistad… pero esto es como intentar leer un papel quemado.

Hay cosas que se pueden reparar. Si un jarrón se rompe, con mucho tiempo y cuidado puedes volver a reconstruirlo. Si llenas una madera de agujeros, puedes taparlos y que quede como nuevo cuando la resina se seque… pero hay materiales que jamás pueden volver a su estado original.

Como un papel que se quema.

Hay materiales que cuando los cambias, ya no hay vuelta atrás.

Y no sé si me duele más saber que tú has quemado mi papel, o si me duele más el saber que tampoco te importa lo más mínimo saber que lo has quemado, ni tienes intención, ni la has tenido nunca, de repararlo.

Peor aún, saber que pretendías irte sin quemar ese papel para no causarme más dolores de cabeza. Saber que pretendías irte haciéndome creer que todo aquello había sido espontáneo y totalmente por mi culpa, cuando lo cierto es que quien estaba planeando todo aquello desde el principio, eras tú.

Por esa necesidad de quedar como “el bueno de la película”, de querer parecer la víctima de todo.

Y entonces, es cuando recuerdo.

Y me acuerdo de tus confesiones.

Recuerdo tus confesiones sobre que nunca te atrevías a quemar ese papel tú, porque eras demasiado cobarde. Que siempre necesitabas provocar esa situación para que la otra persona lo hiciera por ti porque tú “te sentías demasiado mala persona como para hacer eso”.

Y antes, y en ese momento, y después… te aprovechaste de mí.

Y yo me dejé.

Yo fui feliz dejando que tú te aprovechases de mí. No me importaba si era consciente o inconscientemente. Pero… al menos esperaba unas gracias por tu parte.

No esperaba que después de todo, encima tuvieras la poca vergüenza de decir que todo lo que yo tenía te lo debía a ti,… cuando lo cierto es que has sido más una carga que un motor. Has sido el equipaje, no el avión. Has sido la mochila, no los zapatos.

Y aunque en algunas ocasiones has sido un equipaje cómodo de llevar, en muchas otras has sido peor que una piedra metida en el calcetín.

Afrontémoslo. Tú lo sabes, y yo lo sé.

¿Y sabes qué? Que me daba igual. Porque yo te quería así, te quería tal y como eras. A pesar de que habían veces que quería darte una patada en el culo.

Pero no había ningún problema en que fueras una persona inútil, olvidadiza o irresponsable.

Lo que verdaderamente me duele, es que intentes decir que yo soy la piedra en el zapato, despreciándome y humillándome, y sin agradecer lo más mínimo ninguna de las cosas que he hecho por ti.

Yo te he dado la vida. Literalmente.

Cuando te encontré, eras un microbio intentando sobrevivir en un mar de ballenas. Eras nada, menos que nada.

Vivías en una cueva horrible, llena de gritos y guerras. Vivías en confusión constante. En desprecio constante. Te autolastimabas, te clavabas puñales largos y duros en la piel hasta dejarte cicatrices que aún conservas, pero que parece que hayas olvidado por qué están ahí.

No sabías qué hacer con tu vida. No sabías hacia dónde tirar. Vivías una constante y absoluta depresión. Eras dependiente de todo lo que te rodeaba, estabas carente de absolutamente todo. De inspiración, de ganas, de todo.

Incluso las cosas que solías hacer, dejaste de hacerlas. Dejaste de hacer todo aquello que te hacía feliz, y fui yo quien te hizo, después de mucha insistencia volver a hacerlas. Fui yo quien te animó a retomar todo aquello que habías dejado de lado, porque eras menos que un gris. Eras menos que una nada. No eras nadie, no eras capaz de tomar las riendas de nada.

Yo te hice cambiar. Yo te saqué de ahí. Yo invertí todo mi tiempo, todas mis emociones, todas mis ganas en hacerte cambiar. Yo te hice. Yo te construí. Eras un montón de piezas de lego esparcidas por el suelo sin forma ni color.

