“Suspiró, abrumado por los niveles de imbecilidad que padecía el mundo.”
— Mario Vargas Llosa / El sueño del Celta

“Suspiró, abrumado por los niveles de imbecilidad que padecía el mundo.”
— Mario Vargas Llosa / El sueño del Celta
Esto realmente esta pasando en Chile, la opresión es cada día mayor, no le crean a los medios, NO ESTAMOS EN GUERRA, Estamos unidos
Agua. Silencio. Vida. Eso es lo que encierra lo que para muchos es un deporte absurdo, para niños, una simple terapia. Lo que encierra esa piscina son gritos de rabia porque no estás en tu mejor momento, lágrimas que se confunden con el agua y el cloro, pensamientos que se van con cada burbuja de tu respiración y que, como ellas, nunca sobrepasarán la superficie. Ni siquiera llegarán mucho más allá de tus labios. El silencio que da un deporte en el que peleas por sobrepasar el límite de cada bocanada de aire que coges y que transformas. Al igual que en la vida, recibes datos, les das vueltas, te rompes la cabeza y te quedas con aquello que te marca, para bien o para mal, no importa lo inservible, sólo lo que te hace sentir. Es un deporte que te da el tiempo que necesitas para pensar porque bajo el agua no existen las palabras, sólo silencio, simplemente soledad. Notas cada gota rozando tu piel, recordándote que sigues ahí, te rozan tranquilizándote, como si pudieran borrar lo que te ha marcado. La gente me dice: con la natación no haces deporte, además, cuando ya sabes nadar, ¿para qué sigues nadando? Les contestaría con un: cuando ya sabes vivir, ¿para qué sigues viviendo? Ya lo sabes todo acerca de vivir, ¿no? No sigas viviendo, no tienes nada que aprender. Pero bueno, sería perder tiempo que podría dedicar a nadar.
Simplemente hermoso...