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Yoi

@emiryoi

  Soledad era independencia, yo me la había deseado y la había conseguido al cabo de largos años. Era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en que se mueven las estrellas.  
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Palabras

Con solo palabras me haces volar,

pensar en ti se ha vuelto una necesidad,

me enciendes, te siento y aún no me tocas,

cada sueño tuyo me provoca,

(allí nos encontramos boca a boca).

Es posible gritar en silencio,

tu nombre lo grito a cada momento, en las noches por ti me desvelo,

le pido a Luna que te susurre lo mucho que te quiero,

nos acostamos bajo las mismas estrellas, llenos de sentimientos,

La noche la hacemos nuestra, y entonces

mis sueños se tropiezan con los tuyos,

Tus ojos, se encuentran con mis ojos,

Mi boca desea a tu boca,

y esta sensación no se agota.

Me haces sentir tantas cosas, te hago sentir muchas cosas,

descubrir sentimientos, deseos, anhelos,

Tú provocas todo eso,

tan solo con palabras desnudas mi ser,

recorres mi piel, me haces estremecer,

te quiero pertenecer.

Con solo palabras me llevas al lugar donde me empiezas a amar,

y haces de el nuestro hogar.

Con solo palabras no lo puedo mostrar,

Emir, pero que eso no te haga dudar que Te Amo de verdad.

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Cuando estemos de frente

Cuando te tenga de frente, no diré nada y a tus brazos correré, (ya no te soltaré).

Cuando me tengas de frente, no digas nada solo ven y bésame, (quiero tus labios morder).

Cuando estemos de frente, no habrá palabras que decir,

Cuando estemos de frente, todo se traducirá a caricias que ya quiero sentir,

Cuando estemos de frente, Emir veras lo enamorada que estoy de ti.

Te Quiero mi Solecito

-Lady moon 🌙

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emiryoi

Yo te quiero mi Luna

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Será que en algún momento del día me piensas?

será que en una de esas horas en las cuales te encuentras realizando tus actividades cotidianas, tus labios repiten mi nombre en secreto una y otra vez?será que sientes curiosidad de saber cómo estoy?

será que tus ganas de hablar conmigo son las mismas que tengo yo?

será que en alguno de esos pequeños instantes de tu vida me extrañas?

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“Y la verdad es que me cuesta mucho mostrarle todo lo que soy a alguien que quiero, porque me da miedo que al hacerlo me vea como yo me veo.”

— Y

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“Todos saben que para morir no es necesario dejar de existir, a veces sólo se necesita renunciar a todos tus sueños.”

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Te convertirse en eso que quería olvidar pero no podía dejar de amar.
Blue-lights-stuff.
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Mi bella Alhelí

De lo más profundo, de lo más pulcro que en su ser se hallaba; estaba ella o lo que quedaba de su ausencia.

Esa noche fría de otoño era el compañero de esta alma enamorada. Mientras sus pies, apresurados atravesaban la vereda que los separaba de su amada, él imaginaba el rostro que la chica pondría en el momento en el que él llegara.

Él frío se hacía cada vez más fuerte, comenzaba a calarle los huesos. En pocos días sería invierno. No había momento tan más sublime, tan mágico. Todo valía la pena si como recompensa, esos ojitos pispiretos y esa sonrisita cómplice lo premiaban.

Uno, quince, treinta pasos más. ¿Cuántos más tendría que andar? Estaba tan ansioso por llegar. Y es que luego de tenerla tan lejos, no podía esperar para verla ni un minuto más. Su familia se había ido se vacaciones a las montañas, así que su amada había estado fuera durante ese mes. Ambos procuraban escribirse diario y algunas noches, si la red estaba a favor de los dos románticos, hablaban por teléfono.

— Te amo, vida mía — le decía su chica de en sueño con esa voz aterciopelada qué sólo ella tenía.

— Más de lo que te pudieses imaginar, te adoro con locura, mi bella Alhelí — le respondía él, ensimismado al escuchar su dulce voz.

