A veces siento como si me estuviese perdiendo. Me pregunto a dónde se fue la persona que solía ser antes de mi primer raspón en las rodillas, antes de aquella vez que mi madre se fue, antes de rotar de vida tantas veces, antes de haberle tenido que dicho adiós a alguien para siempre, antes de que me rompieran el corazón, antes de darme cuenta que incluso las amistades te fallan, antes de caer. Dicen que el haber pasado por tanto dolor te hace una persona más fuerte, y es cierto. Pero olvidaron decirte que también te vuelves más frío, más desconfiado, más observador y más susceptible. La mayoría de mis mejores cualidades desaparecieron con el paso del tiempo sin darme cuenta. A veces me hundo tanto en mis recuerdos que me da miedo un día no lograr salir de ellos. Y es que soy una persona que vive con constante miedo de si mismo. De no ser suficiente, de fallar, de no tener éxito, de el “que hubiera pasado”, del fracaso, del que dirán, y de todo en general de lo que me llegue a importar, aunque últimamente todo me importa demasiado, he llegado a ser más estrés que persona. Lo único que quisiera es tomar un respiro, estar conmigo mismo y disfrutar de mi compañía sin sentirme culpable por mis pensamientos o sentirme egoísta. Quiero saber que se siente vivir plenamente sin tantas inseguridades o miedos, y por una vez en la vida; quiero ser yo.