Stanley Tucci & Colin Firth SUPERNOVA (2020) dir. Harry Macqueen
“But it feels so nice to know I’m gonna be alright”
Fleabag (2016-2019)
Antonio Machado. Canciones. Nuevas canciones. [01]
Créditos al autor.
_Sofia Weidner_
Midnight in Paris
Apenas sabía un poco sobre Hemingway, Dalí me volvía loca y Buñuel era todo un misterio. Picasso parecía un personaje perdido en muchas ficciones y los Fitzgerald se me antojaban deslumbrantes. Había una especie de magia, un encanto alrededor de todo lo que me gustaba y lo que deseaba para mí que pudo encontrar sentido cuando al fin supe lo que quería: una vida bohemia, llena de arte, llena de historia y cuestiones filosóficas, poesía al mayoreo y lluvia, mucha lluvia noctámbula.
“Quiero encontrar a alguien que reconozca a todos los personajes” recuerdo que imploraba. A mi lado sólo había un extraño que apenas soportaba cada suspiro que daba cuando mi corazón se aceleraba al situarme en aquel lugar. “¡Mira! ¡Es Dalí!” “¿Qué? Ah, ajá”
…fue entonces cuando supe que no era de ahí, como si efectivamente, yo perteneciera a otra época. Y es que cómo no iba a querer que mi vida fuera un cuadro pintado por Magritte, o una escultura de Rodin, o un discurso pronunciado por Hemingway a media noche sobre el verdadero amor que hace tregua con la muerte. Justo eso, una tregua con la muerte era lo que necesitaba, necesitaba irme, encontrarme en medio de la obscura escalinata en algún barrio desconocido de París, necesitaba creer que con sus canciones Cole tenía razón, necesitaba enamorarme de mí y de cada una de las razones por las que estaba creyendo que el arte era la pregunta y también la respuesta. Y la lluvia, ¡¡la lluvia!!
Quería reconocerme parte de aquella mágica realidad, realidad que aunque al inicio alterna, con el tiempo también me fue reclamando como suya.
Tomé una decisión, me fui, me moví, me quité, caminé allá a donde mis sueños surrealistas me conducían. Quería estar sola disfrutando mi anhelado viaje a los años 20 para encontrar ese amor del que Ernest hablaba.
De pronto me encontré en mi propia “Belle Epoque”. Disfrutaba tanto mi música, mis bailes, mis cuerpo, mis películas, mis artistas favoritos, mis cigarros, mi poesía, mis esculturas, incluso mi tristeza sabía tan distinta. Me encontré bonita, tan artística y tan capaz de comerme al mundo y al mismo tiempo dejarme seducir por él. Seducir, esa era la palabra.
Luego llegó María Zambrano y su “instante poético” me terminó de derrumbar en una ilusión de óleos, letras y catarsis. Pude ser una señorita de Avignon sumergida en luces de colores; Turner inundó de romanticismo mi pequeña burbuja de deseo y Pessoa… fue como si el círculo estuviera casi completo… tanto amor y dolor y muerte y sublimación y pasión y atracción… ¡todo era demasiado! Era como un estado de éxtasis que me llenaba y me rebasaba. Una y otra vez Medianoche en París. Y yo, yo sólo quería encontrar alguien que comprendiera porqué estaba dispuesta a compartir todo el arte que acumulaba dentro.
Un día, sin esperarlo, sin imaginarlo, sin calcularlo, te vi y además, fui vista. Y todo aquello que había estado soñando, de pronto tuvo sentido, un sentido real, un sentido no en París, o en Portugal o en Bélgica o en Florencia; sino aquí mismo, en mí, en mi cuerpo, en mi corazón. Y en ese momento supe que fue como si el círculo finalmente, en vez de completarse, se rompiera en un espiral. “Disculpe, ¿me permite esta lluvia?”
Demacrados e inconstantes destellos de belleza Pienso en Roma de Fellini, en Dolce Vita, Accattone, Las Noches de Cabiria, Mamma Roma… Tanto Fellini como Pasolini, sendos hijos adoptivos de las siete colinas retrataron la actual urbe como un lugar fantasmal, una ciudad muerta. La vieja Roma, la capital universalmente imperial se ha convertido en la nueva, gerontocrática Roma, cuartel de la Cosa Nostra, sede del catolicismo más recalcitrante, ciudad retrograda y fascista, plagada de putas, proxenetas y espectáculo. Cinecittà antes, telebasura internacional ahora. Conviven povertà y lujo en la porca Roma. La vieja son ruinas ahogadas en un cenagal de antiguos misterios, cuartos encerrados que bajo llave guardan montañas de recuerdos. Te envuelves en un cadáver histórico y se manifiesta que en torno a ti todo está muriendo. Vivir en Roma te desconcierta, te desubica, te encierra en ella. Vivir entre una y la otra en constante paradoja. Un cementerio enterrado debajo y una fiesta encima, un agonizante carpe diem extinguiéndose. La ciudad apagada e intensos fuegos de artificio en finisterre.
