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Sin título

@lemaliab

no quiero que vuelvas, quiero terminar de sentir pesada tu ausencia.

tendrías que enseñarme lo que estoy necesitando saber, y siento tanta culpa de que no suceda, me desespera no poder arrastrarte a dónde siento que haces falta.

¿no sentis tu falta? ¿no sentis que estás inerte en un lugar que no te corresponde? ¿no querés volver?

me siento insignificante a lado de todos, ellos saben mucho y yo no sé nada.

me da tanta pena hablar de mí, me pone muy triste ser yo, lo poquito que me siento, lo nada que soy.

nunca entendí porqué tenía su alma llena de heridas era confuso ver como le dolía la vida sin siquiera haberla vivido, sus ojos lloraban recuerdos de momentos que nunca sucedieron, pero aún sin poder comprender lo que le sucedía, verla ahí en el suelo con sus ojos cansados mirando el techo, pretendiendo que nada le afectaba, haciendo caso omiso a lo que sentía; me dolía, dolía demasiado ver como ella fingía que absolutamente nada la hería.

— Lya.

no sé como la gente puede odiarme si lo único que hago es existir, aunque ahora lo pienso es probable que sea eso.

La última etapa de mi duelo por vos, la cerré reuniendo las pequeñas cosas que dejaste desperdigadas en casa; esas granadas escondidas colocadas estratégicamente para que en medio de la nada me tomaran por sorpresa y estallaran con radio expansivo de destrucción considerable. Necesité tomar el tiempo debido para que mi piel se engrosara y no fuera expuesta al rojo vivo a la amenaza de exterminio de lo que a penas estaba reconstruyendo después de tu adiós.

Recuerdo que antes de esa decisión, la primera bomba fue una camiseta que se coló entre mi ropa y decidió salir un día cualquiera cuando buscaba mi sudadera color rana. Casi salgo en sostén al pasillo de puro desconcierto enseñándole a todo el mundo -con los ojos negros del rímel corrido- las heridas causadas por ella. No me puse la sudadera; pero todo el día me sentí más rana y fea que nunca.

La segunda, tenía la forma de un cepillo dental pero contenía una cantidad de dinamita que me hizo salir disparada al otro lado de la habitación. Después de la explosión me volví cauta, cuidadosa en dar cada paso temiendo que todos los esfuerzos por seguir en pie, fueran pasos en reversa por hallar tus objetos.

Me tocó armarme de a poquito, acercando las piezas lo más posible antes de insertarlas nuevamente; no dejaré que tus olvidos me minen la vida, otra vez.