El chico tímido se ha encendido.
Tantos días sin follar y ahora no puede parar.
Los dedos que tiene no alcanzan para poder un orgasmo provocar.
Sin embargo… provoca que la ninfómana haga eco en la habitación con sus gemidos como si se tratara de un lobo desesperado aullándole a la luna.
Vete antes de que me despierte,
cierra la puerta sin hacer ruido
y deja a mi lado una de tus camisetas;
la que menos te guste, da igual,
sólo quiero conservar tu olor
en mi recuerdo por unos días más.
Vete antes de que me despierte,
tómame en tus brazos
como cuando era una niña pequeña
y lo único que servía para ahuyentar a las pesadillas
eran tus abrazos y tus caricias en mi cabello.
Vete antes de que me despierte,
pues soy demasiado débil como para verte cruzar;
y sí, sé que nunca me enseñaste a ser una persona débil,
pero papá, sabes lo mucho que le temo a las despedidas.
Por eso, vete antes de que me despierte;
no me dejes ver tus ojos al cerrarse,
no me dejes ver como tu mano suelta poco a poco la mía,
no me dejes de esa forma.
(Ojalá poder pedirte que no me dejes de ninguna).
“Dejé ir todo lo que sentía por ti y lo puse en un lugar especial de mi corazón, donde ya no duele, donde ya no pesa.”
Hasta el último momento, intente que me notaras, pero cada vez me volvía más invisible.
Me pongo muy nerviosa cuando se trata de vos, ni me atrevo a verte o hablarte. Creo que me gustas.
Es como si todas mis emociones se hubiesen extinguido. Ya no debería importarme.
"No hagas que te importe. Vuélvete indiferente. Eso te protegerá. Así estarás bien. Y corre, vete lejos y no voltees a ver esta tragedia. Esta situación ilógica. Duele, ¿no? ¡Y como joder!", me digo.
Si no te hubiese conocido, estaría bien en este momento.
- Maya Angelou.