La película se presenta en dicotomía entre dos escenas que confrontadas reflejan el foso de distancia que hay entre Jep y su codiciada belleza. Nos introducimos en una de las fiestas mejor filmadas que yo haya presenciado. Del ebrio caos emerge un ocioso y sudoroso dandy “stavo destinato a la sensibilittá” Es el protagonista, Jep Gambardella, epicentro de la película. Está celebrando el sesenta y cinco cumpleaños con su grotesca fauna: dos docenas de ancianos horteras conservados en botox, suena Rafaela Carrá remixada por Bob Sinclair, bailan otras tres docenas de efebos de alquiler y fútiles putitas de compañía. ‘’I alhora que fa? Niente que cuosa fare’’ Aquí tenemos un preciso retrato del chusmoso e idolatrado circo que ha creado Berlusconi y su cancerígena videocracia (Videocracia es también un documental del 2009 de Erik Gandini que se presenta cómo germen de lo que aquí se expone).
Servillo y Sorrentino poseen una soberbia trilogía mafiosa conformada por personajes que presuntamente no han tocado una pistola en su vida. El trío Servilliano conforma un agudo retrato sobre el moderno mecanismo mercantil que ha trasmutado de forma global el antiguo y obsoleto concepto de mafia absorbido por el corporativismo. Eres un vago, no sales de roma; los tres son hombres encerrados en un contexto u otro, sentimiento común en el emigrante pueblo italiano. Le conseguenze dell'amore (2004) estaba protagonizada por Titta Di Girolamo un gestor ‘’il riciclatore di soldi dei clan’’, Il Divo (2008) era un acercamiento semibiográfico a la figura de Giulio Andreotti, hombre institución, administrador a escala múltiple. Casi atreviéndose a pisar al capo di capos en persona surge Jep Gambardella y no él sino lo que él representa nos remarca el poder de crear mitos que se codea sin complejos con los poderes fácticos. La columna vertebral de este tinglado, viene a decirnos Sorrentino, la verdadera mafia son los omnipresentes rayos catódicos, “mercaderes de luces marchitas” decía Val del Omar.
Recuerdo una época anterior a Messi en que cada niño argentino que la pisaba un poco bien era el nuevo Maradona. Que pesaos con Fellini y la Dolce Vita, colega. Más allá de eso, la cinta posee lo suyo, lo propio. En la película hay un distante desenfado guiñolesco en la forma de retratar ese ambiente, una caracterización de personajes que queda en leve equilibrio entre lo absurdamente real y la ficción histriónica. Pero convence, y mucho. La cámara en algún momento peca de ser complacientemente viscosa pero es exceso entonado. La gran belleza se transforma en una hermosa búsqueda en la mundanidad, una experiencia común donde desembocaremos en una inevitable catarsis a decidir entre la nada o la vida. En la película, cuando Jep suspira, duele y llega el funeral, donde se desmorona, bajo el peso del muerto flaquea y se le cae repentinamente la máscara de su teatral falacia, se agotó el truco por pura gravedad, por uso en exceso. En la conclusión será donde Jep se redimirá de la pérdida de tiempo (pecado hacía sí mismo) en una recapitulación melancólica. Solo queda salir del desconcierto sin certeza alguna. El viaje nos deja en una sala oscura llena de bustos apilados, una hermosa e imponente terraza frente al coliseo, un paseo acompañado por el acueducto, el permiso para entrar en jardines centenarios, un concilio ecuménico ridículamente Felliniano, una estancia llena de sillas apiladas donde se cuela delicadamente un precioso raudal de luz rasgada, quién puede olvidar a Ramona y evidentemente el Tíber. La gran belleza es una película para ver en el cine. La gran Belleza es una película de revisionado. El Sthendal ese era un exagerado en exceso pero hay ocasiones en que te quedas casi extenuado. ” Yo estaba destinado a la sensibilidad. Estaba destinado a convertirme en escritor. Estaba destinado a ser Jep Gambardella.”
