Quiero darte mi corazón en las manos, sin embargo hay dos inconvenientes, el primero, es que al buscarlo, no sé si huye y se esconde detrás de la neblina que recorre mis venas y que cubre algunas veces los prospectos que quiero dejar fluir, y, el segundo es que si lo encuentro, pese demasiado pero no esté lleno de algo, lo que sea que deba tener y no seas capaz de sostenerlo con firmeza y al caer, no mantenga su forma, ¿Y si lo quiebras? ¿Y si las grietas son demasiado profundas?
Temo que no seas tú el material ardiente, brillante y hermoso que logra darle el nuevo valor a las partes que conforman un todo, un nuevo sentir.


