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Born This Way

@leuragz

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Zenit: Estoy en el cuarto de baño, secándome las manos con tu toalla, y tú rondas por la cocina. Estoy contento de la cena, contento de que haya acabado el día, y antes de que pueda preguntarte qué pasa, me dices que hay algo de lo que tenemos que hablar. Ahí está, el momento previo a que me digas exactamente lo que no quiero saber. ¿Es ese el zenit? ¿Este último instante de ignorancia? ¿O acaso llega mucho después?

David Levithan, A de amor. (via books-coffee-and-dreams)

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Siempre supiste como hacerme reír, y creo que era lo que más me gustaba de ti, ver a diario la forma en que las personas de alrededor se contagiaban de tu sonrisa. Recuerdo que nunca terminabas de contar una historia porque a mitad de ella comenzabas a reírte, y por consiguiente los demás nos contagiábamos de tu risa. Tú no lo sabías, pero hiciste más bonitos mis días, a diario, no parabs hasta conseguir que yo de alguna manera me riera, recuerdo aquellas veces que yo decía cualquier cosa sin sentido y tú reías, y las repetías, haciendo que sonaran preciosas.

La sinfonía del alma. (via este-desastre-te-amaba)

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Te quise, y hablo en pasado. Tus besos eran balas y yo un suicida en busca de lo tóxico. De lo dañino. A las cadenas que me ataban a ti les cosí alas para que se llevaran todo el peso que dejaste, aunque este maldito hueco no pueda llenarlo ni sustituirlo. Hay vacíos que jamás se llenan, así como también hay amores destructivos que los recuerdas y, de pronto, tu mundo se vuelve a hacer añicos por el aire. Ojalá fuera tuyo mi recuerdo y mío tu olvido. Que me recordaras hasta querer quemarme y que te olvidara hasta que te doliera mi ausencia. Que recordaras las veces en las que te seguí queriendo cuando en mis manos llevo las balas que detuve cuando fuiste revólver. Me arrastraste a ti, teniendo sonrisa de huracán, dejé que las cosas siguieran su curso: en este caso, predecible. El huracán siempre, siempre, pero siempre, hace daño. Me hiciste tiritar de frío mientras yo te hice temblar ante mi carta de despedida, en la que te escribía lo profundo que llegaste a calarme y que a pesar de ello te seguí pensando años después. Ojalá me olvides para así ser libre, soltarme de tu mano, del fantasma que quedó arraigado a mi piel, el sótano donde sonrío mientras tú miras otro horizonte. Todo termina mal: uno en lágrimas y quien se va, el único que puede detenerlas.

“Las dos caras de la despedida”, Benjamín Griss (via elchicodelayer)

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Nos despediamos en el silencio de aquella tarde, tú sonreías, no sabías que decir, respiraba profundo, calmando esas ganas de besarte como antes, debíamos despedirnos, nos silenciamos, nos miramos, y me distes un simple adiós, y yo me pregunto, ¿Por qué evitas nuestro amor? ¿Acaso tienes miedo de intentarlo de nuevo?

edwinP (via el-buen-malo)