—Mi Leo, mi andar por esta vida ha sido un sueño a tu lado. Gracias por ser tú el que alegra mis días. ¡Jamás dudes que te amo!

— Jamás lo haría, vida mía. Sabes bien que somos inevitablemente atraídos, sin importar las circunstancias. De ti no me puedo escapar. Esta vida nos ha juntado y el universo ha conspirado a qué estás dos almas errantes se encontrarán y dejarán de vagar. — le recitaba él.

—Leo, ten por seguro que te amaré hasta el final de mis días.

El chico repetía una y otra vez la conversación con su amada de hacía unos pocos días. Era inevitable, tenía que hacerlo, de esa manera la sentía cerca, y por fin esa misma noche la vería.

La temperatura había bajado ya a su punto mínimo, habitual para esos últimos días de otoño. Más el chico al recordarla a ella se sentía cálido, ni el viento más gélido impediría que la viese. Se habían escrito la noche anterior, ella le había dicho que regresaría al día siguiente, y acordaron verse en la casa de ella en la noche, cómo todos los viernes.

Ahí estaba, a unos pasos de su amada. La residencia era amplia en extensión, y las hileras de cipreses que estaban en ambos lados del sendero anunciaban que ya había llegado.

Su corazón no reparó en contener la emoción que guardaba. Se permitía sentirse niño, se permitía todo por ella. Le había llevado un ramo de flores alhelí de amarillo vibrante, sus preferidas, y de dónde el había tomado el apodo “mi bella alhelí”. Eran flores que con tanta dedicación el procuraba cultivar para ella en el vivero que tenía en casa. El bello aroma de las alhelitas inundaban sus sentidos. No podía esperar a que en su rostro se dibujara una tierna sonrisa al sentir su aroma mientras él tomaba una de las flores para acomodarla en su sedoso cabello, de destellos cobrizos y dorados.

El sonido del picaporte de la puerta principal lo sacó de su utopía, en reacción involuntaria sus músculos del cuerpo brincaron por la sorpresa. Sería ella seguramente la que lo recibiría de inmediato.

Ante él, el padre de la chica. Un hombre más alto que el por una palma, robusto y con ceño fruncido como característica usual, de apariencia ruda pero con un corazón tan noble, el cual su hija había heredado en doble porción.

— Leo, hijo, pasa hace bastante frío.

Lo recibieron con la misma calidez de siempre, aunque lograba sentir un atisbo de melancolía en el aire… ¿Estarían cansados por el viaje? Al fondo, se escuchaba una dulce sinfonía, la favorita de su bella Alhelí, seguramente era ella quien la había puesto.

El café y los bizcochos colocados en la mesa de centro en medio de la sala y ambos padres sentados a la par, frente al novio de su hija.

— Necesitamos que leas esto Leo. — le decía el padre de la chica, mientras extendía un sobre con su nombre escrito en el.

El chico no era ningún tonto ni mucho menos ingenuo. Su amaba no lo había recibido, sus padres no le daban ningún indicio de que ella estuviera por bajar de su habitación, no la habían mencionado en lo absoluto y para terminar de alimentar la ansiedad que estaba por aflorar, le entregaban un sobre con su nombre escrito por el puño y letra de la chica. >>¿Qué está pasando?<< se preguntaba así mismo mientras intentaba aparentar serenidad sin mucho éxito.

Su cara debió ser un poema, por qué la madre le dijo:

— Es de Leah.

>>¡Claro qué es de Leah!<< gritaba para su adentros. Sabía que era de ella, pero la cabeza le daba vueltas al intentar comprender todo aquello. ¿Qué acaso ella lo estaba dejando? — ¡Por todos los cielos, me está dejando! — musitó tan inaudible. Pero, ¿ por qué? ¿Qué había pasado? ¿Había hecho algo mal? ¿Era posible que sólo en este corto tiempo fuera lo dejara de amar?

