Quien encaja en tus imperfecciones, en las esperas, en los silencios y en todo eso que normalmente sientes en soledad.

Qué fácil huir, dejar las cosas sin osadía, no haber rendido el último aliento por lo que se anhela por lo que se siente el fervor divino de lo inconmensurable.  Yo me he quedado casi solo, porque he huido de cobardes, de los que se quejan, de los que dicen que escriben, pero lloran más de lo que sangran o escriben, de los que dicen que son artistas y su único tiempo creativo lo invierten en insultar o creer que tienen la razón. Yo nunca hui, cambié de ciudad, pero no hui, me quedé conmigo, con el arte, con mis letras, con mis canciones, con mis cigarros, con mis jeans rotos, con mis sueños, con la garganta llena de voz por cantar lo que no había cantado, y nunca he sentido que he luchado demasiado porque en medio de cada adversidad que he tenido me he dado cuenta que todo es el equilibrio de lo que yo he elegido, por eso no me quejo si me va bien o mal, me quejo de las visiones de una sociedad que no encuentra su rumbo y que pierde su alma. Qué fácil ha de ser para muchos huir, con tal de encajar, de perpetuar el simulacro, de encerrar el espíritu, de escudarse en una falsa fe y no aceptar que tal vez, estamos solos, quizás por eso, huir de la verdad, es como caminar con los ojos tapados junto a un gran peñasco Qué fácil huir, no saber temblar en el momento, no enfrentar nuestra tumba, no cavar el destino de lo que podríamos elegir si supiéramos purificar el corazón para buscar la libertad, la utopía.