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Ggc

@gidaltigc

Debes tener a este Jesús, más de lo que tienes cada nuevo día, de lo que tienes cada respiración. Por todos los cielos, él es tu próximo día, tu próxima respiración. Debes compartir tu vida con él, no apenas un momento cada tanto en la iglesia; no una visita ocasional. Debes vivir su vida. El propósito de su vida, su muerte y resurrección, fue redimirte del pecado, salvarte de las garras del mal, devolverte a Dios; todo esto para que su personalidad y su vida pudieran sanar y llenar tu personalidad , tu humanidad y tu vida. Esta es la razón por la que vino… TODO lo demás es religión.

(via imsonofgod)

David y Jonatan: Una amistad sin igual.

A veces, casi siempre, me gustaría tener una amistad como la que tuvo David y Jonatán. Quizás pido demasiado. Pero cada vez que leo su historia es imposible no hacerlo, ellos me dan una gran lección acerca de lo que en verdad son los amigos y déjame explicarlo poniendo un poco de contexto de esta historia.

Se conocieron en tiempos difíciles en su nación. Uno, Jonatán, hijo de un rey, heredero por completo de la corona, guerrero desde su niñez, enseñado en el arte de la guerra. Capaz de usar su espada, su lanza, y manejar muy bien su escudo y no se diga de su arco y flechas. Sus juegos de pequeño eran remplazados por la destreza y las tácticas de guerra. Sus juguetes por lanzas. Sus risas por gritos de guerra. Sus días de campo por completos entrenamientos. Él era el hijo de un rey.

Adiestrado para vivir de las mejores comodidades, sin tener que pasar por hambre, por pobreza o cualquier otra necesidad. Él era un príncipe, sentado a la diestra de su padre. Teniendo como compañeros a otros guerreros y nobles de su ciudad. Querido por muchos y quizás envidiado por otros. Ese era Jonatán.

El otro, David. Hijo de un hombre de pueblo, el menor de entre sus hermanos. Aquel que iba a cuidar de las ovejas, solo por ser el menor, solo porque no podía cargar con otras responsabilidades mayores. Dedicado en lo que hacía. Un joven con visión, responsable y sobre todo creyente de Dios. Por dentro de él corría un tipo de sangre común, que en muy poco tiempo se convertiría en sangre de la realeza. De él saldrían príncipes y reyes, sabios y predicadores. Su nombre sería conocido por todo el mundo y durante miles de años su reinado sería ejemplo de grandeza y victorias, temido entre las naciones. 

Pero en ese momento él era un don nadie, del país desconocido. Era solo un ayudador de su padre, un pastor de ovejas. Se había enfrentado a un par de peligros, en donde se había defendido a él y a sus ovejas de las garras de un oso y de los gritos feroces de un león. Nada más, esas eran sus mayores aventuras. A su corta edad caminaba por colinas, se recostaba sobre los pastos y miraba los atardeceres. A veces cauteloso por la oscuridad de las noches, pero creyendo que había alguien más ahí afuera con él. Un escritor. Sus letras fluían por sus venas, así como el aire por los cielos. 

Eran dos mundos totalmente diferentes pero que coincidieron en el mismo universo. Quien conspiro a su favor. Que luchó para atraerlos y dar la mejor lección de lo que un amigo es, y de lo que el otro significa. Eran dos planetas que fueron arrojados por la gravedad de todo un misterio.

Un día se conocieron, sin saber que era el inicio de una gran amistad llena de aventuras, de alegrías y de lágrimas, si de lágrimas también, y ellos mejor que nadie pudieron sobrellevarlo, aprendiendo, madurando, siendo mejores en su caminar.

Entre risas, un día Jonatán escuchó hablar de un delgado y rubio muchacho que quería formar parte del ejército de un momento a otro. Venía por la vacante que ningún guerrero había decidido tomar - y que ni querían. El puesto más difícil, aquel que solo los guerreros con ‘estrella’ podían ocupar. El de echarse a toda una nación en sus hombros y pelear en una feroz y brutal batalla a muerte con el enemigo.