Sus manos temblorosas tomaron la carta. La incertidumbre lo carcomía como polillas aborasadas alimentándose de madera; la ansiedad se había apoderado de todo su cuerpo. Se sintió inmediatamente enfermo, sudaba frío y había pedido toda capacidad de articular palabra. Los padres de Leah se habían retirado, suponía que para evitarse la pena de verlo llorar cuál alma en pena al enterarse que su hija lo estaba botando. Tomó una gran bocanada de aire para luego dejarlo salir quedándose sin nada de aire en los pulmones y comenzar a leer lo que ya temía encontrar en sus letras.

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Recuerdo perfectamente una ocasión que en la escuela presencié como un compañero le daba un obsequio a una de mis amigas. A mis quince años yo tenía dos ideas muy claras, una muy distante de la otra supongo. La primera, era un detalle muy tierno y tan deseable para cualquiera; el segundo, eran a mi parecer, aún pequeños para entender eso del amor que ni yo aún conocía, pero aún así no le quitaba lo tierno. Al final, para amar, creo que no existe edad.

Me quedé pensando entonces, ¿cuándo me sucedería a mí? Y le conté a papá, a lo que él me respondió que yo sabría cuándo sería ese momento, sabría justo quién sería esa persona. Y aún con impaciencia de niña me prometí que esperaría, después de todo aún era una ingenua en eso que llamaban amor. Entonces, te conocí. Aquella niña sigue muy presente creyéndose aún pequeña cuando está delante de ti.

La Niña le dice a esta ahora adulta joven lo que piensa, y la adulta solo alcanza a decir entre su ensimismamiento, lo conmovida, entusiasmada y alegre que se siente de experimentar esto tan anhelado y atesorado para ella.

Mi amado Leo, a veces siento que mereces más de lo que te ofrezco. En ocasiones, me siento torpe mientras mi corazón y estómago, acelerados y en revolución, se hacen tripas corazón al quererte decir lo dichosa y feliz que soy por tenerte a mi lado. Pero aveces mi cuerpo no parece ir a la par de mis ideas… Así que torpemente atino a abrazarte mientras me aferro a tu cuello y te digo con un hilo de voz esperando a que no se quiebre y delate mi emoción y nervios desmedidos, por tantos sentimientos bellos que llevo dentro por tu causa. Me siento tan niña contigo, y me encanta, aunque aveces temo parecer una loca desquiciada por amarte como lo hago.

¡Por favor, perdóname corazón de mi alma!

Aunque quisiera decirte esto y más de frente, con voz propia, ya no podría. Lo hubiese hecho, eso tenlo por seguro, aunque para decir todo mi ser con claridad, concordancia y sin tartamudear, tendría que indudablemente leerlo desde el papel. Pero, no importa, ¿cierto? Por qué aún así, seguiría siendo mis palabras y mi esencia. Eso es lo que quiero que sientas al leerme aquí, ahora.

¡Por favor perdóname amor mío! Perdóname por no cumplir lo prometido. Mi llanto y mi pesar ha sido mi alimento y la amargura la que me asecha cada día, al saber que ya no podré estar contigo.

¡Ódiame, ódiame te lo pido! Siento que casi te lo podría pedir a gritos. Ódiame para que pueda estar tranquila. Porque preferiría mil y un billón de veces más tu odio a soportar tu tristeza y desdicha mientras aún me amas a desmedida inclusive en mi ausencia.

Maldije a la vida, cuestioné al universo. ¿Por qué nos ha hecho esto? Porque egoístas, conspiraron a nuestro encuentro y hoy nos castigan.

Mi luz en medio de mi oscuridad, mi paz en mis tormentas, ¡JAMÁS DUDES QUE TE AMO!

Mi aflicción es que ya no pueda verte más, pero mayor es mi melancolía al saber que yo seré la culpable del dolor que te avecina.

