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Beck

@damn-bec

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Sueño una ventana abierta

una tormenta enorme

donde termina el cielo

y yo observando.

La bañera rebalsada,

meto los pies

y el baño se llena de agua

quiero escuchar mis latidos

sumergida

sin inundar toda la casa.

Bajo el arbol gris

llena de ira

aun asi veo hadas

y todo es claro

pero sigo ahogada.

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De todas las noches frias con las que soñe, esta es la que mas helo los colores; tanto asi que el inmenso lago frente a mi tenia una capa de hielo de al menos diez centimetros.

Los matices del "todo" se redujeron a un azul casi gris, que cubria hasta mucho mas alla de las montañas pintadas de pinos negros. El frio se sentia solo por dentro.

Sali al patio trasero y me pare a un par de metros del lago, como temiendole y a la vez convenciendome de que no pasaba nada. Los pinos, que por momentos parecian partirse por el viento, en segundos estaban totalmente inmóviles, congelados.

Intente no mirar a mi alrededor, centrando mi vista en nada, mientras grababa un audio con mi celular. Estuve escuchando mi voz lo suficiente para que se vaya el miedo a el simple hecho de estar ahi.

Asi fue por unos minutos, el "todo" era solo eso: todo.

De un momento a otro me sorprendió un fuerte golpe, resono en cada rincon del bosque a mi alrededor, pero nada ni nadie parecio escucharlo. Me paralice viendo la oscuridad del lago, solo esperando, sin saber que. Segundos despues vi algo mas negro que cualquier cosa que haya visto -incluso mas que esa noche-, golpear el hielo haciéndolo ver frágil, casi inexistente.

Esta vez no me sobresalte, senti el miendo salir de la tierra, como si el terror del mundo me recorriera desde la punta de los dedos hasta mi pecho y de ahi se expandiera a mis mejillas, haciéndome sentir al fin, el viento helado. Estaba congelada, inmovil, como los pinos. Me volvi parte del bosque.

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reblogged

“Y ya sabes que a mí me gusta acabar los poemas con el verso perfecto, ese que empieza en un papel y acaba en tu boca.”

-Elvira Sastre.

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reblogged
“Estaba loca: su tristeza no era de este mundo, a veces estallaba a reír cuando me lloraba sus penas y solía enredarse el pelo cuando le iba bien. Se pintaba los labios antes de dormir: ‘quiero estar guapa para mis sueños’, me decía. Luego se levantaba con el rímel corriéndose en sus ojeras, como en mis mejores fantasías, y me preguntaba la diferencia entre una nube y una ola. Yo la observaba en silencio -un silencio consciente, pues ella era una de esas mujeres que te hacen saberte derrotado antes de intentarlo-, como si tratara de vencerla sin palabras, como si esa fuera la única forma. Ilusa. En ocasiones todo lo que hay más allá de alguien es superfluo y todo lo que hay dentro de uno es redundante. No lo sé, le hubiera repetido un millón de veces por segundo que era más guapa que un pájaro sobrevolando el mar y que sabía más dulce que la caricia de un padre, pero ella estaba loca, loca como un silencio en medio de una escala, y solo me besaba cuando me callaba. Maldita zorra. Solía decir que los peces eran gaviotas sin alas y era imposible tocarla sin que gritara. Yo lo disfrutaba: era un instrumento delicioso. Cuando le decía que amaba su libertad se desnudaba y subía las escaleras del portal sin ropa mientras me decía que echaba de menos a su madre. Cuando tenía miedo se ponía el abrigo y se miraba al espejo, entonces se reía de mí y se le pasaba. Cuando tenía hambre me acariciaba el pelo y me leía un libro hasta que me quedaba dormida. No sé qué hacía ella después, pero cuando me levantaba ella seguía ahí y mi pelo estaba lleno de flores. Un día se fue diciendo algo que no entendí, supongo que por eso empecé a escribir. Me dijo: no me estoy yendo, solo soy un fantasma de todo lo que nunca tendrás. Maldita zorra. Maldita zorra loca. Estaba loca, joder, estaba loca. Tenía en su cabeza una locura preciosa. ¿Cómo no iba a perder la puta razón por ella?”

— Elvira Sastre