No era nada sencillo. Ni siquiera el mismo príncipe, ese que te describí en un principio, el heredero, el hijo del rey, aquel a quien toda una nación admiraba y miraba de lejos, decidió tomar. Y eso, esa valentía llamo su atención, lo suficiente.

(Jon) ¿Quién, quién es éste hombre? ¿De dónde viene? ¿De qué familia es?… ¿Cuántas batallas ha librado y ganado? -pensó Jonatán.

(Dav) Mi señor y rey, déjeme tomar el lugar. El enemigo sabrá que se metió con la nación equivocada ¡Déjeme enfrentarme a él! ¡Ganaré! Yo no estoy solo. Nunca voy solo. He librado otras batallas…

(Jon) ¡Excelente, esto se torna interesante! -pensó Jonatán. Deja me acerco un poco más para escuchar. 

(Dav) He logrado ahuyentar leones y osos que han asechando a las ovejas de mi padre.

(Jon) ¿Eso era?, espera, ¿acaso mencionó rebaño, leones y osos? ¡Por favor! ¡Otro loco más que no sabe hacia dónde se dirige! Al parecer no ha visto al enemigo, no se ha dado cuenta de su estatura, de su poderosa armadura. De lo turbulenta de su voz y del temblor que su solo nombre representa. Goli(at)… ni siquiera puedo pronunciar ese nombre. No aquí.

(Dav) Mi señor rey, deme la oportunidad. El Dios de los ejércitos está conmigo. El dará la victoria. Ningún extraño puede venir y blasfemar así su nombre. Él no es más que aquel león o que aquel oso al cual me he enfrentado.

(Jon) Tiene carácter y seguridad, eso se lo reconozco. Interesante desde cualquier punto en que se vea. Y más porque ningún soldado quiere tomar esa responsabilidad. Todos están asustados y hasta cierto punto, la esperanza ya se les ha terminado. Pero ahora, de la nada, aparece éste, que a la primera de todas, pide la oportunidad para salir y enfrentarse al enemigo. ¡Seguro mi padre no lo dejará hacer tal locura! Pero, indudablemente, puede llegar a ser un buen soldado. Tiene valentía. Algo difícil de encontrar hoy en día.

Jonatán se retira y regresa con su unidad, esperando ver salir al muchacho dentro de poco. Mientras tanto adentro en la presencia del rey, se estaba dando otro tipo de batalla.

(Dav) Solo déjeme ir y de lo demás Dios se encargara.

(Sau) Está bien, ve. Y que Dios sea contigo. Toma toda mi armadura, estoy seguro que te servirá.

(Dav) Ah, Pensándolo bien rey, no es necesaria -dijo David después de varios intentos fallidos al tratar de caminar con todo ese peso encima. Deje que vaya con lo que Dios me ha dado.

(Sau) Ve, entonces.

Después de esto David fue al río, tomo unas cuantas piedras (cinco, de hecho) y las guardo consigo. Tomo sus armas y se encamino al enfrentamiento que estaba por tener con el destino. Aquel joven muchacho enfrentándose a un gigante, literalmente, Goliat provenía de una familia de gigantes. Llego, se puso en manos de Dios, peleó y contra todo pronóstico, ganó. Regreso al campamento convertido en un héroe. Si, ese mismo a quien miles de ojos miraban con lástima, encaminándose a su propia muerte. Sus hermanos alegres por la victoria, pero a la vez sorprendidos, tratando de asimilar por completo lo que había sucedido. Igual Saúl y aquel príncipe Jonatán. Que sin lugar a dudas, ahora más que nunca quería conocerlo.

El tiempo pasó, el joven David empezó a crecer, a madurar, su nombre se hizo conocido en toda la nación de Israel. El sacerdote Samuel empezaba a vislumbrar el futuro del reinado de aquel muchacho pastor. Su padre veía como su hijo menor comenzaba a recorrer su camino, allá en el frente de batalla. Él estaba creciendo. 

Y Jonatán vio todo eso. Desde el primer momento que escuchó hablar de este David, supo que había algo especial en él. Él era diferente. Era visionario, decidido, atrevido, pero a la misma vez temeroso - de Dios, claro está. Y ahora más y más cualidades comenzaban a sumarse. 