Desearía que para cuando leyeras esto yo aún estuviera con vida. Pero no sé, no soy tan fuerte amor de mi vida. Ya no me siento en este mundo, pero me aferro a él por solo un minuto de verte, porque mi paz sería cuando yo pudiera escucharte y abrazarte. Por ese motivo, aprovecho a escribirte, mientras me quede fuerzas, mientras aún disponga de mente.

Me iré amándote a desmedida, con mi alma. Gracias por amar a este pequeño ser imperfecto. ¿Sería egoísta pedirte que por favor, seas feliz vida mía? Perdóname si te lo pido. Sólo una última cosa exigiría al universo, y es que me lleve, pero que mi ausencia no te pese. Y no sé si exista otra vida, pero estoy convencida que te amé en esta vida y lo haría sin dudarlo en otras más. ¡Sólo tú existes!

Siempre tuya, tú bella alhelí.

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¡Esto era una pesadilla, tenía que serlo! No suponen que momento, pero las lágrimas se desbordaron desmedidas por su mejillas, el apodo impregnado de ellas caía al suelo. Le faltaba el aire, su corazón parecía que ya no latía, sus sentidos paralizados, mis extremidades rígidas, gélidos escalofríos eléctricos le recorrían por la espina dorsal hasta extenderse por todo su sistema. Dolía, sentía que el pecho dolía, con ambas manos presionaba su pecho, en un intento vano de mitigar el dolor que en el sentía. Sentía como si mil espadas repetidamente lo hubiesen atravesado. Sus vista estaba nublada por el manantial que de sus ojos corría.

Se llevó ambas manos a la cabeza mientras la sacudía frenéticamente en negación. No podía, no su amada Leah. ¿Por qué la vida nefasta, se había ensañado con ella? ¿Por qué con ese ser que no lo merecía?

—Hijo… Leah — las palabras del padre fueron interrumpidas, una ola de tristeza lo inundó enseguida. Cabizbajo, sollozos suplantaron sus palabras, mientras infinitas lágrimas de sus ojos salían cayendo sobre la alfombra de la casa. Su esposa posó una de sus manos en el hombro del padre y este al sentir a su esposa se derrumbó de inmediato, cuál niño aterrorizado sin consuelo. Ella, de inmediato lo acunó como pudo entre sus brazos en un abrazo por detrás. Ella, también lloraba.

— Leah experimentó un infarto en el tronco cerebral. Todo fue muy inesperado, este lunes ella se encontró con dolor de cabeza muy fuerte y parecía que le costaba un poco hablar decía tener vértigo. Decidimos llevarla de inmediato al hospital, entró en estudios y los médicos determinaron que había sido solo en una sección del tronco y procedieron a programar de inmediato su intervención, nos aseguraron que habrían buenos diagnósticos, que eran un alivio que llegáramos a tiempo, procedieron como lo planeado, pero volvió a tener un infarto masivo hoy viernes por la madrugada. Cayó en coma y esta tarde…— La madre cayó, estaba demás seguir hablando…

Leo no entendía absolutamente nada. Nada le cuadraba, nada tenía sentido. Sentía morirse.

Debido a la mala señal telefónica los chicos habían logrado hablar ese domingo. Y leo había seguido conversando con ella hasta ese miércoles por escrito. Sí bien esos días no conversaron tan largo y tendido como siempre, creyó que era por qué su bella alhelí estaba aprovechando sus últimos días en las montañas que tanto disfrutaba. Ese miércoles ella le escribió temprano, avisándole que se quedaría sin red hasta el regreso a casa. Le había dicho que estimaban llevar para el atardecer, casi al caer la noche y que la viera en su casa como cada viernes antes del viaje. Nada de eso le pareció anormal. ¿Por qué nunca le dijo nada? ¿Por qué no le aviso que estaba internada?

La bella Leah siempre se distinguió por ser muy perspicaz e intuitiva, entre su mágica personalidad, parecía tener sangre gitana en las venas, porque de repente, muchos de sus presentimientos llegaban a ser tan acertados que sorprendían al mismo Leo. En infinitas ocasiones ambos habían comprobado lo mágica que era al momento de predecir acontecimientos, ella solía decir que simplemente sentía la convicción de que inminentemente lo que presentía sucedería. Podía distinguirlo más no sabía cómo explicarlo.

