Le dije adiós y ni siquiera tomó mi mano para impedir que diera un paso más. No corrió tras de mí, no se le cortó la voz. Como si quisiera que todo acabara, como si la historia no valiera nada. Yo me iba con los ojos rotos, con el alma vacía. Y él, solo veía como me volvía pequeñita ante su vista. Le dije adiós y me dijo bien y adiós. Y no sé si dolió más su indiferencia, o que la historia terminara así.