"¿Por qué los padres no piden perdón?".
Durante mucho tiempo esta pregunta se ha estado desarrollado en mi cabeza al punto de tomar un lugar y lo convertirlo en su estadía personal. Qué jodido.
Siempre me he considerado una persona sencilla; no pido mucho, y trato de dar lo justo, aunque probablemente muchas veces doy de más de lo necesario porque intento que nadie se sienta de la forma en que yo. Pero, hablando de los padres es un caso más complicado.
Tratamos de llenar expectativas, intentamos todo por conseguir un cumplido, ¿por qué? ¿Por qué es tan importante tener un comentario positivo de parte de nuestros padres? ¿En qué momento se nos dijo que debíamos encajar en las expectativas que ellos crearon de nosotros, cuando ni siquiera sabemos qué queremos desayunar en la mañana?
El problema viene cuando nos salimos del camino que ellos tienen visualizado para nosotros; ese momento en que sientes que fallaste porque ellos se decepcionan, porque se molestan; porque se aferraron a una creencia que ellos mismos tomaron.
Toman una actitud negativa cuando nos equivocamos, ¿por qué? Se supone que nosotros somos los que estamos aprendiendo, somos los que debemos tener éxitos y fracasos para poder forjarnos en diferentes aspectos de nuestras vidas. Necesitamos aprender de nuestras propias experiencias.
Cuando haces algo mal y lo reconoces eres tú quien pide disculpas, porque gritaste, porque dijiste algo mal, porque no te comportaste de la forma correcta.
¿Por qué ellos deben ser quienes deciden si algo está bien o mal?
Pero fallas. Fallas y todas las palabras y sermones que vienen después es lo que se queda estancado en tu cabeza, repitiéndose una y otra vez, como una cinta que no para de reproducirse hasta que esas mismas palabras no solo se quedan grabadas en tu mente, si no que también se quedan estancadas en tu corazón, y eso, amigos, es lo peor que puede llegar a pasar.
Porque ahora no solo piensas en las palabras, ahora también las sientes.
Lo que sucede después son lapsos de tiempo en los que te cuestionas todo, hasta la existencia misma. ¿Estoy haciendo las cosas bien? No lo sé. ¿Qué hice mal? No lo sé. ¿Por qué no puedo ser lo que esperan de mí? No lo sé. ¿Merezco esas palabras? Tal vez.
Pero cuando recibes comentarios negativos, a veces hirientes, de tus padres, después de lidiar contra ti mismo y tus pensamientos, luego de enfrentar la pelea emocional que se ocasionó dentro de ti, ¿recibes una disculpa?
¿Tus padres te piden perdón por su actitud, por sus comentarios? ¿Tanto les cuesta decir esa palabra que por años nos inculcaron?
¿Qué les impide admitir sus errores y disculparse? Nos llaman orgullosos, pero no se miran al espejo al momento de tener que admitir que ellos hicieron algo mal. ¿Mamá? Nos pregunta si vamos a comer. ¿Papá? Comienza hablarnos normalmente.
¿Y yo?
Con grietas. Con pensamientos negativos. Con ilusiones rotas. Con dudas. Con palabras y comentarios incrustados en el corazón.
Ellos continúan su vida tranquilamente, pero dentro de nosotros todo se siente tan distinto; ya no es lo mismo.
Si yo te pedí perdón cuando me equivoqué, ¿por qué tú no me pides perdón cuando te equivocaste?
Pero no se preocupen, aunque ustedes no lo digan yo los perdono.








