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Me gustaría ser una perra sin corazón. Usar a la gente para mi propia diversión y luego descartarlas, no sentir nada por nadie, tener aventuras sin sentimientos que me aten y enterrar mis emociones. Pero no puedo evitar que me afecte hasta el más mínimo detalle, acción y toque. Todo se me queda grabado en la piel y la memoria y lo revivo una y otra y otra vez. Como un ciclo sin fin.