Aquel pequeño joven rubio, se empezaba a levantar como un hombre guerrero. Me imagino que ese día Jonatán se hizo más sabio, y adquirió una nueva estrategia de batalla, en el cual incluía que en cualquier situación en la que pareciera imposible ganar, teniendo a Dios de su lado, las cosas se darían para bien.

Y este fue la explosión que hizo que estos jóvenes se cruzaran. Ahora David estaba en la casa del rey, entraba y salía conforme él quería. Pero algo sucedía en la vida del actual rey, él estaba siendo abandonado (si así se puede decir, aunque de hecho lo abandonó) por Dios. Había días en que el espíritu de Saúl era atormentado y no podía estar en paz. Pero David libraba esas batallas por su rey. 

Compartían casa, fama, alegrías. Pero también batallas, conflictos y amenazas. Y fue ahí precisamente dónde su amistad fue probada al más alto nivel. Un día el rey trato de eliminar a David, si, trato de borrarlo del mapa, no una, sino varias veces, no quería dejar ni una sola huella de este joven que había llegado ‘para usurpar su lugar’ en Israel.

(Sau) ¡No voy a darle a nadie mi reino! Y menos a este joven que me lo está arrebatando.

(Jon) Padre, él no está tratando de quitarte nada. Al contrario, él ha luchado por ti y por esta nación. ¿O ya olvidaste la batalla contra Goliat? ¡De seguro que no! Se levantó cuando todos los demás estábamos de rodillas, esperando a que ese gigante se cansará y se fuera. Y 'este joven’ como tú lo llamas, fue en el nombre de Dios y lo mato. Hasta tú mismo le diste riquezas y a tu propia hija.

(Sau) Podrás decir lo que quieras Jonatán, pero yo sé que este joven ha sido ungido para ser el próximo rey. Toda la gente en Israel lo aclama, incluso más que a mí. Y eso no lo toleraré. ¡Lo quiero muerto! Así que de ahora en adelante me darás aviso de cuando lo veas y yo me encargaré del resto.

El padre estaba interponiéndose entre la amistad de estos dos muchachos. Y la Biblia dice que Jonatán se apresuró e hizo saber los planes y pensamientos que su padre tenía en contra de David, su amigo. Tanto fue el caso que en esa ocasión ellos hicieron un pacto, el uno con el otro. Y desde ese momento, ambos empezaron a cuidarse las espaldas, más de lo que ya lo hacían en el pasado.

Y ese es uno de los puntos a destacar de esta amistad. Jonatán no fue un hijo rebelde al ir corriendo y contarle todo a David, y ocultándole a su padre el paradero de su amigo. Eso era misericordia, amistad, amor y llegaré a este punto en la última parte (ya casi) de este escrito.

Cuando conoces a alguien así, tu peleas por esa otra persona de una manera en la que nunca lo has hecho por otros. Aún si eso depende de ponerte en contra de tu propia familia. Jonatán sabía que ahora David era el ungido de Dios para ser rey (abro el paréntesis para decir que incluso hay dos puntos en este momento de la historia que harían a muchos soltar las lágrimas y replantearse el tipo de amigos que son. No los mencionaré porque este escrito se extendería aún más y siendo que este es el primero que hago, ya tendrás una idea. Solo fíjense en lo extenso que hice este 'paréntesis’).

Ese es el tipo de persona que te gustaría conocer en una época de guerra. En donde sabes que en cualquier momento el sonido de batalla puede sonar y tendrás que salir y darlo todo, literalmente. Y más allá de eso, tener a alguien que cuide tu espalda. Pero lo que hace única a esta amistad es que sin duda, ambos estaban dispuestos a poner su vida por el otro. No era solo Jonatán o David, eran ambos. Era su pacto, su promesa, su amistad.

¿Cuántas personas has tenido en tu vida que cuando más necesitaste de ellas, simplemente no estuvieron? o más allá, te dieron la espalda, te lastimaron, te hirieron y te dejaron en el suelo, sangrando (en sentido figurado). A quien llamaste 'amigo’. Y no estoy juzgando a nadie, eso lo digo por mí, me ha pasado eso. Pero todo me ha ayudado a crecer y madurar, sobre todo.