Ese día, ese miércoles ella lo supo. Supo que nada sería igual, sabía que el destino había hablado y que el reloj del tiempo se detendría para ella muy pronto. A pesar de las buenas palabras de ánimo de los especialistas, ella lo sabía, nunca se caracterizó por ser un ser pesimista, sólo sabía que moriría.

Cómo uno de los mayores retos que le había puesto esta vida, se dispuso determinante a despedirse de Leo. Y le escribió.

No quiso que nadie le avisara, hizo jurar a sus padres y familiares que no le dirían. Ella, a su manera, quería evitarle todo el dolor posible a su amor. Solo pidió, como ultimo favor, que se encontraran con él como ella había acordado y le entregasen la carta que le había dejado. Solo esperaba que él la perdonara.

Leo yacía inmóvil, las lágrimas habían dejado de salir y una rabia indescriptible le hacía hervir las venas.

—¡Yo debí estar ahí con ella, debí haber estado en el hospital! — le gritabas al aire, a la vida, al destino, al universo.

—Vamos hijo, además de venir a encontrarnos contigo venimos por ropa para ella, tenemos que irnos. Vamos, vamos a despedirnos de nuestra Alhelí.

Y cruzando el umbral de la habitación de su amada, cayó de rodillas al suelo. Ella nunca más estaría ahí. Jamás la volvería a ver reír. Sí contenerse se derrumbó, se quebró, todo el lugar olía a ella, un llanto ahogado y amargo salía de su ronco pecho, sintió morirse junto a ella. — ¿Por qué vida? ¿Por qué universo? Si ella era mi vida… —

De lo más profundo, de los más pulcro y sincero que en su ser se hallaba; estaba ella o lo que quedaba de su ausencia.

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Ojalá seas tú.

¿Alguna vez pensaste en lo difícil que es ser la siguiente persona en la vida de alguien? Es decir, cuando tú quieres a alguien, esa persona ya trae consigo un pasado; una historia que quizás le dejó muy marcado(a) y tú no imaginas cuánto. Tal vez conozcas un poco de ello, pero no todo el trasfondo.  Y llega un momento en el que quieres hacer algo, pero él o ella se niega; porque resulta que ya lo hizo antes con alguien, alguien que le daño y ahora eso le trae malos recuerdos. Te gustaría poder hablar con libertad de cualquier tema, pero no puedes, porque algunos ya los hablo con otro(a) antes de ti y no supo respetar su confianza; por ende, ahora no confía fácilmente o más bien ni siquiera intenta hacerlo. Sé que quizás preferirías que fuera menos inexpresivo(a), pero desconoces que cuando lo fue, con quien se mostró tan dulce y cariñoso(a) no supo valorar esos gestos; por eso es que ahora simplemente no los tiene. Y desearías que te quisiera de la misma forma en la que tú lo haces, pero no sabes que cuando se entregó a alguien de forma incondicional, esa persona se encargó de destruir toda ilusión y convertirle en alguien que difícilmente da acceso a sus sentimientos. ¿Sabes qué es lo más irónico? Que aunque no es tu culpa, ni tampoco la suya, todo esto lentamente te irá acabando y pronto tú serás igual. Lo más triste es que de manera inconsciente o consciente, alguien se convertirá en “la siguiente persona en tu vida” y así sucesivamente. Tal vez tú eres ahora esa persona, el siguiente en la vida de alguien o quizás eres quien hace sentir a otro de esa manera, no lo sé, pero debería haber alguien que rompa este ciclo. Alguien que pueda tratar a los que vengan, no como el “siguiente”, sino como el primero en su vida, aún si hubo un pasado complicado y difícil antes. Pero dime, ¿quién puede dar lo que no recibió? 

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¿De qué sirve dedicarte una noche de poemas si en la mañana siguiente funcionarán como cuento para alguien más?

