Despertar por la mañana y pensar que todo saldrá bien, salir de la cama para empezar el día desayunando en la comodidad de tu hogar, ir a la cocina y empezar a analizar la situación, sentarte a la mesa para degustar lo que acabas de preparar, saborearlo y juzgarlo, pensar: “Tal vez si agregaba un poco mas de esto...” limpiar todo y salir de ahí. Ahora te encuentras en el exterior, ese lugar hostíl al cuál debes dominar o terminarás por perderte en el hasta ser encontrado, caminar, apreciar todo lo que te rodea, estar tranquilo y repentinamente empiezar a sentir como te invade la avidez de hacer algo que ni siquiera tenias en mente, empiezas a desesperarte, te vuelves un poco paranóico y simplemente sigues caminando entre la multitud. Sientes como se acelera tu corazón y sientes como sus latidos recorren tu cuerpo de fuera hácia dentro; el oxígeno empieza a disminuir es como si se dispersara para no llegar a ti, tu cuerpo empieza a temblar por la desesperación de hacer aquella cosa impulsiva que sientes necesidad de realizar, tu juicio encenta a perder sentido y finalmete sucumbes ante tan anonadante deseo al que contrariaste durante los últimos cinco minútos.
Se sintió bien, ¿verdad? ahora solo queda aguardar a su regreso y comenzar de nuevo.