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18|Argentina| "Quiero viajar, quiero perderme"
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Desliza esto rápido y mira la magia

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Reblog para la buena suerte si viste morado!!!

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“Una vez quise ser hombre para casarme con mi hermana que ya lleva tres divorcios. Para amar a mis amigas que en cada relación mueren un poco. Quise ser hombre para fecundar sus vientres, no de hijos, sino de poesía, vino tinto, relojes parados, unicornios azules. Para decirle a Josefina cuánto admiro su forma de entregarse. Para escribirle a Rosi esas cartas que no llegan nunca. Llamar por teléfono a Pilar que espera tantas tardes. Llenar de caricias prolongadas el espacio de Beatriz, que vive sola y le tiene miedo a los temblores. Quise ser hombre, para amarlas a todas y no sentir más el frío de sus lágrimas en mi playera, ni mirarlas apagarse, ni presenciar sus funerales en sus ataúdes de treinta años. Quise ser hombre para invitarlas a volar el periférico, a bailar descalzas porque el América le ganó al Guadalajara, para llevarlas del brazo hasta una cama donde no tengan que fingir orgasmos. Pero soy mujer y, aunque puedo compartir con ellas la poesía, escribirles cartas, llamarlas por teléfono, llenarlas de caricias prolongadas, volar el periférico, bailar descalzas, secar su llanto, tocar su alma… No es suficiente. No les alcanza. Porque, desde niñas, aprendieron que los hombres son un premio al que hay que amar, sin importar si ellos las aman.”

— Rosa María Roffiel (México, 1945)

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“Una vez quise ser hombre para casarme con mi hermana que ya lleva tres divorcios. Para amar a mis amigas que en cada relación mueren un poco. Quise ser hombre para fecundar sus vientres, no de hijos, sino de poesía, vino tinto, relojes parados, unicornios azules. Para decirle a Josefina cuánto admiro su forma de entregarse. Para escribirle a Rosi esas cartas que no llegan nunca. Llamar por teléfono a Pilar que espera tantas tardes. Llenar de caricias prolongadas el espacio de Beatriz, que vive sola y le tiene miedo a los temblores. Quise ser hombre, para amarlas a todas y no sentir más el frío de sus lágrimas en mi playera, ni mirarlas apagarse, ni presenciar sus funerales en sus ataúdes de treinta años. Quise ser hombre para invitarlas a volar el periférico, a bailar descalzas porque el América le ganó al Guadalajara, para llevarlas del brazo hasta una cama donde no tengan que fingir orgasmos. Pero soy mujer y, aunque puedo compartir con ellas la poesía, escribirles cartas, llamarlas por teléfono, llenarlas de caricias prolongadas, volar el periférico, bailar descalzas, secar su llanto, tocar su alma… No es suficiente. No les alcanza. Porque, desde niñas, aprendieron que los hombres son un premio al que hay que amar, sin importar si ellos las aman.”

— Rosa María Roffiel (México, 1945)