Te conocí hace poco tiempo, y no sé en qué momento, empecé a sentirme confundida. Simplemente revolucionaste en mí, tantas emociones que había dejado de sentir.
Tu presencia, borraste lo grisáceo de mis días. Adornaste el cielo de mis pensamientos y te convertiste en el dueño de mis sentimientos.
Tienes una boca que me incita a besarla. Esa boca que me llama y me provoca. Estoy sedienta de ti, de tus besos, del sabor de tus labios, de tu amor. Tus labios son mi delirio y mi gran deseo. Imagino que besarlos es probar algo celestial. Besarte sería como detener el tiempo y transportarme al cielo, haría de ese momento, algo eterno.
Me fascina tu sonrisa encantadora y tan perfecta. Cada vez que sonríes, me pierdo entre la comisura de tus labios, y guardo en mi mente, su radiante belleza. Y es que esa sonrisa me tiene loca y perdidamente enamorada.
Tu voz es la melodía más dulce que he escuchado. Simplemente amo escucharte hablar; estoy enamorada de tu voz. Cuando me llamas, siento como el calor del cuerpo sube hacia mis mejillas y las ruboriza, mi cuerpo se estremece, mi corazón se acelera al punto en que parece que estallará, mis manos comienzan a sudar y mi estomago se contrae por los nervios que quieren traicionarme.
Muero por estar en tus brazos y sentir tu calor; encontraría en ellos, un lugar seguro y cálido donde pudiera refugiarme en mis días tristes. Quisiera que me estrecharas en tu pecho y asi escuchar los latidos de tu corazón y después sentir como el ritmo de ambos se sincroniza mediante un abrazo simple. Sueño cada noche con estar en esos protectores y fuertes brazos.