Hace años (5 para ser exactos), recuerdo haber publicado esto en una de mis redes sociales: Escoge a tus amigos como si fueras a la guerra… ¿A la guerra? ¡Si!… Porque es ahí donde un verdadero amigo estaría dispuesto a dar su vida por ti y tú con gran valor harías lo mismo por él.

Y ese tipo de amistad era precisamente la que David tenía con Jonatán. Ellos no crecieron juntos, no compartieron algún familiar en común, de hecho vivían muy separados el uno del otro. Pero había una conexión muy especial, que una confrontación fue la que dio paso a que todo sucediera. ¿No te parece eso interesante? En lo personal, muchas veces he escuchado a otras personas decir que les gustaría encontrar a alguien capaz de transformar sus vidas, que llegue de repente y haga todo un cambio en la vida; y sí, se están refiriendo al amor de una pareja. David y Jonatán llegaron a un nivel de amistad tan elevado que fue comparado con el amor, capaz de poner los intereses del otro aún por encima del suyo propio. Y deja que te explique este punto:

(Dav) Si tu padre te menciona acerca de mí, dile que me he ido. No permitas que me encuentre, mejor mátame tú en ese caso.

(Jon) ¡Por favor, David! No digas eso. ¡Jamás lo haría! Si mi padre tiene alguna intención de matarte, te lo haré saber. Pero quiero que me prometas que si vivo, tú serás el que haga misericordia conmigo, para que yo no muera. No permitas que mi nombre sea borrado de la casa real.

(Dav) Te lo prometo. De verdad.

Esta fue una de las veces que estos dos jóvenes hicieron promesa el uno al otro. La siguiente vez que algo parecido a esto tuvo acción, Jonatán fue más directo con David y le abrió su corazón.

(Jon) ¡David, David! ¿Cómo estás? ¿Estás bien? Como ya sabes, mi padre anda detrás de ti, otra vez, pero aquí estoy yo. No te preocupes.

(Dav) Tengo miedo Jonatán, de verdad que sí.

(Jon) ¡Vamos David, no lo hagas! Mi padre no te encontrara, no lo permitiré. Tú reinaras sobre Israel, y yo estaré a tu lado, reinando. Seré el segundo después de ti (1 Samuel 23:17). Ese es el plan de Dios y aún mi padre lo sabe.

Cada vez que leo esta historia, simplemente mi corazón se quiebra. Al ver esta clase de amistad, está gran lección que ellos me dan. La valentía con la que Jonatán defendía a David, de su propio padre Saúl, es sin duda admirable, eran casi como hermanos. La historia continua, David perdona la vida del rey varias veces por temor a Dios, y finalmente un día, Saúl dejó de perseguirlo.

Perseverancia. Fidelidad. Lealtad. Son tres de las muchas características que había entre estas dos personas. Y para terminar, mencionaré uno de los paréntesis que utilice casi al principio. 

Ellos dos eran jóvenes, con antecedentes totalmente diferentes. Uno era hijo del rey y el otro era un pastor de ovejas, pero la amistad llego a crecer demasiado, a tal grado que un día, Jonatán le dijo:

(Jon) Como muestra de mi amistad por ti, y de mi promesa delante de ti. Toma, ten, llévate esto contigo. Es un regalo de parte mía.

¿Pero qué era lo que Jonatán le había dado a David?

Se quitó su manto y sus ropas de príncipe y se las dio a su amigo, además de su espada y su arco. Jonatán estaba preparando, sin darse cuenta, a David para el propósito que Dios ya tenía destinado. Él se desprendió de su manto real y se lo dio a quien consideraba su amigo, se quitó sus armas -quizá sus favoritas, y se las dio. Como pacto, como muestra de la amistad que existía entre ellos.

¿Estamos, tú y yo, dispuestos a desprendernos de lo mejor que tenemos para dárselo a quien consideramos nuestro amigo (a)? Él lo hizo con David, y su amistad fue prueba de que eso fue lo correcto. Y en la Biblia, estos dos jóvenes, son el más claro ejemplo de una amistad, ahora sí que, conforme al corazón de Dios.

