Descubrí que tengo pocos meses e incluso días de vida, ¿cómo puede ser? Tengo tan solo 18 años aquellos desmayos y dolores de cabeza son solo migrañas, ¿cuantos jóvenes no tienen migrañas estos días? Seguro el doctor se equivocó, ¡sí! Seguro que se equivocó. Realmente hubiese querido que esto terminara con un simple enojo con el medico por un mal diagnóstico. Realmente lo quería… pero no fue así, el doctor no se había equivocado, no importaba cuantas veces lo escuchaba simplemente no podía ser así, pero no importaba cuantos doctores visite, ni cuanto pida, no importa los berrinches que haga, solo me quedaba esperar. Había desaparecido de todo, había dejado el colegio y no había contestado el celular por dos semanas. Alex había venido a casa todos los días preguntando por mí, pero yo solo observaba desde la ventana o simplemente me sentaba a llorar junto a la puerta esperando a que se marchara, tres meses… tres meses era lo único que podía prometer el ultimo medico al que fuimos, para mí eso era una eternidad, mi madre estaba destrozada. Ella se iba a quedar sola, y yo tenía que ser fuerte esta vez por ella, por mí. No podía verla así todo el día, todos los días eran iguales era demasiado cruel escucharla llorar por las noches, decidí ir al colegio, necesitaba salir al menos un poco, alejarme de todo ingenuamente creí que el ruido del pasillo o el murmullo de mis amigos me harían olvidar que todo estaba por acabarse. Al día siguiente me preparaba para ir a clases de nuevo, mi madre incluso se enojó conmigo, camine hacia el salón yo estaba decidida, no iba a morir en un cuarto oscuro lamentándome por mi enfermedad pero en cuanto llegue ahí una de mis compañeros grito mi nombre y él clavo su mirada en mí, nunca me había asustado así antes mi pecho se oprimió de manera inmediata solo di la vuelta y salí corriendo de allí, ¿en que estaba pensando? Mi madre tenía razón, nunca debí salir de casa. Desaparecí por un mes pensando que él me olvidaría, pero no paso como yo esperaba, él seguía yendo a casa día tras día después de clases. Yo siempre esperaba por él, tan solo me conformaba con escuchar su voz llamándome desde la puerta, pero nunca fui lo demasiado valiente para enfrentarme a él, ¿cómo le decía a la persona que amaba que iba a morir?, ¿cuál es la mejor manera para decir esa clase de cosas? Dos días después mi madre me encontró tirada junto a la puerta, la ambulancia había llegado a casa, mi madre enojada reclamaba al doctor. ¡Tres meses! ¡Le dio tres meses, ella un no se puede ir! Entre sus gritos y el ruido de la ambulancia alguien tomo mi mano, ¿qué pasa? ¿Por qué estas así? ¡Sofí!, mi corazón se oprimió en ese momento mis ojos se fueron cerrando. Y al día siguiente había despertado en el hospital abrí los ojos por un momento y lo vi, él estaba junto a mi cama, pero ¿qué hacia él ahí? En ese momento no pude evitar que mis ojos lloraran. La enfermera entro en ese momento, y él despertó por el ruido no pronuncio ni una palabra y simplemente me miraba. Luego de unos instantes la enfermera salió de la habitación y él solo preguntó: ¿Por qué?, ¿no confías en mí? ¿Acaso pensaste que me alejaría? ¿Tan poco significo para ti? ¿Por qué? ¿¡Sofí, por qué!? Un nudo se formó en mi garganta y no pude responder a sus preguntas, mis lágrimas seguían cayendo. No puedo explicar el dolor que sentía en ese instante, mi mundo había vuelto a caer. Él seguía mirándome, sus ojos en ese momento reflejaban rabia pero sobre todo tristeza, después de unos minutos el cayo de rodillas ante mí, seguía preguntándome ¿por qué? Pero estaba vez en sus ojos solo habían lagrimas… Lo siento, ¡lo siento mucho! Fue lo único que logre pronunciar en ese momento, la enfermera entro en ese momento y le pidió que se retirara. Al día siguiente él apareció en el hospital de nuevo, llego tan sonriente y así fue toda la semana, él aparecía todos los días y se quedaba hasta que se terminaba el horario de visitas, me leía cuentos infantiles, me hacia reír con sus chistes, grababa música en mi celular para que la escuche cuando estuviese triste. Dos semanas más fue todo lo que pude luchar, un día antes me despedí de mamá, y le dije a él cuanto lo amaba, no puedo explicar el sentimiento que uno tiene antes de partir, es como cuando haces algo mal y tienes la sensación, la seguridad de que te regañaran. Si tan solo hubiese tenido el coraje de abrir la puerta cuando él iba, si tan solo hubiese sido un poco más valiente. Pero no puedo arrepentirme ahora, ya es demasiado tarde. Con mis últimos suspiros de vida, me levante como pude y camine hacia una mesita que estaba en la habitación, me sostuve por un momento y abrí el primer cajón de la mesa, en medio de todas las medicinas estaba un reproductor de música y unos auriculares de color rosa, los tome como pude y me dirigí a una silla que estaba junto a la ventana, me senté y mientras los desenvolvía miraba por la ventana, miles de luces alumbraban la noche era realmente hermoso lo que mis ojos estaban observando en ese instante, me puse los auriculares y la música empezó a sonar… sonreí levemente ¡No es una mala forma de morir! —Susurre. Mis fuerzas se desvanecieron en un instante, es todo lo que logro recordar.