Se le ve sonreír como si su vida fuera perfecta, camina por el barrio con una sonrisa que ilumina a todos.
Quiere comerse el mundo, o eso parece.
Se le escucha cantar de vez en cuando, muy alegre, también bailar como si no existiera otro momento, sólo ese.
La puedes oír un domingo mientras escucha música a las 15:00 pm, cuando limpia la casa, o quizás bebe algo.
A veces la escuchas gritar, de rabia, de decepción, esos gritos que salen cuando uno no puede más.
Es feliz, o eso parece. Pero también se le ve algunas noches llorar, escuchando música o en un terrible silencio, pensando en los errores, en la soledad que hay en su alma. Si la ves llorar, déjala, ella es fuerte y al rato la vas a ver con una enorme sonrisa, la de siempre, como si no le importara nada. Podés verla contenta, radiante, amable; pero si está en sus malos ratos, aléjate, será probablemente la peor persona que conozcas.
Ella no es la mujer que te va a rogar que te quedes, es la que te abre la puerta y te señala el camino.
No es la que deja las cosas a medio terminar, es la que se rompe el alma hasta conseguir lo que quiere.
No es la que necesita de alguien para sentirse completa, es la que construye su vida con quien quiera estar en ella, y si es necesario lo hace sola.
No es perfecta pero estoy segura de que es una gran persona, de esas que te va a dar la mano cuando te caigas, la que te va a retar por tu bien, la que va a ser sincera aunque te duela, es simplemente y desesperadamente ella.