Avatar

Manual de la mujer inteligente (cabronas absténganse): 1- Mande a todos a la verga. 2- No mande mensajes ni stalkee al sujeto en cuestión. 3- Báñese, aunque se quiera quedar en cama, métase a bañar. 4- Póngase perfume en el escote, (indispensable) y lápiz labial. 5- Use única y exclusivamente rímel en base agua, para cuando sienta ganas de llorar lo piense dos veces. 6- Salga de su casa, no importa si no tiene a quien visitar. Agarre al perro y salga. No tiene perro?, agarre un libro y diríjase al parque más cercano. 7- Sonría, nadie quiere estar con una persona con cara de amargada. 8- Hágase el amor. Usted solita, en su cuarto, con o sin estímulo. Las sonrisas más bellas se muestran cuando uno está satisfecha. 9- Coma, bien y copioso. Consiéntase. Un antojo no matará a nadie. Las dietas están hechas para romperse una vez al mes. 10- Quiérase, suena fácil, ya sé. Mírese en el espejo con respeto y serenidad. Si no tiene nada agradable que decirse permanezca en silencio. Si no aprende a respetar su sobrepeso, su estatura, el tamaño de su busto, sus estrías y celulitis, es fácil que alguien pueda herirla en su intimidad. 11- Recuerde que todo esto pasará. Nada dura para siempre. Deje salir sus lágrimas, pero no se regodee en su dolor. Ya mañana puede volver a comenzar.

El mejor post que haya visto.

Avatar

Le cogió el teléfono cuando sonaba el 3 tono:

—¿Sí?
—Soy yo.
—¿Quién?
—Sergio.
—Ah, Sergio, no tenía tu número guardado.
—Muy bonito.
—Soy un desastre, lo sé.
—Mira, precisamente te llamaba para hablarte de desastres.
—¿Qué?, ¿¡ha pasado algo!?
—Nosotros.
—¿Nosotros?
—Bueno, mejor dicho, lo que no nos ha pasado a nosotros. Qué desastre.
—No te entiendo, Sergio...
—Es normal, cariño. Mira, yo te quiero.
—Vaya... no sé qué decir.
—No, si no tienes que decir nada. Estoy pagando yo la llamada.
—...
—Voy algo borracho, ¿vale?
—¿Quieres que hablemos mañana mejor?
—No, no, espera, ¡no cuelgues! Mañana no me atreveré a hablarte de lo que siento.
—¿Y qué sientes?
—Sin ti, no siento mucho. No sé si me explico.
—Sí, pero, por qué sientes eso por mí.
—No lo sé, oye, ¿estás cosas podemos elegirlas?
—Supongo que no.
—Yo sólo sé que llegaste un día y empecé a escribir por ti.
—Qué bonito.
—Y qué triste.
—¿Por qué triste?
—Porque sólo escribo ojalás, esperanzas, como sueños bonitos y frágiles, que se rompen cuando me doy cuenta de que tú...
—¿De que yo...?
—De que... el plurar de tú es "vosotros" y no "nosotros".
—Yo ahora no estoy con nadie.
—Pero no estás conmigo. Y qué forma tan bonita de morir.
—No hay formas bonitas de morir, Sergio.
—Claro que las hay. Estamos muriendo ahora mismo, a cada instante. Y, por ejemplo, morir a tu lado sería bonito.
—Vaya...qué bonito. Sigo sin saber qué tengo yo que te haya llamado la atención.
—Y yo sigo sin saber por qué sigo esperando trenes que ya han pasado. La vida es un poquito así.
—Sergio, creo que me tengo que ir ya, ¿vale? Mañana hablamos.
—¡Espera!
—Dime.
—Seré breve: dueles.
—Lo siento...
—No te preocupes, cariño, a mí siempre me han dolido mucho las cosas.
—Hablamos mañana.
—Buenas noches, cariño.
—Buenas noches, Sergio.
Y Sergio se encendió un cigarro y empezó a consumirse, mientras sonreía, y por dentro lloraba, y pensaba en la mala suerte que tenía en eso del amor. Pero, bueno, qué vamos a hacerle, la vida es un poquito así. ¿Verdad
Avatar

Y cuando te metes en una parte de la vida de una persona, no te estás metiendo sólo en esa parte. Por desgracia, no se puede ser tan preciso y selectivo. Cuando te metes en una parte de la vida de una persona, te estás metiendo en su vida entera.

-Por trece razones. Jay Asher

Avatar

Le cogió el teléfono cuando sonaba el 3 tono:

—¿Sí?
—Soy yo.
—¿Quién?
—Sergio.
—Ah, Sergio, no tenía tu número guardado.
—Muy bonito.
—Soy un desastre, lo sé.
—Mira, precisamente te llamaba para hablarte de desastres.
—¿Qué?, ¿¡ha pasado algo!?
—Nosotros.
—¿Nosotros?
—Bueno, mejor dicho, lo que no nos ha pasado a nosotros. Qué desastre.
—No te entiendo, Sergio...
—Es normal, cariño. Mira, yo te quiero.
—Vaya... no sé qué decir.
—No, si no tienes que decir nada. Estoy pagando yo la llamada.
—...
—Voy algo borracho, ¿vale?
—¿Quieres que hablemos mañana mejor?
—No, no, espera, ¡no cuelgues! Mañana no me atreveré a hablarte de lo que siento.
—¿Y qué sientes?
—Sin ti, no siento mucho. No sé si me explico.
—Sí, pero, por qué sientes eso por mí.
—No lo sé, oye, ¿estás cosas podemos elegirlas?
—Supongo que no.
—Yo sólo sé que llegaste un día y empecé a escribir por ti.
—Qué bonito.
—Y qué triste.
—¿Por qué triste?
—Porque sólo escribo ojalás, esperanzas, como sueños bonitos y frágiles, que se rompen cuando me doy cuenta de que tú...
—¿De que yo...?
—De que... el plurar de tú es "vosotros" y no "nosotros".
—Yo ahora no estoy con nadie.
—Pero no estás conmigo. Y qué forma tan bonita de morir.
—No hay formas bonitas de morir, Sergio.
—Claro que las hay. Estamos muriendo ahora mismo, a cada instante. Y, por ejemplo, morir a tu lado sería bonito.
—Vaya...qué bonito. Sigo sin saber qué tengo yo que te haya llamado la atención.
—Y yo sigo sin saber por qué sigo esperando trenes que ya han pasado. La vida es un poquito así.
—Sergio, creo que me tengo que ir ya, ¿vale? Mañana hablamos.
—¡Espera!
—Dime.
—Seré breve: dueles.
—Lo siento...
—No te preocupes, cariño, a mí siempre me han dolido mucho las cosas.
—Hablamos mañana.
—Buenas noches, cariño.
—Buenas noches, Sergio.
Y Sergio se encendió un cigarro y empezó a consumirse, mientras sonreía, y por dentro lloraba, y pensaba en la mala suerte que tenía en eso del amor. Pero, bueno, qué vamos a hacerle, la vida es un poquito así. ¿Verdad?
Avatar

Y debo decir que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido. Que nunca intentaré olvidarte, y que si lo hiciera no lo conseguiría. Que me encantaba mirarte distraído y que te hacía mío con sólo verte de lejos. Que adoraba tus lunares y tu cuello me parecía el paraíso. Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento. Pero que te quise, y que te quiero, aunque estemos destinados a no ser.