Y lo hice a gusto. Lo hice con ganas. Lo hice con mi mejor voluntad. Y no te manipulé. Te di tu espacio para dar tus pasos, para hacer tus elecciones, aunque TODAS estaban equivocadas, te equivocaste en todas y cada una de ellas y caíste en un pozo más hondo cada vez que decidías que era mejor idea no hacerme caso.

Y nunca me hiciste caso a la primera, tuviste que aprender por ti misma, pero si no me hubieras tenido ahí, nadie te hubiera sacado del pozo, ni siquiera tu propia familia, que sólo pretendían hundirte cada vez más y más a cada palabra que te decían.

Tú me supiste admitir que yo era la única persona que realmente había luchado por ti y te había hecho cambiar de verdad. Y probablemente seré la única persona que consiga eso en toda tu vida, porque tu personalidad y tu forma de ser ya comienza a estar cada vez más cerrada.

Y después de todo, de hacerte volver a hacer las cosas que te hacían feliz, de conseguir que dejases todos tus estúpidos miedos atrás, de ayudarte a salir del pozo, te di recursos.

Te di poder. Te di recursos. Te di material. Te di trabajo.

Te insistí para que no dejases nada de eso, para que te aprovechases, para que tomases ventaja gracias a mí, te di absolutamente todo lo que tenía, hasta el último céntimo. Y lo único que quería a cambio era unas bonitas gracias por tu parte, y que supieras reconocer mi esfuerzo. Y ya está, no quería nada más. Pero… nunca lo hiciste. Y cada vez que pensabas en ello te lo tomabas como un ataque, y comenzaste a volver contra mí todas las cosas que yo te había dado, como si estuviera intentando echártelas en cara o atacarte con ellas, cuando lo único que buscaba es que reconocieras que he invertido toda mi vida y todas mis esperanzas en que TÚ estuvieras bien.

Y todo esto… para qué.

Me encuentro a un microbio incapaz de mover el culo. Sin capacidades, sin actitudes. Abandonado a su suerte y deprimido.

Le doy comida, le doy un lugar donde quedarse, le doy amor, cariño y comprensión,… y le doy armas.

Y las usa contra mí.

Se ve crecido, se ve grande, ya no es un organismo simple y comienza a ser un pez gordo. Y me doy cuenta de que llevaba tiempo que sólo pretendía aprovecharse de mí. Me doy cuenta de que dice y habla de mí toda clase de barbaridades porque ya no me necesita, y a pesar de eso, sigue hablando conmigo y teniendo relación únicamente porque le conviene, porque “es lo que toca” y lo que más le favorece, tiene ganas de “ser egoísta”.

Sí, ser egoísta.

Egoísta.

Después de yo haber sido la persona que más había dado por ti, tomas el consejo tan grandilocuente de “ser egoísta”. Ser egoísta y aprovecharte de la persona que más ha dado por ti en toda tu vida. ¿En serio?

No diré que yo he sido perfecto. En absoluto. También te he herido en muchas ocasiones. Me he equivocado, o he mentido… Pero jamás te he traicionado. Y nunca a este nivel tan horrendo.

Niégalo. Niégatelo todas las veces que quieras que eso no es así. Sigue pensando en todas las cosas que quieras.

Pero lo cierto es que en cuanto te has visto independiente, has decidido que era una buena idea usar los conocimientos y las armas que yo te he dado para usarlas contra mí.

Y has sido tú quien ha aniquilado esta relación. Has sido tú quien ha terminado con nuestra amistad. Y sólo tú.

Sigue convenciéndote de que fui yo, en el fondo sabes que no es así.

Y los motivos son tan simples que hasta los voy a enumerar.

  • Yo jamás he conspirado contra ti. Tú sí.
  • A mí jamás me has dado asco. Yo a ti sí.
  • Yo nunca he pensado mal de ti mientras hacías tus cosas. Tú sí. Y encima te has dedicado a decírselo a terceras personas.
  • Tu estado de ánimo arrastra el ambiente. Si yo estoy feliz y tú triste, entonces al rato todos estamos tristes. Si yo estoy triste y tú feliz, con el rato todos estamos felices. Eso demuestra que esta sensación tan horrible que llevamos teniendo, la has causado tú, no yo.