Encuentra a tu David o Jonatán. Y si ya lo tienes, aprécialo (a), esa amistad que existe entre ambos (as) es un regalo que puede durar toda la vida.

Podrás decirme que no tienes a un David o a un Jonatán, que has tratado de encontrarlo, o que cada vez que has tenido un amigo, simplemente todo termina mal, incluso con tus sentimientos. Quizás eres uno de  los que ya no creen en los amigos, mucho menos en 'los mejores amigos’. Eso para ti es simplemente otro concepto más que esta sociedad tiene muy arraigado dentro de sí, el de regalar una sonrisa mientras estás de frente, pero apuñalándose en cuanto les das la espalda. 

Déjame decirte dos cosas. Uno, entiendo muy bien tu punto, de verdad que sí. Se lo que se siente estar de ese lado de la vida, y no es tan sencillo como parece. Pero, dos, aún tienes a alguien que podría ayudarte y quizás aún no le das la oportunidad que él tanto ha querido tener contigo. Él es un hombre, que aun cuando todas las demás voces fallan, la de él no, cuando tu gritas él escucha. Cuando tú lloras, él también siente. Él quiere una oportunidad para demostrarte que esto es solo más que palabras, o que es más que este escrito. Y sabes qué, él es como tú Jonatán y tú como David. David huyo, corrió, grito, se desesperó, tuvo miedo, ¿acaso no te has sentido así alguna vez? Pero ahí estaba su Jonatán. Y aquí está el tuyo. 

Él, al igual que Jonatán se despojó de su vestidura real, para dártela. Dejo las cosas que lo hacían un príncipe, rodeado de gloria y honra. Y abrió el camino para que un día no muy lejano tú y yo pudiésemos ser partícipes de eso. Nuestro Jonatán está esperando a que nos encontremos con él. Y al igual que David, después de conocerlo los problemas no se acabaron, al contrario, aumentaron. Pero la diferencia es que ahora David no estaba solo, aun cuando las circunstancias y sus sentimientos le decían lo contrario.

Cuando tú te encuentres de esta manera, recuerda que no estás solo. Que hay alguien que te escucha y está próximo a encontrarse. Que intercede ante su padre por ti, día y noche, no descansa. Y que lo que te pase a ti, él también lo siente. Pero de la misma manera, está buscando la más mínima oportunidad para hacerte saber que no estás solo. Puedes acercarte, él está disponible. Su nombre es Jesús y él es nuestro Jonatán.

Hay demasiadas lecciones que ellos nos pueden enseñar, tanto espirituales como no tan espirituales. Pero para eso tendría que escribir aún más, y por ahora no está en los planes. Lo anterior relatado está tomado de fragmentos del primer libro de Samuel, si quieres conocer más, puedes leerlo, es una gran historia.  

Este es corto escrito que refleja lo mucho que la historia de estos dos jóvenes me ha ayudado, en cuanto a mi círculo íntimo de amistades. Si en caso te llamó la atención y quieres saber más de la amistad y la Biblia, bueno pues, ya estoy tratando de escribir otro. De cualquier forma, gracias, de verdad gracias por llegar hasta este punto, hasta el final y si gustas compartirlo, puedes hacerlo, quizás ayudemos a alguien que necesita escuchar esto. Cualquier comentario, duda, sugerencia o pregunta, estoy disponible.

¡Saludos y un abrazo!

MGonzaga.

“A glad heart makes a cheerful face, but by sorrow of heart the spirit is crushed.” ‭‭ - Proverbs‬ ‭15:13‬ ‭(ESV‬‬)

“If you are happy, your face shows it. If you are sad, your spirit feels defeated.” ‭‭ - Proverbs‬ ‭15:13‬ ‭(ERV‬‬)

Real, lasting beauty comes from the heart, not from our appearance. Our faces reflect the light we carry from within, a light that can only come from the joy of our salvation in Christ Jesus!