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“Había un chico que le gustaba escribir poemas, los escribía cuando tenía horas libre de clase, se iba a los bares con su mejor amiga que era la libreta, se sentaba en las plazas con la hoja y la pluma, cuando yo lo conocí prestaba demasiada atención a la conversación como si saboreara cada palabra, pues en su rostro se dibujaba aquella expresión de placer que sólo experimentan los que consideran a las palabras como caricias. Un día fuimos a comer, escribía de la chica que le traía la cuenta, del tipo que le preparaba los tacos, de cómo una flor crece en una casa con matrimonio separado. Un día le dije que era un poeta y lo negó, afirmaba que los poetas estaban enfermos, y que él sólo estaba loco. ¿Loco tú? ¿Un hombre que desafina al universo y lo convierte en su propia melodía? Eres un genio le dije, y me dijo, que para ser un genio, tenía que existir un equilibrio entre inteligencia e imaginación, no eran palabras suyas me confirmó, sino de José Ingenieros. Estudiaba una carrera que no tenía qué ver con las letras y le pregunté ¿Por qué estudias eso y no algo como filosofía y letras? A lo que respondió, que los que se matriculaban en eso, les faltaban historias de amor, que él ya tenía muchas, citaba a García Lorca: La poesía no necesita eruditos sino amantes. Cuando salí de la universidad me enteré de que regalaba sus poemas en la calle, su familia le dijo que de ser artista nadie vivía, entonces se fue de ciudad, vivió entre vagabundos, artistas callejeros, cuando recitaba, sus palabras estremecían a todos, chicas con dinero decepcionadas de sus amantes le pagaban fines de semana en la playa y en lugar de follarlas les escribía poemas. Debido a que a nadie discriminaba, pues el buscaba las palabras sinceras de cada alma, fue conociendo gente ambiciosa que le aconsejaba, le ofrecían publicar en grandes editoriales y vender muchos libros para dedicarse de lleno a su arte y él decía ¿Para qué he de buscar el reconocimiento si la fama da dinero y el dinero no da felicidad, yo he sido feliz, siendo lo más normal que es aceptar lo que soy? Sus amigos decían que era un bohemio, un don nadie, un vago, que no se podía vivir siempre así. Lo cierto fue que el siendo feliz, vio primero a sus amigos morir, no físicamente, sino de la manera espiritual. Le publicaron un libro, no pensó en el éxito comercial, pensó más que nada que el mundo era infeliz y que tal vez a unos privilegiados necesitaban sentido. Su libro fue un éxito comercial, no se volvió a saber de él, nunca fue por sus regalías, a presentarse a los congresos, a las ferias de los libros y un día me lo encontré en la calle, le pregunté que por qué razón vivía como un vagabundo, él me respondió: todos los que compran tienen más privilegios que sueños, al menos los que no pueden comprar tienen sueños, y de ellos es la oportunidad de cambiar todo como lo conocemos.”

— El mochilero de los libros, Quetzal Noah.

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Decía Epicteto que “no son las cosas las que atormentan a los hombres, sino las opiniones que se tienen de ellas”. ¿Qué significa esto? Pues que el hombre no sufre por los hechos, sino por las expectativas que se hace y no se cumplen, o por aquellas cosas que da por verdaderas y no lo son.

En fuentes originales se usan dos palabras de origen griego muy reveladoras en esta frase: “pragmata y fantasmata”. La palabra “pragmata”, que es la raíz de la palabra pragmático, significa “el hecho”. La palabra “fantasmata”, que es la raíz de la palabra “fantasma” (phantasma), significa lo mismo que para los romanos era la palabra imago, es decir, fantasía, aquello referente a la memoria y a la imaginación, por eso fantasma y fantasía comparten la misma raíz. Entonces se podría decir que el hombre no se atormenta por “pragmata”, por el hecho, sino por “fantasmata”,es decir, por las representaciones imaginarias que hace de las cosas.

