A veces piensas que quieres desaparecer, pero todo lo que realmente quieres es que te encuentren.
Ahora mismo te escribo sin saber dónde estás, pero no importa. No es motivo justificable para dejar de escribirte. No tengo claro si me he olvidado de ella, o sigo enamorada, o ya no la quiero. Unos días me siento invencible, otros sigo recordando todo lo que pasó y por qué ya no está conmigo. ¿Tú también has sufrido por amor, verdad?, ¿cómo puedo hacer para dejar de ver su cara en todas las chicas que pasan?
No soy tan fuerte como crees.
Amores fugaces, olvidos eternos, dicen.
Dicen tanto, pero tan poco a la vez, que de amores no se vive, pero viven amando.
Que el amor duele, pero aman riendo.
Ríen a solas y rodeados de gente, mas sollozar en tu hombro valdría más que cualquier carcajada carente de ti.
Dicen que del amor al odio sólo hay un paso y viceversa, pero me encuentro caminando cientos cada día y aún así no logro encontrarte para amarte a manos llenas, ni tampoco para retroceder un paso antes de odiar.
Dicen que el amor no siempre es sencillo, que no basta con amar, y si, a veces necesitarás más que amar para funcionar, pero nunca fue complicado para ti llenarme con tu simpleza al existir.
Dicen, y dicen y siguen diciendo, que amar así no se puede, que vivir con ilusiones en los ojos como hago yo, no es correcto, pero, ¿Cómo no ha de serlo?
Si amar es la chispa que nos mantiene humanos.
Dicen que en la vida hay cosas de más valor, más importantes, pero fue entonces cuando me proclamé el mayor infractor de esta, pues elegí amar(te)
condenarnos a la anorexia emocional nunca será la cura para un corazón roto.
No busco piedad, ni tu perdón; tampoco la redención individual es admitida.
Ninguno es mártir o verdugo: fuimos tanto víctimas cómo perpretadores y en ambos papeles, disfrutamos y lamentamos los martiros infringidos o soportados.
No será redimida esta historia. Tampoco te apresures a declararte vencido; yo no me proclamaré vencedora.
Acaba la batalla, amor.
Detestas los silencios. Evitas la incomodidad de su invasión tal vez, para que a tus pensamientos recurrentes no les dé por clavarse en medio de las cejas.
Antes de que tu voz aparezca, me deleito con tu ceño fruncido, rígido e indomable. Tan perfecto y estético, parece que estás casi a punto de atrapar lo que se empeña en no ser aprisionado. Justo ahí, te contemplo con detenimiento y en esos instantes eres tan mío que puedo darme el lujo de calcular si la distancia me dará oportunidad de alcanzar tus labios con el roce de los míos. Sin parpadear, me permito soñar tantito con la textura, la tibieza y el sabor de los pliegues de tu boca rojiza.
Me fascina que mi adoración por ti pase desapercibida; que mis ojos puedan descansar un rato y abrirse a plenitud para verte: Eres precioso.
Y de repente irrumpe tu voz preguntándome qué estoy pensando... Yo solo parpadeo, forzando a mis pupilas en hacerse pequeñas y soltar la idea del amor secreto que me inspiras en el pecho.
¿Recuerdas cuando dejaste mi corazón hecho pedazos?
¿Recuerdas haberme dejado en medio de la calle sola, después de gritarme?
¿Recuerdas las llamadas que solía hacerte y que constantemente rechazabas?
¿Me recuerdas llorando a solas porque buscabas lanzarme todo tipo de acusaciones para así evadir la culpa?
¿Recuerdas aquella vieja canción que compartíamos y que deje de escuchar porque me hacia pensarte?
¿Recuerdas cuando nos reemplazaste y volviste a buscarme porque ella no era lo que querías?
¿Recuerdas cuando dijiste que yo no era lo que necesitabas, cuando me viste en la parada de autobús, bajaste la mirada y caminaste como si nada, como si todo aquello que me hiciste no importara?
Porque yo sí, yo recuerdo cómo se sintió tener que seguir mientras te llevabas todo de mí, cuando pensaba que no podía amar a nadie más, cuando murmuraste que jamás encontraría a alguien que quisiera quedarse.
Y estoy aquí, para decirte que te equivocaste, que él llego, que me dio todo aquello que tú no pudiste darme, que reparo el desastre que dejaste y que hoy no hay un instante que no agradezca el que hayas decidido dejarme.
Arrasaste con mi piel y mi alma como si de verdad me quisieras, me bajaste todos los astros del cielo y te marchaste sin una explicación.