Por eso, ahora sé que realmente todo esto ha sido cosa tuya desde el principio. Que estabas buscando todo esto.

Y ahora,… ¿ahora qué? Me vuelvo a preguntar.

¿Se supone que tengo que volver a confiar en las personas como si nada? ¿Que en realidad la gente merece esa confianza y debo darles la posibilidad de ser mis amigos como si realmente no me fuera a volver a ocurrir lo mismo que me ha ocurrido ya decenas de veces con personas a las que les hubiera confiado mi vida en su momento?

Con esto llego a la conclusión de que en realidad todas las personas son malas o buenas cuando les conviene serlo.

Ya no pienso que existan las buenas personas o las malas personas. Sólo pienso que son lo que quieren ser, cuando les conviene serlo. Todo el mundo puede ser malo o bueno, y sólo hay que llevarlos hasta un cierto umbral para que cambien.

El tuyo, sorprendentemente, era bastante bajo. Y no tardaste demasiado en traspasar ese umbral para cambiarte.

Aún así, no voy a poder evitar echarte de menos.

Te echaré de menos… pero tú a mí más. Pensaré en ti… pero tú en mí más. Esto me va a doler… pero a ti más.

Porque lo cierto es que piensas que tú eres muy especial por tener una serie de cualidades que te han venido innatas, pero hace unas pocas horas me reconocías que el resto de tus cualidades, son inexistentes. Te regocijas en lo que te ha venido de serie, eres como un noble vanagloriándose de su título nobiliario con el que nació. Pero eres inútil en cualquier otro aspecto de la vida. Ya no te echo de menos a ti, sólo echo de menos los recuerdos de lo que algún día fuiste. Por eso, sé que encontraré algo mejor. Encontraré muchas cosas mejores que tú, estoy seguro de ello. Porque tú… tú qué tienes, ¿un título nobiliario? Eso no tiene ningún mérito, has nacido con ello. Eras un gris, y sólo has tomado color cuando yo he aparecido.

Pero… ¿yo? Esa es la mejor parte. ¿Qué soy yo? ¿He nacido con algo bueno de fábrica? Nada. Por tener, ni siquiera he tenido una buena fábrica. Mi fábrica quebró poco después de producirme, y he sido un producto sin garantía ni valor alguno en el mercado durante muchos años. Yo me he hecho valer. Yo he salido de mi mierda, he sobrevivido a cosas peores antes que tú, y seguro que sobreviviré a peores cosas en el futuro. Yo me he forjado entre golpes y llamas. He caído, me he destrozado incontables veces, me he muerto y he vuelto a renacer. ¿Y a quién vas a encontrar tú que sea igual de capaz que yo? ¿Crees realmente que jamás en tu vida volverás a encontrar todas las cosas que mi amistad era capaz de darte? Puede que con el tiempo te convenzas de que has encontrado algo mejor que yo, pero muy en el fondo, los dos sabremos, que jamás habrá algo mejor que yo. Lo tengo todo. Todo.

Y te arrepentirás de haber quemado mi papel de una forma tan ruin y tan cruel. Te arrepentirás muchísimo de haber perdido mi amistad de esta manera. Pero no te preocupes, como ya dije, aunque hayas crecido, sigues sin tener ni idea de lo que te espera. Así que ya lo verás.

Pero sobre todo, recuerda, que esto no tiene vuelta atrás. Esto se acabó para siempre.

Me has demostrado que eres una persona reemplazable.

La verdad, no deseo que te vaya bien. Siento que me has robado. Me has robado dinero, me has robado tiempo, me has robado emociones y pensamientos…

Pero sobre todo, y lo que más me duele, es que…

…me has robado mi último pedazo de corazón.

Lo loco es que de alguna extraña manera, hizo que me sintiera identificada.