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@chaoticcoffeeparadise

Rainbow is my favorite color
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“Tú no eras ni eres como los demás. Me diste todo, lo bueno y lo malo, para enseñarme a reír y llorar, para mostrarme lo rápido que cambian las cosas y hacer que valore más cada instante. Me enseñaste que no hay que rendirse, que por mucho que parezca el último capítulo… Quizás simplemente es porque forma parte de una saga, cada libro mejor que el anterior, pero con los mismos protagonistas. Tú no eras, ni eres, ni serás como los demás, porque tú me enseñaste a amar y odiar, a recordar y olvidar, a perdurar y avanzar, porque tú me enseñaste a encontrar las estrellas en tu piel y el cielo en tu mirada. Y la verdad, no me imagino un mundo mirando al suelo.”

— Srta Tass. - 101 te quiero’s en una noche. (via palomitasverdes)

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“Tú no lo sabías, pero yo suspiraba por ti. Cada día esperaba con ansias contenidas el verte de nuevo, mirándome con esos ojitos que me volvían loco, tú me mirabas y sé que esos ojos me gritaban más de lo que yo mismo podía descifrar. Nunca te lo dije, pero eras asombrosa, pusiste de cabeza mi mundo sin siquiera pretenderlo. Llegaste un día, y me marcaste para siempre, fuiste la sorpresa y coincidencia que muy dentro de mí deseaba, y que un día después de tantos años se hizo realidad. Eras fuente de alegría siempre, amaba tu entusiasmo, las ganas que le ponías a todo, el empeño con el que siempre luchabas. No te lo dije, pero me enamoré de ti, me enamoré de tus gestos al hablar, y de la manera en la que me mirabas, me enamoré de la manera en la que me hacías sentir, porque no sabía que se podía sentir tanto en un segundo. Nunca te lo confesé, por idiota, por cobarde o por miedo a que fuera tan correspondido que no fuera posible. Tú nunca lo supiste, pero el día en que te fuiste mataste algo de mí, fuiste la lección más preciosa con la que pude toparme, y también una de las más dolorosas. Te fuiste un día, así sin más. Te despediste de mí y me abrazaste como si no hubiera futuro, aunque lo hubo, aunque no fuera el futuro juntos que deseábamos. Tal vez jamás leas esto, o tal vez jamás sepas que lo escribí, pero esta es la carta de despedida que siempre quise hacerte, pero que no hice. O al menos, que jamás te entregué. Fue el destino, la vida y la jodida suerte más precisa la que te trajo a mí, o la que me llevó hacía ti, de cualquier manera dejaste algo en mí que será por siempre inolvidable. Yo sé que no te dije tantas cosas, y me arrepiento, pero nunca olvides, que el amor tan intenso y prohibido que vivimos, jamás se podrá borrar, ni de mi mente, ni de la tuya. El deseo de un soñador.”

— La sinfonía del alma.

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“Si te marchas, hasta el sol te seguiré. Si echas vuelo, en el cielo te encontraré. No hay manera si no es contigo, sin el roce de tu piel. No hay invierno sin tu abrigo, sin el cariño de tus pies.”

Santaferia - Si Te Marchas, No Hay Manera ft. Roberto Márquez

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“Hoy he soñado con que te perdía. Traías el cabello recogido y señalabas las nubes. «Allá arriba —decías— deben estar todas las respuestas.» Ni siquiera me miraste. Seguías caminando como quien ignora la suerte que sigue por delante y la vida que arrastra consigo. La mía, que te seguía como una sombra del pasado, como pidiéndote que no te fueras muy lejos, por si luego perdía tu rastro y regresar entonces se convirtiese en otro sueño. Te llamaba, pero justo ahí, alguna canción sonaba muy fuerte y no podías oírme. He inventado y reinventado tu nombre desde entonces por si luego vuelvo a encontrarte y te llamo por como mejor me parezca. Te llamaría mi vida, mi amor, mi niña, como antaño cuando entonces podía llamarte mi todo, y tú venías a completarme la vida. Haremos aquel contrato suicida de querernos para siempre, o hasta que despierte y olvide el dolor y la pérdida que guardo entre los cajones de esta habitación que bombea soledad a todos los rincones de mi cuerpo. Te abrazaría y dejaría la puerta abierta para que supieses que eres libre de irte cuando quieras, no sin antes haberme enseñado la forma que tenían aquellas nubes de tu espalda y tus lunares, que hubieran hecho la delicias de un acuarelista. Vete, pero no me olvides, llévate una copia de la llave, yo seguiré mirando al cielo, aquella madeja de edificios que se pierde hasta donde se nubla la vista y hasta donde la felicidad se pinta del color del silencio. Voy a borrarte al compás de cualquier tarde, hasta caer rendido a tu recuerdo y volver a soñarte para que de nuevo te vayas, llevándote contigo todas las respuestas, sin siquiera mirarme a los ojos, resignándome a perderte de nuevo.”

— Dashten Geriott (via dashtengeriott)