Yo, y mi cabeza.
Hoy es un día especial, en el que escribo sólo por gusto, probablemente termine escribiéndote a ti, como siempre.
Todavía no encuentro palabras para describir lo que siento respecto a tu forma de amarme. Me sorprende, me fascina, me enloquece, me enamora cada vez más.
Es de noche, la tercera vez que me desvelo en este año. Quiero creer que habrán muchas más veces, y que no estaré sola. Quiero creer que vas a estar conmigo, como lo has estado últimamente, desde que nos conocimos.
Sinceramente no sé a qué grado pueda llegar mi inspiración ahora mismo. Esta noche quería dedicarme, ¿por qué cuando planeo las cosas me salen mal? Iba a ser una noche bonita y todo se me jode. Me pregunto cómo sería noches de seguidas desvelandome contigo, siendo feliz. ¿Sabes? me hacer amar y reír siempre, y dicen que quien te hace reir seguido es peligroso, porque podría enamorarte, supongo que si es cierto, aunque no seas la persona más graciosa del mundo, me enamoré de ti, y puede también que lo que digo este tan mezclado, que no tenga sentido, pero soy así, me conoces incluso mejor de lo que me conozco yo, y ya te dije, no me gusta, no me disgusta, pero me encanta, me haces sentir bien, con los demás y conmigo misma (en especial conmigo misma). Sos bueno para mi, demasiado bueno. Y esta noche me tenes esperando ese mensaje tuyo ansiosa. Ya no sé cómo decirte, demostrarte lo mucho que te amo, todo parece pequeño, insignificante. Te amo, lo único que puedo decir es que realmente te quiero para todo. En especial, para mis estupideces, para acosar gente y hacernos de los locos. Para amarnos, como nadie antes se amó, como nadie cree que se pueda amar, cómo la forma de amar que todavía no fue descubierto. Vamos a inventar algo nuevo, vamos a crear alrededor de las personas un mundo utópico, mágico. Me gusta la magia, me gusta lo fantástico y real, lo diferente, lo único. Llegaste, y poco a poco te estás convirtiendo en mi razón para esforzarme y seguir con la cabeza en alto, sonriendo, sintiendome completa. Y acabé de notar que ya no espero nada más, ya no siento esa cosa de que tengo que seguir viviendo para saber qué tan grande o pequeño es mi futuro. Quizás, siempre fuiste la razón por la cuál aguanté, y ninguno de los dos lo sabía. Y de hecho, todo tiene demasiado sentido.