El ancla. Parte II

Me gustan las tormentas. Hay algo ‘místico’ en ellas, no se puede explicar por completo. Algunos, al verla caer, escuchamos como la naturaleza suelta sus suspiros a través de ellos, contándonos historias, de lugares, formas y sentimientos distintos. De hecho, cada vez que hay una tormenta en mi ciudad, no puedo evitar el dejar de hacer lo que estoy haciendo y simplemente escuchar la lluvia caer, golpear los vidrios y unirse en una canción con la tierra. Y cuando hay relámpagos y truenos de por medio, mucho mejor para mi. Me gusta escucharla hablar, y aveces hasta escucharla gritar.

Y una de las cosas interesantes de esto es que nunca llueve de la misma forma dos veces. Siempre es diferente. Y ahí es donde encuentro una lección de la misma naturaleza (hablada por Dios). 

Pero ¿Por qué he elegido este concepto para escribir esta segunda parte? Por que sin duda me ayudará a explicar todo lo que voy decir más adelante. Me gustan las tormentas, pero por extraño que parezca le tengo miedo a la idea de ‘estar solo en medio del mar/océano’. Y hace poco viendo una película (me gusta obtener frases de cada una que veo) hablaban de este tema precisamente.

La escena se centra en 4 personas hablando, una de ellas saca a relucir la idea de navegar en la oscuridad de la noche, señalando que a otra de las personas no le gustaba el agua, cosa que esta persona respondió ‘si me gusta el agua, pero no de noche. No tienes idea de lo que hay más allá.’ A lo que el protagonista responde ‘si, si sabes. Solo hay más agua.’ Y a veces tenemos más miedo a enfrentar los miedos, que a la misma situación en sí. No es hasta el momento en el que estas en medio que lo comprendes. 

Y en mis días de ‘inspiración’ (me gusta llamarle así a esos ratos en los cuales Dios ha tratado conmigo y ha tocado mi corazón, y mediante letras he plasmado lo que no he podido hacer con las palabras) he escrito varias (muchas diría yo) cosas de esto, de las tormentas, de las situaciones. Espero  y poder reescribir algunas en este escrito, si no, al menos pondré la siguiente.

Hay ciertas tormentas de las cuales no puedes esconderte, o correr, tratando de evitarlas. Simplemente tienes que enfrentarlas con lo poco o mucho que tengas. Con un paraguas, con un techo, o simplemente con una sonrisa hacía los cielos. No todo en la vida termina mal cuando vas por el camino correcto. Usualmente la mente se confunde y trata de decirnos que estamos mal, y que nada de lo que hacemos, o de lo que no hacemos, tiene importancia, significado o valor. Y justo como cada gota en medio de la lluvia, sientes que tu tierra se empieza a ahogar. Pero te has puesto a pensar si cada gota de la tormenta fueran letras, ¿qué frase, oración, versos o canciones formarías?, o ¿qué te parece si cada gota fuera una nota, y tuvieras que unirlas para formar una melodía? Las tormentas no duran para siempre, pero nos enseñan a saber usar nuestra ancla, o bien, nos ayudan a dejarnos ir y ser guiados por el viento hacia nuevos lugares. Incluso los cielos más azules tienen oscuras tormentas, pero eso no los detiene y siguen estando ahí, fieles.

Hay tiempos en la vida, que suelen ser así, tormentas. Algunas veces sabes que vendrán, otras veces simplemente llegan, en la oscuridad del corazón, tan de repente. No puedes hacer nada, más que enfrentarlas. Y solo hay dos maneras de hacerlo: puedes navegar hacia afuera de la tormenta (si es que sabes por dónde), o bien, puedes aferrarte a tu barco (tu vida), soltar tu ancla y esperar. Así, sin nada más. 

Si tu ancla es la fe, y tu capitán es Dios: podrás resistir cualquier tormenta.

Si, fácilmente la tormenta puede arrastrarte a lugares que jamas creíste llegar, vivir momentos difíciles, llorar cada noche, derramando hasta la ultima lagrima. ¿No te ha pasado que tus ojos simplemente se cansan de llorar? No quedan más lagrimas. La tormenta sigue ahí, pero aveces la esperanza falla, o se tambalea por los fuertes vientes. ¿No te has sentido indefenso ante estas circunstancias? Piensas que es todo para ti, que ya no hay nada más allá. GAME OVER, escuchas decir en tu mente y repetirla vez tras vez, noche tras noche, lagrima tras lagrima.

