Caminamos apresurados: siempre es tarde. El ritmo cambia si caminamos hacia dentro. Suele ser imperceptible, como placas tectónicas. Entonces durante un segundo miramos hacia atrás, y nos vemos sobrecogidos por la angustia de la distancia. Insignificantes en un universo infinito. Nos convertimos en narradores omniscientes de nuestra propia historia, aplastados por el exceso de las preguntas, aliviados por la poca importancia de las respuestas. Soberanos de una existencia que no alcanza más a entender, arrendatarios de un tiempo impreciso. Libres de mirarnos y no reconocernos. Y llorarnos. Y querernos. Entendernos como a un abismo. Y es entonces cuando saltamos con miedo, y miedo al que no tenga miedo. Cogemos aire, todo sigue yendo lento. Y caemos. Y subimos. Y entonces somos ellos. Vosotros. Nosotros. Él. Ella. Yo.
Creo que no hay mejor sensación en el mundo que la de pasar una tarde entera viéndole dormir entre mis brazos. Acariciarle la cara, mirar sus ojos cerrados, su boca entreabierta... Despertarle con besos en las mejillas y que se estire, bostece... Y de repente no sepas cómo deshacerte de todo el mundo.
message me if you need to talk x