Por cierto, en casi todas las películas de terror escuchamos en alguna escena el soplido del viento, pero nunca nos preguntamos de dónde proviene tal asociación. Para nosotros es un hecho que cuando el viento comienza a silbar en una película, es señal de que pronto aparecerá un fantasma en escena. También hemos escuchado en películas el sonido que hace la muerte, pero, ¿quién podría escucharla y sobrevivir para contarlo? Pues nada, pensamos que esos tipos de Hollywood son unos genios, pues tienen la habilidad de erizarnos la piel con fantasías, ¿no es así? Y aquí viene lo interesante: los antiguos mexicas elaboraban con barro cocido unos silbatos que ponían a temblar a los conquistadores, pues simulaban el silbido del viento y la muerte, y resultan muy parecidos a los efectos de sonido de Hollywood (los pueden buscar en Youtuve), pero hay que recordar que hace 500 años no existía el cine, así que tenemos una pregunta sin contestar: ¿Por qué asociamos el miedo y el terror al silbido del viento? Pues porque es parte de nuestra memoria colectiva. En el pasado, nuestros ancestros aprendieron que el silbido del viento presagiaba tormentas y huracanes, lo cual significaba peligro, miedo, muerte.

¿Y qué relación tiene todo esto con la frase de Epicteto? Pues quien vive interpretando la vida en términos de fantasía, expectativa y cosas imaginarias, y hace hasta lo imposible por apartar la verdad de sí mismo para quedarse con lo imaginario, sólo puede tranformarse en un fantasma. Lo que llamamos “personalidad” en realidad ya es un fantasma en la vida, pero el velo que le cubre los ojos le impide saberlo. Como todo fantasma, sólo toma consciencia de sí cuando muere, por eso se pasea penando, anhelando volver a tener la oportunidad que ya perdió.

La propuesta de Epicteto es muy simple: “sé un espíritu, no un fantasma”. Es decir, ser alguien que triunfa en la vida, y no pasar por la vida como un fantasma. Un espíritu es alguien que se hace cargo de su propia realidad y la genera, haciéndose un aliado del viento, pues en vez de oponérsele, lo monta y lo cabalga.

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“A veces hay que inyectarse fantasía para no morir de realidad…”

—Aries, Leo, Virgo,Libra, Piscis, Cáncer, Acuario, Géminis y Tauro.

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A veces me suelo crear tantas expectativas creyendo que al menos una de ellas se hará realidad, pero solo se crean en mi cabeza.
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“Siempre amaré la falsa imagen que tenía de ti. La falsa imagen que también me ama.”

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aloved
¿ Eres feliz ?
Desde pequeña me daba curiosidad esa pregunta, de alguna forma entendía que su respuesta era algo más que un simple si
Siempre se la hice a las personas de mi alrededor, estás me miraban raro y un poco confundidos como cuando llegas a un pequeño callejón y tienes que recapacitar de que te hizo llegar hasta allí.
Lo que seguía era una repuesta automática nada profunda pero muy buena para aparentar ser el fondo de un abismo llamado existencia.
Hoy en día pregunto más incógnitas tan sencillas y complejas que harían confundir a cualquiera.
Pero...

¿ Eres feliz ?

Esa es una pregunta que puede llegar hasta derrumbar la ilusión del conformismo y de los sueños perdidos.
¿ Eres feliz ?

Dime

¿ Lo eres ?

Piensalo
Ya no te mientas
Ahora... En estos momentos, algunos o tal vez tú...
Se preguntan

¿ Que es la felicidad ?

Busca el diccionario e intenta sentir la profundidad en su definición.
Felicidad: Estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno
Si, eso es la felicidad; una vez leí que las palabras tomaban significado por medio de su historia y de lo que se le relaciona.
Por eso ciertas palabras logran evocar tantos sentimientos con su pronunciación...
La felicidad es la ilusión de la falta de dolor
Así que; esa es la pregunta...

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Soy como el cielo a veces nublado a veces despejado, pero siempre lloviendo.