¿Pero sabes qué? Eso es lo hermoso de la vida. Y no me refiero al dolor. Me refiero a lo que hay mas allá. Más allá de la tormenta. Otra vida. Pero bueno, esa es la tercera parte. No quiero adelantarme más.

Quiero terminar con esto. Hubo un día en mi vida en el cual no pude más, todo había terminado para mi. O al menos eso creía. Y mientras llegaba a la universidad, una especie de palabras brotaban…

Si, es difícil mientras vas subiendo las escaleras y sientes como si la vida se te estuviera escapando de las manos, así como se escapa el agua en medio de un rio turbulento. ¡Lo que quieres es correr!
Tomar una muda de ropa y correr a un lugar extraño y lejano, donde nadie te conozca y puedas empezar de nuevo; pero con el miedo de que al final te des cuenta de que el problema no es el lugar, sino tú mismo.
¿Cómo escapar de tu más grande miedo, si lo miras cada día en el espejo?  Llenando espacios de soledad con sonrisas temporales, y más falsas que luces de navidad en medio de un cielo estrellado.
Como si con cada paso que dieras, el abismo se hiciera más grande; pero de una u otra forma sigues caminando hacia allá, sabiendo el resultado y conociendo que solo empeorarás más de lo que pudieras mejorar.
Es como ese sueño del cual no consigues despertar, te repites una y otra vez que pronto todo pasará y despiertas, pero no, solo empeora. ¿Cómo decirle al alma que esté tranquila mientras una tormenta sucumbe por todos lados? 

Cuando mi alma estaba decaída, alcé mi mirada a los cielos y recordé cuán grande ellos eran; y cuando me sentí perdido, recordé que fui puesto aquí con una razón y que no estaba solo. Ahora estoy  camino a casa, y mientras tanto, eres mi sombra, mi escudo y mi fortaleza.

Si, aveces así pasa. Te sientes sin esperanza. No vez la salida. Es en ese tipo de momentos en el que tienes que usar tu ancla, soltarla y esperar a que se sostenga en algo, y por consiguiente, también te sostenga a ti. ¡Yup, es difícil! Y eso incluye que des una ‘ultima’ oportunidad y decidas buscarla. Yo llegue a ese punto, fue sumamente difícil, pero lo reconocí. Y ese día, mientras estaba en el aula de la universidad, literalmente corrí, y dije ‘Ya no puedo Dios, ya no.’ 

Y adivina qué, solo hubo silencio. No luces cegadoras, no voces potentes, no truenos, no visiones. Solo silencio. Era mi corazón herido, mi mente confundida, mi espíritu quebrado y él, en modo silencio, pero estaba él. Pasaron más cosas después de eso, pero no quiero alargar mucho más este escrito. Solo puedo decir que en el momento en el que mi tormenta parecía dejarme a la deriva, con las fuerzas que aun quedaban tuve que ir, desenrollar un poco, tomar, y aventar mi ancla al agua. Lo demás iba a darse poco a poco.

“Si después de buscar con desesperación una razón por la cual seguir y no la encuentras, ha llegado entonces el tiempo de que sueltes tu ancla y te aferres al lugar en el que estás. Mientras los vientos se calman. Mientras pasa la tormenta.”

Quizás los vientos de este problema, de esta situación difícil, de esta tormenta de la vida te están dando con todo su poder. Me gustaría decirte que te aferres, que te mantengas. Y si ya no puedes, si ya estás cansado(a) de seguir luchando, ya no hay más fuerzas en ti. Entonces díselo, grítalo, incluso si nadie te escucha. Quizás te toque enfrentar este proceso solo(a), yo lo hice, y es sumamente difícil, pero puedes hacerlo. 

