Lamento todo lo que pasó, lamento ese primer beso en medio de Cervezas, lamento no haber sido lo suficientemente fuerte para no continuar besándote esa noche, lamento cada necedad que me hacía detenerte todas las veces que querías alejarte, lamento esas cosquillas que desaparecieron el tiempo cuando me explicabas lo importante que era para ti, y lo mucho que me querías, lamento que esta historia terminara antes de comenzar, lamento cada caricia, cada noche abrazados y cada arrebato que me hacía desear cada parte de tu cuerpo; lamento esas conversaciones hasta la madrugada en tu casa, lamento cada plan inconcluso y cada promesa que ya no podrá ser. Sólo Dios sabe que hubiera pasado si ese 10 de febrero hubiéramos decidido hacer cualquier otra actividad. Pero aquí estamos, al final de un montón de decisiones que nos han traído hasta este punto. Lamento no tener la fortaleza para cerrar el ciclo y continuar como si nada pasara, tal vez no lo notaste pero desde hace tiempo lo único que me aferraba a este lugar era todo lo que sentía por ti, probablemente ese fue el error
A pesar de todo, lo que más lamento es aquello que no pasó y que ya nunca pasará: los besos pendientes, los viajes imaginados, los proyectos inconclusos, las conversaciones que ya no escucharán nuestras voces y las noches que ya no dormiremos juntos. (una vez te dije el número aproximado, lo recuerdas?) ¿Sabes? A pesar de todo, de tanta confusión y lamento juro que si volviera a nacer repetiría cada momento, y esperaría con ansías volver a conocerte para convencerme de que la vida no es tan mala, de que al final de toda tormenta siempre sale el sol... O la luna.
Si decidieras comenzar de nuevo a leer este mensaje, podrías cambiar la palabra "lamento" por un "gracias por..." Esa dicotomía es la que me encierra ahora: Lo malo de los momentos felices es que recordarlos produce nostalgia, el precio que uno paga por conocer la felicidad es el temor a no volver a repetirla.
Gracias por todo Raúl, se que cumplirás todos y cada uno de tus sueños.