Que tú no lo hayas entendido no quiere decir que los demás no podamos entenderlo. Llega tu mejor amigo y dice que vuelve al pueblo, que lo deja todo como está, que solo valía la pena despedirse de ti. Bajo el bla bla bla Ah… Menos mal. Aún nos queda algo bonito por hacer juntos. Mi personaje vive indiferente a lo que le rodea, malgastando su talento, explica Servillo. Jep es un tío con talento rodeándose cínicamente de desalentados destalentados. ¿Cómo y cuándo se manifiesta su sacrificio? Estas son sus mentiras y su fragilidad. Más allá de un viejo recuerdo en el techo de tu habitación, hay que aspirar a desanclarse o nos restará actuar como el Cardenal, hablar con deleite de cocina y huir abrumados al oír espíritu. La película denuncia de forma incisiva esa desidia general, esa perspectiva en la que todo trabajo no remunerado es una inútil pérdida de tiempo. Ansías inspiración en un vacío confuso y te das cuenta que no se debe vivir de la nada. Sublimarse o morir como un cerdo, de eso trata. En otros lugares, hay otras cosas, dices, a mí no me importan los otros lugares.Una piazza bianca o la piazza Navona cubierta de nieve, difiere bastante. Las raíces son muy importantes.
“Io ho sposato la povertà e la povertà non si racconta, si vive”
En toda esta semana, los periodistas han hablado de la pobreza de mi infancia. Pero ninguno podría llegar a sospechar jamás el hambre que yo he conocido. Albino Luciani
“Can you come get me, mom?”
😢
by theaussiegal_1
Midnight in Paris
Apenas sabía un poco sobre Hemingway, Dalí me volvía loca y Buñuel era todo un misterio. Picasso parecía un personaje perdido en muchas ficciones y los Fitzgerald se me antojaban deslumbrantes. Había una especie de magia, un encanto alrededor de todo lo que me gustaba y lo que deseaba para mí que pudo encontrar sentido cuando al fin supe lo que quería: una vida bohemia, llena de arte, llena de historia y cuestiones filosóficas, poesía al mayoreo y lluvia, mucha lluvia noctámbula.
“Quiero encontrar a alguien que reconozca a todos los personajes” recuerdo que imploraba. A mi lado sólo había un extraño que apenas soportaba cada suspiro que daba cuando mi corazón se aceleraba al situarme en aquel lugar. “¡Mira! ¡Es Dalí!” “¿Qué? Ah, ajá”
…fue entonces cuando supe que no era de ahí, como si efectivamente, yo perteneciera a otra época. Y es que cómo no iba a querer que mi vida fuera un cuadro pintado por Magritte, o una escultura de Rodin, o un discurso pronunciado por Hemingway a media noche sobre el verdadero amor que hace tregua con la muerte. Justo eso, una tregua con la muerte era lo que necesitaba, necesitaba irme, encontrarme en medio de la obscura escalinata en algún barrio desconocido de París, necesitaba creer que con sus canciones Cole tenía razón, necesitaba enamorarme de mí y de cada una de las razones por las que estaba creyendo que el arte era la pregunta y también la respuesta. Y la lluvia, ¡¡la lluvia!!
Quería reconocerme parte de aquella mágica realidad, realidad que aunque al inicio alterna, con el tiempo también me fue reclamando como suya.
Tomé una decisión, me fui, me moví, me quité, caminé allá a donde mis sueños surrealistas me conducían. Quería estar sola disfrutando mi anhelado viaje a los años 20 para encontrar ese amor del que Ernest hablaba.
De pronto me encontré en mi propia “Belle Epoque”. Disfrutaba tanto mi música, mis bailes, mis cuerpo, mis películas, mis artistas favoritos, mis cigarros, mi poesía, mis esculturas, incluso mi tristeza sabía tan distinta. Me encontré bonita, tan artística y tan capaz de comerme al mundo y al mismo tiempo dejarme seducir por él. Seducir, esa era la palabra.
Luego llegó María Zambrano y su “instante poético” me terminó de derrumbar en una ilusión de óleos, letras y catarsis. Pude ser una señorita de Avignon sumergida en luces de colores; Turner inundó de romanticismo mi pequeña burbuja de deseo y Pessoa… fue como si el círculo estuviera casi completo… tanto amor y dolor y muerte y sublimación y pasión y atracción… ¡todo era demasiado! Era como un estado de éxtasis que me llenaba y me rebasaba. Una y otra vez Medianoche en París. Y yo, yo sólo quería encontrar alguien que comprendiera porqué estaba dispuesta a compartir todo el arte que acumulaba dentro.
Un día, sin esperarlo, sin imaginarlo, sin calcularlo, te vi y además, fui vista. Y todo aquello que había estado soñando, de pronto tuvo sentido, un sentido real, un sentido no en París, o en Portugal o en Bélgica o en Florencia; sino aquí mismo, en mí, en mi cuerpo, en mi corazón. Y en ese momento supe que fue como si el círculo finalmente, en vez de completarse, se rompiera en un espiral. “Disculpe, ¿me permite esta lluvia?”
me amas?
Tardes..
Fue el último día del mejor verano.
El bosque tiene su propia música, los ríos o el silencio, son ahí un millón de sonidos.
Noche en el parque
/ Night at the park
Cuetzalan, México
Este es mi bello pueblo, donde sabes que un un lugar utópico puede llamarse Cuetzalan.




