¿Por qué usás crema después de bañarte?
¿Para qué nos ponemos la crema después de bañarnos? ¿O para quién, exactamente? ¿Es para aquel que algún día nos toque, el día que tengamos contacto humano con cualquiera? ¿Para ése que amás y que todas las noches pensás en él pero no va a pasar? ¿Para sentirnos menos intimidadas por todas esas compañeras rubias de trabajo, de ojos claros y pestañas perfectas? ¿Por nosotras mismas, bajo ese criterio de cuidar la piel para los años que vienen, porque salud es belleza? ¿Para que Santiago me vuelva a comer con los ojos, si alguna vez vuelve a pasar? ¿O para ser la envidia de esa amiga que no deja de subliminalmente compararse y hacerse ganar a los ojos de los demás? ¿Para ése que cree que ganó algo con vos por denso y porque le diste una oportunidad porque ya estás desesperada? ¿Para ése amigo del que creés que gustás pero sabes que más bien es un capricho, y que solo van a funcionar en la amistad, si es que la hay? Porque vos creés que es siquiera amistad, pero para él, para todos ellos, no. Sos nada. Un cero. Les da igual lo que te pase y son incapaces de preguntarte nada, ni siquiera para salir con ellos. Pero vos te pones crema para ellos, para todos ellos, que no se van a dar cuenta que te arreglás para valerles algo, dejarles una marca, porque, admitámoslo, ¿vos?¿marca? Nunca. Pero la esperanza no muere. O sí. Y la razón por la que te ponés la crema después de bañarte no es más que estar con la piel más suave en tu funeral.


