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“Uno olvida cómo aprender a perder cosas, por ejemplo, de niño pierdes, un juguete, lloras, luego los dientes de leche, la inocencia, la oportunidad de entrar al equipo de futbol, la virginidad, un amigo, una novia, luego lo olvidas, sigues, caminas, te das cuenta que sigue haciendo su movimiento el cosmos, siempre estamos perdiendo, el mundo está lleno de perdedores y lo más cabrón que cuando la gente crece le da miedo perder dinero, un trabajo, una relación, después de un rato la gente crece y acepta su conocimiento con temor a perder, pero la vida es perder, perder dientes, perder un sobrino, un primo, una abuela, un abuelo, un vuelo, un autobús, un trabajo, un billete, una tarjeta, perder condición física, perder cabello, perder fuerza, perder memoria, nadie gana tiempo, perder es aceptar que tenemos que seguir caminando y un día sentir que la galaxia se pierde en un beso o una mirada para que todo por lo que hemos pasado tenga un instante latente en la memoria de lo que hemos de transmitir.”

— El vuelo de un quetzal, Quetzal Noah.

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Es divertido cuando no tienes nada, 

Puedes jugar sin perder.

Pero el problema es que

Yo si te tenia, 

Te tenia a ti. 

Y te perdí. 

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Me dediqué a limpiar mi habitación: Sacudí el polvo de las mesitas de noche, organicé la ropa por colores en el perchero y decoré con luces el espejo de cuerpo completo; al final del trayecto me senté en el borde de la cama, insatisfecha. Me di cuenta que el desorden lo tengo dentro, y por más que me esfuerce, ésta habitación seguirá estando vacía y oscura.
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Los humanos hacen, deshacen, sufren, se esfuerzan y se desviven por hacer eso que se supone los harán felices. El deseo para los humanos es como el hambre, se desea lo que falta. Si no falta no se desea. Y a ellos le gusta mucho desear.

Estan atrapados en una lógica laberíntica, anhelan lo que no tienen y desprecian lo que tienen para volverlo a desear.