En la vida habrán tormentas que arreciaran en contra de ti, que incluso pueden dejarte naufragando solo, en medio de ese mar furioso. Te preguntaras porqué, porqué a ti, y porque estas solo ahí; pero no pierdas la esperanza, porque de un momento a otro esa tormenta puede enmudecer, y ese mar furioso se puede calmar en bonanza. Todo depende de hacia dónde pongas tu fe, si en lo imponente de la situación, o en aquel que es más que la situación.

Aveces Dios nos enviara tormentas con la intención que nos acerquemos a él.

- Moisés Gonzaga.

Si tienes una pregunta, con gusto la contestaré.

La vida sucede.

Aveces más rápido de lo que uno se puede imaginar. Para cuando recuerdas ya tienes veintitantos años, con una gran cantidad de sueños, proyectos y metas. Y eso esta bien, lo malo es nunca luchar por todo eso.

Hay ratos en la vida que uno es sacudido, fuertemente. Pierdes a un ser querido, a un amigo y aveces hasta un noviazgo. Y me refiero a realmente perderlos y no a un ‘es que realmente no era para mi’, ‘no era nuestro tiempo’ o el típico 'bien dicen que si amas algo, déjalo ir y si regresa es para ti’. Bueno, yo a eso lo llamaría de otra manera. En fin.

Todo es parte de la vida. Creemos y hasta algunos dicen que si te pasan cosas malas es porque la vida se las esta cobrando, que has hecho tanto mal en tus 'otras vidas’, y hasta buenos son algunos para sacarse lo 'cristiano’ y aventar textos -pero fuera de contexto-, y todo eso. Aunque bueno este escrito no está detallado para eso. 

La vida sucede. Se gana, pero aveces también se pierde. Él da, pero también quita. Y eso es lo que muchos aún no entendemos, queremos ver revolución antes que rendición. Pierdes personas queridas, ganas amigos, terminas relaciones, obtienes un mejor puesto. Pero también existe el 'otro lado’, en donde eres madre soltera, en donde tu novio (a) pierde la vida, estas en una adicción, o simplemente no quieres seguir viviendo.

Y quizás aquí entraría un poco el tema de encontrar y conocer el propósito de la vida. ¿Por qué escribo esto? Aún no lo sé, a lo mejor en los próximos días lo descubro, quizás nunca. Pero lo que si puedo asegurar es de que la vida tiene que enfrentarse de la misma forma en la que caminamos. Un paso a la vez. Sea lo que sea que uno esté pasando.

Si, lo sé. Aveces es difícil. Aveces es más fácil decirlo que vivirlo. Sé que no es tan sencillo como parece ser. Que el rendirse y darse por vencido es lo mejor, si y no. Sí, y solo sí, cuando uno se rinde ante Dios. Y no, porque la vida no termina ahí. Muchas veces nos aferramos a las tormentas, creyendo que nunca pasaran, pero ¿sabes qué?, aún las tormentas de la vida tienen sus horas contadas. 

Un día la madre soltera se da cuenta que crió a un buen hijo y lo ve graduarse, aquel joven recuerda con emotividad todas las lecciones de vida, que aún con su muerte, su novia le deja. El hijo sigue adelante después de la partida temprana de sus padres, conoces nuevos amigos que se convierten en familia. Otro se aferra a la vida y encuentra una razón para seguir adelante, viviendo. Vuelves a sonreír, vuelves a vivir.

Así es la vida, aveces estás arriba, volando libre como los águilas. En la cúspide. Otras veces tocas fondo. Pero te levantas, lloras si es necesario, secas tus lagrimas y sigues adelante. O al menos eso es lo que esperamos de ti. A su tiempo, pero es lo que la vida también espera.

Porque él dijo: no te desampararé, ni te dejaré” - Hebreos 13:5

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Y me amé… Entonces, apagué el ruido de afuera y encendí la musica de mi interior y bailé noches enteras con mi tristeza y mi torpe corazón. Y me sentí orgulloso de mi, por un instante dejé de acusarme y comencé a perdonarme por todo lo que un día fui. Y me amé, me amé como nadie, jamás lo hizo y de tante negarme a mí mismo, al fin me dije que sí.

Kelvin Torres (via 9ben)